Polonia invita al Museo Judío de Chile a un viaje para la cooperación
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Polonia organiza viajes de estudio y vinculación institucional sobre distintos temas, a los que invita a profesionales de diversos países. En el ámbito de la memoria y la Shoá, Chile contaba con un solo cupo. La Embajada de Polonia lo asignó a la directora ejecutiva del Museo Judío de Chile, Sofía Cohen, en reconocimiento a su labor y la del Museo en materia de educación sobre el Holocausto y la memoria de la vida judía que se perdió.El viaje, financiado íntegramente por el gobierno polaco, tuvo un propósito claro: buscar colaboraciones entre instituciones de memoria de ambos países y fortalecer el vínculo de los descendientes de judíos polacos en Chile, además de mostrar tanto la vida judía que desapareció como la que hoy se reconstruye.En Varsovia, Sofía Cohen se reunió con la Sección de Asuntos Judíos del Departamento de Diplomacia Pública y Cultural de la Cancillería polaca y con representantes del Instituto Histórico Judío, que resguarda el Archivo Ringelblum, el registro clandestino de la vida en el gueto de Varsovia. Luego conversó con la dirección del Museo de Historia de los Judíos Polacos, POLIN, levantado en el área del antiguo gueto y dedicado a mil años de presencia judía en Polonia.En Cracovia, la agenda incluyó una visita al Memorial y Museo Auschwitz-Birkenau, así como una reunión con su subdirectora. Cohen también afianzó lazos con la dirección del Museo Judío de Galicia, en el barrio de Kazimierz, y con los organizadores del Festival de Cultura Judía, que desde hace más de tres décadas convoca a miles de personas cada verano. En la misma ciudad visitó el Centro Comunitario Judío (JCC), uno de los motores del renacer de la vida judía en Cracovia.De estos encuentros surgieron oportunidades concretas de desarrollo colaborativo entre el Museo Judío de Chile y organismos polacos.La vida que se reconstruyePolonia tiene hoy unos 10 mil judíos; cerca de 2 mil viven en Varsovia. Su centro ortodoxo es la sinagoga Nożyk, construida en 1902 y una de las pocas que sobrevivieron a la guerra, porque los nazis la usaron como granero y establo.Ahí, Cohen compartió la cena de Shabat con miembros de la comunidad, visitantes de todo el mundo y una mujer ucraniana que espera su estatus de refugiada para luego hacer aliá. “Conocí una comunidad pequeña, unida y que sigue reconstruyéndose”, cuenta. En la sinagoga y en el kidush se alternan constantemente el polaco y el inglés para integrar a los extranjeros.El contraste aparece en las mismas ciudades. En Varsovia, Cohen visitó el lugar donde funcionó el orfanato de Janusz Korczak antes de la deportación. En el camino hacia la Umschlagplatz, desde donde el educador fue enviado a la muerte junto a los niños a su cargo, vio el monumento a Korczak y también las marcas en el suelo que señalan el trazado del muro del gueto. “Hoy podemos pasar de un lado a otro de lo que es una marca en el piso. Antes era la diferencia entre la vida y la muerte”, reflexiona.En Lublin, donde antes de la Shoá vivían más de 40 mil judíos, hoy quedan apenas unas decenas. De la Gran Sinagoga solo queda una placa. “Son lugares que, a simple vista, podrían pasar desapercibidos, pero que conservan fragmentos de una vida judía que alguna vez llenó las calles de esta ciudad”, dice.“En las afueras de la ciudad está Majdanek, era extraño estar en un lugar donde sabes que tanta gente fue asesinada y, al mismo tiempo, escuchar los pájaros y ver el pasto crecer”, dice Cohen. Arquitecta de formación, se detuvo en las torres y barracas: “Noté lo metódicos, industrializados y perfectamente ejecutados que eran sus sistemas constructivos. Muestra de la inteligencia al servicio del mal”.Un parque sobre un campo de concentraciónLa última visita fue el antiguo campo de concentración de Płaszów, en Cracovia. Gran parte del terreno es hoy un área verde que los vecinos recorren como si fuera un parque.La escena obliga a preguntarse cómo se usan los sitios de memoria y qué lugar ocupan en la vida cotidiana de una ciudad. La vida sigue, y debe seguir. Pero el pasado, sin desconocer lo que se vivió, es lo que nos permite construir un futuro mejor. Ese es también el trabajo que el Museo Judío de Chile hace todos los días, y que hoy suma nuevos aliados al otro lado del mundo.