Cuando el escenario se apaga: El costo humano de ser artista judío en tiempos de odio
Para muchos artistas, la música, la actuación o la escritura son espacios de libertad. Pero cuando se trata de ser judío o de mostrar solidaridad con Israel, ese escenario se transforma en un lugar peligroso. Lo vivió Gal Gadot, la estrella de Wonder Woman. Tras el ataque del 7 de octubre, escribió un mensaje de condolencia a las víctimas. De inmediato, llegaron insultos, amenazas y protestas en su propia ceremonia en el Paseo de la Fama de Hollywood. Lo que debería haber sido un momento de orgullo se convirtió en un recordatorio del precio que pagan quienes no callan.La cantautora Regina Spektor pasó por algo similar. En un concierto, un grupo de asistentes levantó consignas políticas en su contra. Ella respiró hondo y dijo: “Soy una persona real que vine aquí a tocar música. Shalom Aleichem”. No gritó, no atacó: respondió con dignidad. Pero detrás de esa calma, quedó claro lo difícil que es sentirse atacada en un escenario que debería ser un refugio.Voces señaladasEl comediante Adam Sandler confesó que publicar su apoyo a Israel fue un acto consciente de riesgo: “Sabía que me lloverían críticas, pero no podía quedarme en silencio”. Otros como Jerry Seinfeld, Jamie Lee Curtis y Madonna se unieron a cartas públicas para pedir empatía con las víctimas del terrorismo. Y lo pagaron con miles de mensajes de odio.El miedo no es abstracto. Muchos artistas reportan no dormir bien, cancelar giras o cambiar de número de teléfono por la avalancha de amenazas. “Es como si te arrancaran el derecho a existir en paz”, comentó un actor israelí en conversación con medios comunitarios en Nueva York.Esther Lev, una comediante y fotógrafa judía de Costa Rica cuenta que el antisemitismo ha impactado directamente en el desarrollo de su carrera artística. Con más de 25 años de carrera “comencé a darme cuenta que la gente ya no me llamaba más”, cuenta. Cancelaciones digitales y listas negrasEl medio Aish Latino reveló una reciente publicación viral en X llevó este tema al extremo. La usuaria, Amina, creó una hoja de cálculo titulada "¿Es tu autor favorito un sionista? que describe cinco categorías, siendo la peor "Pro-Israel/Sionista", marcada en rojo. Para los escritores en esta categoría, dice Amina, "se sugiere que no les des dinero (comprando sus libros, transmitiendo sus programas/películas) ni promociones su trabajo en ninguna plataforma social".La autora Edie Jarolim escribió: "Esta lista de censura —porque eso es lo que es— me estremece hasta los huesos. He estado tratando de decirle a la gente cómo es el mundo para los escritores judíos en estos días. Aparentemente, expresar cualquier cosa menos que un llamado a la destrucción de Israel te pone en la lista de 'escritores que no debes leer'". Talia Carner, que escribe ficción histórica de temática judía y cuyo nombre aparece en la lista en rojo, escribió: "Esto es el equivalente a quemar libros en Berlín a finales de la década de 1930. Por otro lado, tal vez sería una buena idea que todos los autores judíos añadieran sus nombres en resaltado rojo con orgullo". La autora Danielle Solzman comparte: "He sido víctima de abusos y acosos antisemitas por firmar la carta abierta denunciando el discurso del Oscar de Jonathan Glazer. También he perdido lectores, lo que ha tenido un impacto desafortunado en mis ingresos".En redes sociales circulan listas negras con fotos de escritores y músicos acompañadas de la palabra “sionista”. Entre los señalados aparecen autoras como Talia Carner y Danielle Solzman, víctimas de campañas de difamación masiva. Estas publicaciones no solo buscan avergonzar: generan miedo real. Varias de ellas recibieron mensajes privados con amenazas explícitas. "Zionists in Publishing" es otra cuenta de X que publica nombres y fotos de autores superpuestos con la palabra "sionista". En el mundo de la música, páginas como Zionists in Music llaman al boicot de artistas judíos y hasta incluyen a celebridades internacionales como Justin Bieber por haber expresado empatía con Israel. El objetivo no es discutir, sino intimidar.Escenarios que se apaganEl cantante Matisyahu sabe lo que significa que te cierren las puertas. Hace años fue expulsado de un festival en España por negarse a condenar a Israel. Hoy, vuelve a enfrentar el mismo odio disfrazado de “boicot cultural”.La joven Eden Golan, representante israelí en Eurovisión 2024, vivió semanas de protestas y amenazas simplemente por subirse al escenario en nombre de su país. En medio del certamen, confesó que temía por su seguridad. “Solo quiero cantar”, dijo entre lágrimas a un medio israelí. Su experiencia refleja el clima asfixiante en que artistas israelíes deben trabajar hoy.Yuval Raphael, en Eurovisión 2025 cantó “New Day Will Rise”. Como superviviente del atentado de Hamás del 7 de octubre de 2023, Raphael tenía el objetivo de "difundir todo el amor que pueda y enorgullecer a mi país" a través de su participación. Pese a su determinación, Raphael también confesó que a veces los incidentes y las protestas la hacían sentir miedo e incomodidad, aunque esto reforzaba su propósito. Fue la de mayor apoyo por parte del televoto, obteniendo el segundo lugar en el certamen. Pese a ello, su participación fue controvertida debido a la situación en la guerra de Gaza, lo que llevó a protestas, incidentes, abucheos, mensajes de odio y de apoyo a Palestina, incluso por parte de algunas cadenas de televisión como RTVE. Fauda, símbolo de resilienciaIncluso producciones exitosas como Fauda, la serie israelí que conquistó al mundo, sufren las consecuencias. Sus creadores debieron cancelar la grabación en Francia por motivos de seguridad, temiendo protestas y ataques. La ficción, que narra historias de dolor y complejidad en el conflicto, fue acusada de “propaganda”, ignorando el esfuerzo de sus creadores por mostrar la realidad en toda su crudeza.Escritores en la miraLa novelista Jamie Brenner vio cómo reseñas negativas coordinadas inundaban sus libros en Amazon después de declarar su identidad judía. La escritora Deborah Feldman, autora de Unorthodox, reconoció en una entrevista en Berlín que “vivir como judía visible hoy en Europa es más difícil de lo que imaginé cuando escribí mi libro”. El costo emocional de ser quien uno es se multiplica.Una herida que dueleDetrás de cada cancelación hay miedo: miedo a perder el trabajo, miedo a no ser invitado a un festival, miedo a caminar solo por la calle. Para muchos, lo más doloroso no son las críticas políticas, sino la sensación de ser rechazados por existir.Aun así, artistas como Gadot, Spektor, Sandler, Matisyahu y Golan eligen hablar. No lo hacen porque no teman, sino porque sienten que el silencio sería aún peor. “Si me callo, me borro a mí misma”, dijo Eden Golan tras Eurovisión.Resistencia desde la culturaEl antisemitismo moderno busca aislar y callar. Pero cada concierto, cada película, cada libro publicado por un artista judío es un acto de resistencia. La cultura se convierte en un grito de vida frente al odio.Y quizás esa sea la verdadera lección de estos tiempos: cuando el escenario se apaga por miedo, la valentía consiste en encenderlo de nuevo, aunque tiemblen las manos y la voz.En tiempos en que el odio se disfraza de activismo, el desafío de nuestra generación es no permitir que el silencio gane. Porque lo que está en juego no es solo la libertad de expresión, sino la memoria y el futuro del pueblo judío en todas sus formas de vida y cultura.Claro. Aquí tienes un epílogo actualizado, pensado para integrarse de manera orgánica al final de tu nota, manteniendo el tono periodístico, emotivo y firme de La Palabra Israelita, sin repetir lo ya dicho y aportando una capa nueva de lectura:Cuando el silencio también es una toma de posiciónMeses después de que estas historias comenzaran a repetirse, el escenario no se ha vuelto más seguro para los artistas judíos. Por el contrario, el antisemitismo ha dejado de esconderse detrás de eufemismos y hoy se expresa con una crudeza inquietante. Ya no siempre llega en forma de insulto directo, sino como una exclusión silenciosa: invitaciones que no llegan, proyectos que se caen sin explicación, festivales que prefieren “evitar polémicas” antes que defender la diversidad que dicen promover.En este nuevo clima, el silencio de muchos colegas, productores e instituciones culturales pesa tanto como los ataques explícitos. No firmar una carta, no levantar la voz, no incomodarse. Para quienes viven esta hostilidad en carne propia, esa ausencia de respaldo duele más que cualquier consigna gritada desde la platea. Porque el mensaje es claro: el costo de defender a un judío hoy parece demasiado alto para muchos.El término “sionista”, convertido en insulto y marca de exclusión, se ha consolidado como una herramienta para deshumanizar. No se utiliza para abrir debates políticos, sino para cerrar puertas. Basta con existir, con tener un apellido, con no renegar públicamente de la propia identidad. En ese contexto, muchos artistas han optado por protegerse: esconder símbolos, moderar palabras, medir cada publicación. No por cobardía, sino por cansancio. Por supervivencia.Y sin embargo, algo persiste. A pesar del miedo, hay quienes siguen subiendo al escenario, publicando libros, estrenando películas. No porque no teman, sino porque entienden que el silencio también es una forma de borrarse. Cada obra creada en este contexto es un gesto de resistencia. Cada nota cantada, cada página escrita, cada personaje interpretado, es una afirmación: estamos aquí.La cultura siempre ha sido un termómetro de su tiempo. Y lo que revela hoy es incómodo: una sociedad que se dice plural, pero que vacila cuando el judío pide el mismo derecho a existir sin condiciones. La pregunta ya no es solo qué les está pasando a los artistas judíos, sino qué nos está pasando como comunidad cultural cuando aceptamos que el odio se disfrace de activismo y el silencio de neutralidad.Porque cuando el escenario se apaga por miedo, no solo pierde el artista. Perdemos todos.

