EL FRÁGIL CESE AL FUEGO QUE MANTIENE EN VILO A MEDIO ORIENTE
Esta semana se cumplieron dos meses desde la entrada en vigor del cese al fuego que buscaba pausar la guerra abierta entre Estados Unidos, Israel e Irán. La tregua, acordada en abril tras cuarenta días de combates, nunca logró consolidar una detención completa de las hostilidades. Más bien funcionó como una pausa inestable: suficiente para abrir negociaciones, insuficiente para disipar la amenaza de una nueva escalada regional.La guerra había comenzado el 28 de febrero, con una operación militar coordinada entre Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní. En su primera jornada, los ataques alcanzaron el corazón del poder en Teherán: el entonces líder supremo, Alí Jameneí, murió junto a decenas de altos funcionarios y miembros del aparato político y de seguridad iraní. Washington y Jerusalén presentaron la ofensiva como un intento de desarticular las capacidades estratégicas del régimen, pero la caída de Jameneí no significó el colapso de la República Islámica. Por el contrario, Irán logró reordenar su mando interno y sostener una guerra de desgaste que pronto se expandió más allá de su territorio.El cese al fuego de abril nació, precisamente, de esa realidad: ninguna de las partes había conseguido imponer una victoria definitiva, pero todas enfrentaban costos crecientes. La administración del presidente Donald Trump, que había iniciado la operación junto a Israel, pasó luego a encabezar una negociación con los líderes del mismo régimen iraní que buscaba debilitar. El objetivo declarado era transformar una tregua temporal en un acuerdo de más largo alcance.El principal asunto en disputa es el programa nuclear de Irán y, en particular, el destino de su stock de uranio enriquecido al 60%, estimado en más de 400 kilos por reportes internacionales. Aunque ese nivel de enriquecimiento no equivale todavía a material de grado militar, reduce drásticamente el tiempo necesario para alcanzar el umbral de una bomba atómica. Para Israel, esa cifra no es un detalle técnico, sino una amenaza estratégica. Para Irán representa la posibilidad de fortalecer su capacidad de disuación, y ahora mismo es una carta de negociación de enorme valor.Un segundo enclave es la red de organizaciones armadas financiadas, entrenadas y respaldadas por la República Islámica en la región. Hezbolá en el Líbano ocupa el lugar central de esa discusión. Desde el sur libanés, la organización chiita ha seguido disparando misiles y drones explosivos contra el norte de Israel, al mismo tiempo que Israel mantiene operaciones militares contra su infraestructura, no sólo cerca de la frontera, sino también más al norte del río Litani e incluso en Beirut. En la práctica, el frente libanés se ha convertido en el principal obstáculo para estabilizar el cese al fuego con Irán.El “cese al fuego” según TrumpHace pocos días, Trump resumió la fragilidad del momento con una frase tan provocadora como reveladora. Consultado por la situación regional, afirmó que en Medio Oriente un cese al fuego significa que las partes simplemente “disparan de manera más moderada”. La frase, más allá de su tono, describe con crudeza la realidad actual: no se trata de calma ni mucho menos de paz, sino de una contención parcial.Esa contención volvió a quebrarse este domingo 7 de junio. Tras ataques israelíes contra objetivos de Hezbolá en Beirut, Irán lanzó una nueva ofensiva directa contra Israel, la primera de ese tipo desde el cese al fuego de abril. Varias oleadas de misiles balísticos fueron disparadas hacia el norte del país. En la madrugada del lunes, las alarmas también se extendieron a la zona central, incluyendo Jerusalén y sectores del área metropolitana. Según reportes internacionales, la mayoría de los proyectiles fueron interceptados o cayeron en zonas no pobladas, sin causar víctimas fatales.Israel respondió con ataques aéreos contra objetivos militares e infraestructura estratégica dentro de Irán. Las Fuerzas de Defensa de Israel informaron que atacaron sistemas de defensa aérea iraníes que, según el ejército, habían sido reconstruidos y desplegados durante la tregua para restaurar las capacidades defensivas dañadas en operaciones anteriores. La respuesta israelí tensionó de inmediato la relación con Washington, que intentaba evitar una nueva guerra abierta mientras mantenía conversaciones con Teherán.Trump pidió públicamente a ambas partes que dejaran de disparar y presionó a Israel para no ampliar la ofensiva. Según diversos reportes, Netanyahu aceptó contener los ataques contra Irán, aunque dejó claro que Israel no renunciará a operar contra Hezbolá en el Líbano. Esa distinción es clave: mientras Washington busca preservar el espacio diplomático necesario para avanzar hacia un acuerdo con Teherán, Jerusalén separa esa negociación del frente libanés, donde considera que la amenaza de Hezbolá es inmediata y no puede quedar congelada por una tregua con Irán.Nuevas ofensivasIrán, por su parte, anunció que detenía sus operaciones ofensivas contra Israel, pero advirtió que respondería si continuaban los ataques israelíes en el Líbano. Con esa declaración, Teherán dejó en evidencia el corazón del problema: para la República Islámica, el frente libanés no es un conflicto separado, sino una extensión directa de su estrategia regional. Para Israel, Hezbolá no puede ser tratado como un actor político autónomo cuando actúa como fuerza militar al servicio de Irán.Tras la nueva pausa, Netanyahu advirtió que, si Irán vuelve a atacar, Israel responderá “con contundencia”. Así, si bien aceptó evitar una escalada inmediata por presión estadounidense, no considera cerrado el capítulo militar.Tregua, negociaciones y políticaLa crisis de esta semana muestra que el cese al fuego de abril no resolvió las causas de la guerra; apenas las contuvo. Irán conserva sus capacidades nucleares, mantiene su red de proxies y sigue dispuesto a usar el territorio de otros países como plataforma de presión regional. Israel, por su parte, no está dispuesto a aceptar una nueva normalidad en la que sus comunidades del norte vivan bajo amenaza constante de misiles y drones.La pregunta, entonces, no es solo si el cese al fuego sigue vigente en términos formales, sino cómo se administra una tregua sometida a negociaciones nucleares, cálculos políticos, presiones estadounidenses, ataques de Hezbolá y decisiones militares que muchas veces se toman en cuestión de horas.En Medio Oriente, a veces la diferencia entre tregua y guerra no se mide por la ausencia o presencia de disparos, sino por la intensidad con que vuelven a escucharse.----------------------Elecciones bajo la sombra de IránIsrael se acerca a una posible elección anticipada en medio de una nueva escalada contra el régimen iraní. La Knéset aprobó en primera lectura un proyecto de ley para disolver el Parlamento, con 106 votos a favor, pero la medida aún debe pasar segunda y tercera lectura para convertirse en ley. La fecha original de las elecciones era el 27 de octubre, aunque ahora se discute una ventana entre el 8 de septiembre y el 20 de octubre.La crisis política nace del debate por el reclutamiento de los ultraortodoxos. Durante décadas, muchos estudiantes de yeshivot recibieron aplazamientos o exenciones del servicio militar, un sistema cada vez más cuestionado tras el 7 de octubre por la carga sobre soldados y reservistas. Los partidos ultraortodoxos exigen proteger esas exenciones, mientras otros sectores de la derecha piden mayor igualdad en el servicio.En este escenario, Netanyahu sigue siendo el principal candidato desde el Likud, aunque enfrenta el desgaste de la guerra. Sus principales rivales son la alianza Bennett-Lapid, Gadi Eisenkot, Avigdor Liberman y Yair Golan. Según la última encuesta de Maariv, el Likud lidera con 25 escaños, seguido por Bennett-Lapid con 23 y Yashar, de Eisenkot, con 17.