¿Existe la gente mala?
Por Gachi Waingortin
Nitai de Arbel dice: “Aléjate del vecino malo y no frecuentes a los hombres
malvados”. ¿Existen personas intrínsecamente malas? ¿O solamente existe gente
equivocada? Y el que se equivoca una y otra vez, ¿es malo o sigue equivocado?
El problema del mal es motor fundamental de la religión y la filosofía. El
cristianismo plantea que el niño nace cargando con el pecado original que
cometieron Adán y Eva y debe ser bautizado para borrar dicho pecado. Rousseau,
por su parte, decía que nacemos buenos pero la sociedad nos corrompe. El
judaísmo plantea un camino diferente: dentro del ser humano existen dos
impulsos: el impulso del bien, iétzer hatov, y el impulso del mal, iétzer hará.
Usando su libre albedrío, la persona debe decidir, en cada momento, cuál de los
impulsos va a prevalecer. No somos víctimas del iétzer hará. No se trata de una
fuerza externa, un ser maligno que nos tienta para hacernos caer. El iétzer
hará está dentro nuestro y tenemos la obligación de dominarlo, para que
predomine el iétzer hatov.
esencialmente bueno, ¿por qué creó el iétzer hará? El Midrash se hace cargo de
esta pregunta y la responde desde una óptica puramente psicológica: “Porque si
no fuera por la inclinación hacia el mal, las personas no construirían, no se
casarían, no tendrían hijos, no trabajarían” (Bereshit Rabá 9:7). Una cierta
cuota de agresividad, de ambición, es necesaria para la supervivencia de las
personas y de la sociedad. No se trata de anularla, sino de saber regularla
para que no sea eso lo que domine nuestras vidas.
intrínsecamente mala? Creemos que no. Hay gente cuyos valores no compartimos;
hay gente enferma o trastornada (lo que no la exime de la responsabilidad sobre
sus actos). Evelyn Weil me dijo una vez: “Cuando sientas que alguien te
lastima, cámbiale el acento: que te dé lástima”. Creo que es más sano pensar
que el otro está equivocado o que está enfermo, a sentir que es intrínsecamente
malo. La razón es muy simple: los genes no se modifican, las decisiones sí. La idea
de un mal intrínseco anularía la posibilidad de la teshuvá, que es lo que da
sentido a toda la cosmovisión judía.
decimos en nuestras tefilot: “D´s mío, el alma que me diste es pura, Tú la
creaste, Tú la formaste y la insuflaste en mi ser. Tú velas por ella durante mi
vida. Tú me la retirarás al final de mis días y me la reintegrarás para la vida
eterna”. D´s nos da un alma pura y nosotros, con nuestro libre albedrío, la
tratamos bien o mal. Si D´s entregara almas buenas a unos y almas malas a
otros, no existiría el concepto de teshuvá ni de libre albedrío, todo
dependería del alma que le toque a cada cual. Esto coincide con el planteo de
Maimónides en sus Hiljot Teshuvá, las leyes sobre la Teshuvá, donde plantea que
el libre albedrío es inherente al ser humano, así como está en la naturaleza
del fuego ascender y en la del agua caer.
alma pura y nos la retirará al final de nuestra vida, entonces no es un regalo
sino un préstamo. Y si nos prestan algo, no corresponde devolverlo estropeado.
Debemos cuidar mucho nuestras almas para devolverlas en buen estado.
Nitai de Arbel utiliza dos palabras para definirla. Cuando dice “Aléjate del
vecino malo” usa el adjetivo “ra”; pero cuando agrega “no frecuentes a los
hombres malvados” la palabra utilizada es “rashá”. ¿Cuál es la diferencia entre
“ra” y “rashá”? El profeta Isaías (3:10-11) dice: “Decidle al hombre piadoso
que, si es bueno, gozará del fruto de sus actos; pero ¡ay del perverso! pues se
le tratará de acuerdo con sus actos”. La contradicción es evidente: ¿Cómo le
dice al piadoso que sea bueno? ¿Acaso hay piadosos buenos y piadosos malos?
Pirkei Avot, el rabino Lehmann explica que el Talmud (Kidushin 30 a) aclara
esta situación: la palabra “rashá” se refiere al que transgrede sus
obligaciones para con D´s, mientras que “ra” es el que no cumple sus
obligaciones para con su prójimo. Entonces, lo que dice Isaías es: dile al
piadoso, al que cumple con las leyes rituales, que debe también cumplir con las
obligaciones hacia sus semejantes. Puede haber piadosos que no sean tan buenos,
personas que rezan todos los días, pero no se comportan correctamente con el
prójimo; y hay “malvados” buenos, que no observan las mitzvot rituales pero que
son bellísimas personas. La buena noticia es que no estamos obligados a elegir.
No debemos optar entre ser buenos y ser observantes de las mitzvot. Se puede y
se debe ser piadoso y a la vez bueno. De lo contrario, las mitzvot pierden su
razón de ser. Las mitzvot no son un fin en sí mismas, sino un medio para
adquirir bondad, sensibilidad y elevación de carácter.