Limud Chile 2026 entra en la cuenta regresiva: una jornada para aprender, debatir y reencontrarse
El calendario comunitario tiene una fecha marcada con especial fuerza: el domingo 2 de agosto. Ese día se realizará la novena edición de Iom Limud Chile, una jornada que, desde hace una década, se ha consolidado como uno de los principales espacios de aprendizaje, reflexión y encuentro de la comunidad judía del país.Más que un ciclo de conferencias, Limud propone una experiencia en la que cada participante diseña su propio recorrido entre decenas de charlas, paneles y talleres sobre Israel, actualidad, historia, pensamiento judío, cultura, arte, música, gastronomía y espiritualidad.Esa diversidad también se refleja en las personas a las que convoca. Según Eduardo Weinstein, presidente de Limud Chile, el objetivo es que el encuentro se transforme en un verdadero Festival de Cultura Judía: donde la diversidad judía se encuentra; donde un joven dialoga con una persona mayor; donde quien posee una vasta trayectoria continúa aprendiendo y donde alguien que pensaba que no tenía nada que enseñar descubra que su propia historia también tiene valor. "En tiempos en que el mundo parece empujarnos a separarnos, a etiquetarnos y a encerrarnos en nuestras propias certezas, Limud propone algo muy judío: sentarnos alrededor de una misma mesa, hacernos preguntas y escucharnos"."Todos tenemos algo que enseñar y todos tenemos algo que aprender", resume Eduardo al explicar el espíritu que inspira este encuentro internacional presente en más de 80 ciudades del mundo. En Chile, la iniciativa comenzó en 2015 gracias al trabajo de voluntarios y, desde entonces, ha crecido hasta transformarse en una verdadera celebración de cultura judía compartida. Para Weinstein, el momento que vive el pueblo judío hace que instancias como esta sean especialmente necesarias. "No podemos construir Limud 2026 como si nuestra comunidad estuviera viviendo tiempos normales. Israel ocupa hoy un lugar muy sensible en nuestras conversaciones y emociones; muchas personas enfrentan preguntas sobre identidad, pertenencia, antisemitismo, seguridad, memoria y futuro", afirma. En ese contexto, sostiene que el propósito del encuentro no es entregar respuestas únicas ni borrar las diferencias, sino ofrecer "un espacio seguro y respetuoso donde podamos aprender, escuchar distintas perspectivas y convertir ese día, en un espacio de encuentro comunitario". A su juicio, esa mirada forma parte de la tradición judía. "Nuestra tradición no teme al desacuerdo; lo que nos enseña es a discutir sin romper el vínculo".La edición 2026 contará con una programación especialmente atractiva gracias a la presencia del embajador de Israel en Chile, Peleg Lewi e invitados nacionales e internacionales.Desde Argentina llegará además el Rabino Alejandro Avruj de la comunidad AMIJAI, una de las voces más reconocidas del judaísmo latinoamericano, quien participará acompañado por sus cantantes en una de las actividades más esperadas de la jornada.Recibirán también a Fanny Ribak, representante de Hadassah Internacional, quien presentará un proyecto educativo desarrollado tras la masacre del 7 de octubre, para ayudar a educadores y familias a explicar la guerra a sus niños pequeños desde una perspectiva adecuada para su edad.Otro de los paneles que promete generar gran interés será el del profesor de historia y columnista de opinión Rodrigo Ojeda, quien abordará el impacto del 7 de octubre y el aumento del antisemitismo en Chile, analizando cómo el conflicto de Medio Oriente ha influido en el debate público nacional. A ellos se sumarán el economista Sergio Lehmann; los rabinos Pato Lejderman y Mike Bengio, además del psicoanalista Juan Flores, entre otros expositores.La diversidad de la programación responde a una convicción que Weinstein considera central: cada asistente debe poder construir su propia experiencia. "Lo más importante no cabe en una parrilla de actividades: queremos que cada persona que llegue, sienta que Limud también le pertenece".Detrás de esta jornada hay un trabajo silencioso que pocas veces se ve: el de decenas de voluntarios que durante meses donan su tiempo, energía y dedicación para cuidar cada detalle y hacer posible Limud. Eduardo no duda en reconocer que son el verdadero corazón del encuentro y agradece profundamente su compromiso. "Hay nervios, cansancio, desafíos de último minuto, ansiedad por el inicio y deseos de que todo resulte perfecto. Pero también hay una energía muy especial: decenas de personas regalando su tiempo para que otros puedan aprender, encontrarse y disfrutar". Horas después, cuando comienzan a llegar las familias al Instituto Hebreo (que ha sido nuestra casa desde el primer año), los jóvenes, los expositores y las personas mayores, ese esfuerzo cobra sentido. "Los espacios se llenan de voces y uno ve cómo algo que durante meses existió solamente en reuniones, planillas y conversaciones empieza a cobrar vida. Ese instante demuestra que cuando una comunidad trabaja unida puede transformar una idea en un lugar de pertenencia".Para quienes aún no conocen Limud, Eduardo insiste en que no se requieren conocimientos previos ni pertenecer a una institución determinada. "Vengan como son. A vivir un judaísmo activo. Porque todos formamos parte de Limud".Con una oferta de contenidos pensada para distintas edades e intereses, la organización espera volver a reunir a cientos de personas en una jornada donde el aprendizaje se convierte también en una oportunidad para fortalecer los vínculos comunitarios. La invitación ya está hecha y el tiempo corre: el próximo domingo 2 de agosto, Limud Chile volverá a abrir sus puertas para ofrecer un día de ideas, conversaciones y encuentros que difícilmente encuentran un espacio similar en el calendario comunitario. Como resume su presidente, el verdadero propósito del encuentro va mucho más allá de las conferencias: lograr que cada persona que cruce la puerta sienta que ha llegado al Festival de Cultura Judía, 9na versión de Limud Chile.