Discurso Kakidsh a José Codner Z"L
Les doy las gracias a cada uno de ustedes por acompañarnos en medio de este temporal. Haré mi mejor esfuerzo por transmitir todo lo que mi papá nos entregó y la huella que dejó en muchos de nosotros.En un rato rezaremos el Kadish de duelo. Para quienes no lo sepan, este es uno de los rezos más importantes del judaísmo, y se reza durante el año que sigue a la partida del ser querido. El Kadish de duelo no menciona la muerte ni el sufrimiento de los fallecidos, sino que, más bien, es un inspirador agradecimiento por la vida de quienes fallecieron.Con este espíritu, quiero dar las gracias por las virtudes y la vida vivida de mi papá, José Codner, Pepito para mi mamá, Pepe para los amigos y Yosef Ben Mordejai, José, hijo de Marcos en hebreo. Con el espíritu del kadish de duelo quiero dar las gracias por lo que mi papá le entregó a la familia, a Chile, a la comunidad judía y a las personas que trabajaron con él. Sobre todo, como nos marcó a tantos de los que tuvimos la suerte de compartir con él.Doy las gracias porque mis abuelos llegaron a Chile en el año 39, un mes antes del inicio de la guerra. Doy las gracias porque Chile los recibió. Ellos fueron una familia de inmigrantes que hablaba ruso e yidish, que primero llegó a Santiago y después se fue a Rancagua. Al parecer, en Rancagua había más oportunidades, ya que allí existía una importante comunidad rusa.Mi papá nació en 1941, dos años después de que la familia Codner Chijner llegó a Chile. Unos años después, la familia se trasladó a Santiago y mi abuelo compró una farmacia, la Farmacia Santo Domingo. Según mi papá, él no tuvo infancia, porque trabajaba como bodeguero y organizaba la mercadería en la farmacia familiar.José, o Pepe, ingresó al Instituto Nacional en la época gloriosa del colegio. Nadie diría que el alumno al que le costó tanto aprender a leer y escribir, y que después recibió duras sanciones por su gusto por jugar al billar al otro lado de la Alameda, llegaría a hacer tantas cosas en su vida. Por estos años del Instituto Nacional, a los 16 años atendiendo el mostrador de la Farmacia Santo Domingo, conoció a mi mamá, Perla Dujovne, ZL. Mi papá tuvo buen ojo, se enamoró bien, encontró una mujer que fue excelente compañera y que fue su partner toda la vida; además, alegre y un pilar de la familia. Creo que fue una verdadera historia de amor y que él nunca pudo recuperarse de su pérdida.Posterior al Instituto Nacional, mi papá y su hermana, la Tía Sabina, ZL, sin ninguna posibilidad de pataleo, entraron a estudiar química y farmacia a la Universidad de Chile, donde hicieron amistades que duraron muchos años. Así, junto a la Tía Clari, se convirtieron en los primeros profesionales de la familia.Quiero destacar algunas virtudes de mi papá que merecen mencionarse. Todos conocemos su liderazgo y generosidad en la comunidad judía. Como logró sacar adelante varios proyectos de importancia, el Mercaz no existiría hoy si no fuera por los años dedicados a este trabajo. Este mismo tesón lo ponía en marcha cuando organizaba los viajes familiares, de los que tanto las hijas, yernos y nietos tenemos un recuerdo maravilloso. Mi mamá daba la idea, y él organizaba todo. ¡Sólo agradecer!Otra virtud que me gustaría recalcar es que era un excelente consejero y muy comprometido cuando alguien tenía problemas. ¿Cuántos de los amigos y familiares le fuimos a pedir consejo? Él tenía una mente visionaria y, en esos momentos pensaba con mucha claridad. Creo que siempre me acordaré cuando dos amigos de mis papás tuvieron hijos enfermos. ¡Cómo él y mi mamá se preocuparon y los acompañaron! ¡Cuántas veces me pidió consejos médicos sobre personas que yo no conocía y que trabajaban con él en la farmacia! Todo esto demostraba su gran corazón.Otra virtud que quiero destacar es algo en lo que pocos piensan. Cuánto lo querían las personas que trabajaban en el mostrador, en las cajas, en la bodega y el personal de la casa. Aún veo a personas que trabajaron con él y me lo comentan. Sólo agradecer que dio trabajo a tanta gente.Todos sabemos de su esfuerzo, y perseverancia en el trabajo, pero una virtud que acrecentaba las anteriores era lo visionario que era. Tenía ese espíritu creativo, innovador, que veía el futuro. Era increíble cómo hizo avances tecnológicos y de formato para las farmacias que fueron muy pioneras. Hasta el año 2010, trabajó incansablemente. Apasionadamente. Con verdadero espíritu empresarial. Aún me acuerdo de cuando tenía aproximadamente 60 años, decidió expandir las farmacias a México; yo me preguntaba: ¿Cuál es la necesidad?, Pero el espíritu empresarial ve cosas que los demás no vemos, especialmente un médico como yo.También nos acordamos de cuando, en 1969, se abrió la primera Farmacia Ahumada, ubicada en la esquina de Ahumada y Huérfanos. Los que son de esa generación se acordarán de lo importante que fue este local. Mis papas tenían 28 y 26 años cuando lograron sacar adelante este proyecto. En ese momento, la Denise y yo fuimos a conocer el local con la abuelita Mañe, de pelo 100% blanco, que llevaba un ramo de gladiolos, que era lo que se usaba en la época. Creo que nos hace bien acordarnos del hombre joven, con amigos que viajaba, pescaba, jugaba golf y esquiaba. La vejez es dura y no quiero que se me olviden los años en que estaba lleno de vida.Pero, a pesar de ser un gran empresario, fue un hombre muy de familia. Para él, la familia, con sus hijas, yernos y nietos, fue central en su vida. Incluyó a los sobrinos, cuñados y primos en la familia y en las fiestas judías. Por lo mismo, si hay algo que agradezco de mi papá es el modelo de familia y matrimonio que nos legó, y que esperamos se mantenga en las generaciones que lo sucederán.A nosotros nos quedan el inmenso cariño que nos diste; y tu ejemplo como núcleo de esta familia. Formaste una linda familia y mucha gente se queda con lindos recuerdos tuyos. Te vamos a querer y recordar siempre.