publicado hace 11 días
El regreso silencioso: las comunidades judías que resurgen en el siglo XXI
La llegada a Israel de un grupo de migrantes provenientes de India, que reivindican ascendencia judía, vuelve a poner en el centro del debate una pregunta tan antigua como contemporánea: ¿quién es judío hoy?El arribo —ocurrido en abril de 2026— se enmarca en procesos de aliyá que Israel ha sostenido durante décadas, particularmente con comunidades que afirman descender de antiguas poblaciones judías dispersas por el mundo. En este caso, se trata de integrantes vinculados a los Bnei Menashe, un grupo originario del noreste de India que sostiene ser descendiente de una de las tribus perdidas de Israel.Su historia, que combina tradición oral, prácticas religiosas y procesos formales de conversión, ha sido objeto tanto de reconocimiento como de controversia dentro del mundo judío. Sin embargo, en los últimos años, distintos gobiernos israelíes han facilitado su inmigración, en coordinación con autoridades religiosas.Este nuevo grupo no es un caso aislado, sino parte de una tendencia más amplia: el resurgimiento —y en algunos casos, redescubrimiento— de comunidades judías en distintas partes del mundo.Comunidades que nunca desaparecieronAunque para muchos estas historias parecen recientes, lo cierto es que forman parte de un fenómeno histórico de larga data. A lo largo de los siglos, múltiples comunidades judías fueron forzadas a ocultar su identidad, convertirse a otras religiones o vivir en los márgenes de la historia oficial.Uno de los casos más emblemáticos es el de los judíos de Belmonte, Portugal, descendientes de los llamados “criptojudíos” o anusim, que mantuvieron prácticas judías en secreto tras la expulsión y persecución durante la Inquisición. Durante generaciones, estas familias conservaron rituales en privado, transmitiendo su identidad en silencio hasta poder, siglos después, practicar abiertamente el judaísmo.Algo similar ocurrió con los judíos de Mashhad, quienes en el siglo XIX fueron obligados a convertirse al islam. A pesar de ello, continuaron observando tradiciones judías en la clandestinidad, creando una doble identidad que perduró por generaciones.En África, la historia de los Beta Israel —los judíos etíopes— también refleja este patrón de aislamiento y preservación. Durante siglos, esta comunidad vivió separada del resto del mundo judío, hasta ser reconocida oficialmente y protagonizar operaciones masivas de traslado a Israel en el siglo XX.Por su parte, en India, además de los Bnei Menashe, existen comunidades como los judíos de Cochin, cuya presencia se remonta a más de mil años y que representan una de las diásporas judías más antiguas de Asia.Un fenómeno del siglo XXIEn distintas regiones del mundo —desde América Latina hasta África y Asia— emergen grupos que reivindican raíces judías, impulsados tanto por la investigación histórica como por la búsqueda de identidad en un mundo globalizado.En ese contexto, la llegada reciente desde India adquiere un significado que va más allá de lo inmediato. No se trata solo de un grupo de nuevos inmigrantes, sino de un reflejo de cómo el pasado continúa moldeando el presente.A medida que estas historias salen a la luz, Israel se enfrenta al desafío de equilibrar su rol como Estado-nación con su identidad como hogar del pueblo judío en toda su diversidad.El regreso que interpelaEl retorno de comunidades como los Bnei Menashe no solo implica un desplazamiento geográfico, sino también un viaje simbólico: el paso desde los márgenes hacia el reconocimiento.Es, en muchos sentidos, el eco contemporáneo de una historia milenaria de dispersión y regreso. Pero también es una señal de que, incluso después de siglos de silencio, la identidad puede persistir —y eventualmente, encontrar el camino de vuelta.En un mundo donde las fronteras culturales parecen cada vez más difusas, estas comunidades recuerdan que la historia no siempre se pierde: a veces, simplemente espera ser redescubierta.