HBO estrenó hace unas semanas Allen v. Farrow, miniserie documental de cuatro episodios, de una hora de duración cada uno, que promete contar la verdad definitiva sobre lo ocurrido en 1992, cuando Woody Allen presuntamente abusó (tocó en sus genitales) a su hija Dylan, de entonces 7 años.
Es complejo referirse a este asunto porque hay hechos que tienden a confundirse y, además, existen demasiados antecedentes relevantes: Woody Allen, poco antes de haber sido acusado de abuso, había terminado una relación de más de una década con Mia Farrow, luego de que ella le encontrara unas fotos pornográficas de Soon-Yi Previn, una coreana a quien Mia adoptó con su anterior pareja y que en esa época tenía 21 años (Woody Allen, 57).
Todo este asunto no se ventiló en un juicio penal. Ese litigio nunca ocurrió, ya que el fiscal desestimó acusarlo luego de que una agencia investigadora concluyera que no existían suficientes evidencias de abuso. Si bien el fiscal alega que no persiguió criminalmente a Allen para no exponer a Dylan a más traumas, uno se pregunta (i) si es que acaso la propia Dylan no habría preferido pasar por un proceso judicial, aun con toda la carga emocional, en tanto se hubiera hecho justicia; y (ii) ¿qué clase de fiscal deja libre a un pedófilo? (la respuesta es: uno que no cree que se trate de un pedófilo, por mucho que ahora salga diciendo lo contrario).
De cualquier forma, Mia acusó a Woody de abuso después de que Dylan, supuestamente, le comentara esta situación y Allen contratacó pidiendo la custodia de los tres niños que compartían: Moses, la misma Dylan y Satchel (ahora conocido como Ronan Farrow).
Ronan es el único hijo biológico de ambos. Moses y Dylan fueron, primero, adoptados por Mia y cuando Allen se encariñó con ellos, él también los quiso reconocer legalmente como hijos.
El documental parte de la premisa de que el testimonio de Dylan es real, pero acá creo que hay que distinguir qué significa esa afirmación. Una cosa es que Dylan esté diciendo lo que ella cree que es cierto y otra cosa es que lo que relata haya efectivamente ocurrido.
El documental se inclina por lo segundo. Allen, por lo primero, porque el que Dylan crea haber sido abusada no significa que el abuso realmente haya ocurrido.
Me explico, la hipótesis de Allen, que se aborda en el documental y pretende ser desacreditada, es que Mia le implantó a Dylan la idea del abuso, como venganza después de que su pareja la cambiara por su (de ella) hija adoptiva.
La verdad es que nunca vamos a saber realmente qué ocurrió entre Allen y Dylan, pero, independiente de eso, uno puede hacerse algunas preguntas respecto a qué relato tiene más sentido y determinar qué elige creer:
Woody Allen es un pedófilo que, en sus 85 años de vida, sólo abusó de una niña, que coincidentemente era su hija adoptiva. Decidió hacerlo en los únicos 20 minutos en que supuestamente estuvieron en un espacio más o menos tranquilo, pese a que la casa estaba llena de gente, a sabiendas de que Mia Farrow lo odiaba y que podría llegar en cualquier momento.
No abusó nunca antes de Dylan (pese a que el propio documental muestra un reportaje de la época donde acusan a Allen de encerrarse largas horas en el baño con su hija), no lo hizo con ninguna otra niña y no lo volvió a hacer.
Esto requiere además sostener que Allen es tan poderoso como para influir sobre dos agencias investigadoras independientes (una en Nueva York, otra en Connecticut), que el fiscal, como se adelantó, es suficientemente incompetente como para desestimar una acusación de abuso de menores sólo para no exponer a la víctima y que los organismos que entregan niños en adopción son tan irresponsables como para dejar a un pedófilo criar a dos niñas más (las hijas que ahora tiene en común con Soon-Yi, con quien suma casi 30 años de relación).
Mia Farrow, legítimamente dolida y enrabiada después de que su pareja le fuera infiel (con su hija adoptiva), le hizo creer a una niña de 7 años que alguna acción susceptible de malinterpretarse en la mente de alguien que por su edad no tiene (o no debería) tener nociones de sexualidad, es algo que la convierte en víctima de un padre que, quizás, era demasiado intenso y demasiado de piel.
Uno puede creer que Allen es un viejo verde. Uno puede ignorar que, en esa época, el que un hombre de 50 tuviera una relación con una mujer de 20 no sólo estaba normalizado, sino que además era socialmente bien visto (Mia Farrow tenía, al menos, 21 años cuando empezó una relación con un Frank Sinatra en sus 50s).
Lo que uno no puede permitirse es confundir lo que actualmente nos causa repulsión, con aquello que es ilegal.
Si como sociedad acordamos que a los 21 años una persona puede voluntariamente consentir en sus relaciones sexuales, ¿qué es ese paternalismo de asumir que Soon-Yi fue manipulada por Woody Allen y continúa cautiva de su depredador sexual luego de 30 años de relación? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a esa pareja y la capacidad de autodeterminarse de una mujer adulta?
Luego, si la relación de Soon-Yi está “bien”, tanto legalmente como para su autorrealización (asumiendo, razonablemente, que es capaz de elegir de manera libre aquello que la satisface), ¿entonces por qué el documental dedica dos tercios de un capítulo a referirse al gusto de Woody Allen por las mujeres jóvenes?
El único propósito es generar rechazo, predisponernos y sugestionarnos hacia la tesis del documental, que es la única que explora.
Para desvirtuar la hipótesis de Allen, exige evidencias de todos los hechos. Cuando quiere mostrar el relato de los Farrow, no se preocupa, ni siquiera, de que estos sean coherentes. Replicaré dos situaciones, a modo de ejemplo, antes de terminar:
Dylan cuenta que le temía a su papá. Que no se atrevía a alejarse de él porque era agresivo. Narra que, un día, estaban todos en la mesa y ella, en lugar de llamarlo “papá”, lo llamó “Woody”. En respuesta, él se enfureció y le aplastó la cara contra el plato de tallarines.
A los 7 años, quizás ese acto es más agresivo y más nocivo que el hecho de que alguien toque una parte de tu cuerpo que tú ignoras que tiene una connotación sexual (sin desconocer la incomodidad que puede generar).
Sin embargo, nadie más reafirma esa historia, a nadie parece importarle esa agresión (que es motivo suficiente como para negarle la custodia de los hijos, pero no aparece mencionada en el juicio) y, además, es inconsistente con los 85 años de vida de Allen, ya que todos los describen como un tipo muy tranquilo, tímido e introvertido.
Acusan que Allen contrató investigadores privados. ¿El fundamento? Sintieron volar helicópteros a baja altura y Mia Farrow, una vez, sintió que un auto la venía siguiendo.
Inconsistencias de ese tipo abundan en el documental. Robert B. Weide, cineasta, lleva años defendiendo a Allen en su blog https://ronanfarrowletter.wordpress.com/ y aborda esta y otras preguntas. Una de las que más sentido tiene para mí es la siguiente: Si el fiscal no quiso exponer a Dylan siendo menor, ¿por qué no inició el proceso cuando ella ya hubiera crecido (los plazos de prescripción lo permitían)? En el mismo sentido, si Ronan Farrow es abogado y Dylan, hasta el día de hoy, podría exigir una indemnización en un juicio civil, ¿por qué no demandan a Woody Allen y establecen, de una vez por todas, con todos los antecedentes y evidencias que supuestamente tienen, como verdad judicial que Allen es un abusador de menores?
Como dije, nunca vamos a saber lo que pasó entre Woody Allen y Dylan Farrow. Pero día a día elegimos vivir nuestras vidas en función de aquello que nos parece más razonable creer, a partir de la escasa información que tenemos sobre la realidad.
Quiero aclarar, antes de terminar, que, si bien soy fanático de Woody Allen, en este caso no lo defiendo por eso. También soy muy fanático de Michael Jackson, pero no me atrevería en ningún caso a decir que, a la vista de sus acusaciones y de la escasa información que tenemos, lo razonable es pensar que no es un abusador de menores. Ello no me impide en lo absoluto disfrutar muchísimo su música, pese a que, en su caso, sus acusaciones son mucho más serias, más graves y, especialmente, más fundadas.
En el caso de Allen me preocupa porque siento que socialmente estamos sobre reaccionando y reinterpretando la historia, y cualquier revisionismo ausente de crítica y desconocedor del contexto sociocultural me parece peligroso.
Si le ponen play a ese ejercicio de difamación, por favor dense el tiempo de leer e informarse sobre los hechos, desde una mirada no tan sesgada. Y, mientras lo estén viendo, pregúntense lo siguiente: ¿por qué un documental que tiene acceso al ático donde presuntamente ocurrió el abuso (Mia Farrow sigue viviendo en la misma casa) nunca muestra el sitio del suceso?