Entrevista a Fernando Lottenberg, confirmado como por la OEA para combatir el antisemitismo en las Américas.
Tras la elección de Albert Ramdin como nuevo Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Fernando Lottenberg fue confirmado en su cargo, ahora bajo la denominación de Special Advisor para el Monitoreo y la Lucha contra el Antisemitismo en las Américas. Conversamos con quien asume por segunda vez este desafío.Después de un periodo habiendo sido Comisionado, ¿cuál es el balance que hace de su gestión? ¿Cuál era la situación al llegar, sus principales logros y su evaluación final?Creo que la sola creación de esta posición representa una declaración de la OEA: existe una preocupación real de la organización por el antisemitismo en nuestro continente.Este combate no debe recaer únicamente en las comunidades judías. Se inserta en un movimiento global de diplomacia pública —visto en Europa y otros organismos— que entiende que el antisemitismo es una señal de alerta para la democracia y los derechos humanos. Cuando el antisemitismo prospera, es señal de que algo no está bien en esa sociedad.Nuestro balance incluye haber aumentado el "awareness" (conciencia) en la región. Hemos recorrido el continente dando charlas y entrevistas para alertar sobre el tema. Un logro concreto es el impulso de la definición de la IHRA (Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto). No es una panacea, pero es un instrumento útil. Cuando asumí, solo cuatro países la adoptaban; hoy son ocho, sumando a Colombia, Guatemala, Panamá y Costa Rica. Esto ayuda a jueces y fiscales a identificar cuándo un acto es efectivamente antisemita.Chile no es parte de la red de países que adscriben a la definición de la IHRA y, a diferencia de Argentina, parece estar más desprotegido legalmente. ¿Es Chile una prioridad para su gestión como Special Advisor?Sí, he estado en Chile en varias ocasiones y nos hemos reunido con autoridades de los gobiernos de los presidentes Piñera y Boric. Nuestra intención es reanudar los contactos con la actual administración.En el caso particular de Chile, es necesario tener claro que, si un país no tiene una ley específica, puede utilizar otros instrumentos. Por ejemplo, adherir a la definición de la IHRA proporciona una base para tomar decisiones. Otro camino es la Convención Interamericana contra el Racismo y la Discriminación. Recientemente conversé con el director de Chile en Nueva York sobre esto; quizás sea un camino menos politizado o conflictivo que una ley de antidiscriminación nacional, permitiendo avanzar en la protección de minorías.Por otra parte, aunque la definición de la IHRA no es vinculante legalmente, ayuda a llenar el vacío entre la ley y la sanción efectiva. Ayuda al juez a distinguir entre libertad de expresión, crítica política y antisemitismo.Para que un país la adopte, se requiere voluntad política, usualmente desde las carteras de Relaciones Exteriores, Justicia o Derechos Humanos. Estoy dispuesto a conversar con quien sea necesario en Chile para impulsar estas medidas.Se dice que otro camino es recurrir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) bajo el principio de complementariedad si la justicia local falla. ¿Qué países están utilizando bien estos instrumentos y cuál es su estrategia actual?El sistema interamericano permite buscar justicia cuando las instancias internas fallan, como ocurrió con la condena al Estado argentino por el caso AMIA.Respecto a los buenos ejemplos, Argentina y Uruguay son referentes. En Brasil, el gobierno creó un grupo de trabajo para diseñar una estrategia nacional de combate al antisemitismo, similar a lo que hacen Europa o EE. UU. Mi plan de trabajo para este nuevo mandato busca que los países tengan planes nacionales que incluyan educación, prevención y entrenamiento para maestros, fiscales y policías. Las leyes son importantes, pero no bastan por sí solas; la capacitación es clave para enfrentar la discriminación cuando se presenta.¿Cómo se debe entender el antisemitismo hoy, especialmente en el contexto posterior al 7 de octubre?El mundo post 7 de octubre es otro. No es que el conflicto en Medio Oriente haga aumentar el antisemitismo, sino que los antisemitas aprovechan el conflicto para destilar su odio. Utilizan a Gaza, al Líbano o a Irán como excusa para atacar a los judíos como colectivo.Vemos cómo se traslada fácilmente una crítica política a Israel —que podría ser legítima— hacia un acoso directo a ciudadanos judíos que no tienen influencia sobre las decisiones del gobierno israelí. Se les responsabiliza colectivamente. Hemos visto casos de violencia en Australia o EE. UU. donde agresores atacan a jóvenes judíos "por Gaza". Es necesario explicar y separar la crítica política del odio racial y religioso.¿Es el antisemitismo en Latinoamérica distinto al del resto del mundo?Hay matices. No vivimos la Segunda Guerra Mundial de cerca, nuestra región se desarrolló bajo la Contrarreforma y la influencia de la Inquisición —que tuvo tribunales, por ejemplo, en Perú y Colombia y visitaciones en Brasil. Eso sigue presente. Incluso en el lenguaje cotidiano, con verbos como "judiar" (tratar mal a alguien).Sin embargo, afortunadamente no hemos visto en Latinoamérica la violencia física extrema que se ha dado en otros países, pero nuestro deber es mantener a nuestra región lejos de esa ola de violencia física.¿Existe un riesgo real por la presencia de grupos terroristas en LATAM que puedan traer antisemitismo violento a la región?La información disponible indica que ha existido una relación estrecha de Venezuela con Irán y Hezbolá. En la Triple Frontera hay individuos vinculados a Hezbolá, principalmente en temas de financiación y reclutamiento. ¿Hay riesgo de que se repitan horrores como el de la AMIA? Sí, el riesgo existe. Aunque creo que hoy Hezbolá tiene otras prioridades de supervivencia en Oriente Medio, no se puede descartar que una "célula dormida" o un individuo radicalizado decida actuar por iniciativa propia. La cooperación policial es nuestra mayor defensa.¿Por qué en el Cono Sur tienen tanto eco teorías conspirativas como el "Plan Andina"? Esas teorías suelen reciclar tropos antisemitas tradicionales para nuevas circunstancias. Lo más preocupante es ver a sectores de izquierda utilizando argumentos conspirativos que antes eran propios de la extrema derecha y viceversa. Se presenta a los judíos como agentes del mal que controlan las finanzas, la prensa y ahora el medio ambiente. No hay una explicación racional para creer esto, por lo que nuestra tarea es combatir este prejuicio con argumentos, educación y mucha racionalidad.Fernando Lottenberg está retomando los desafíos de su primera gestión, con un matiz distinto, que es el mundo post 7 de octubre, que requiere abordar el antisemitismo de otra forma, reforzando el aspecto educativo, aliado a la aplicación de nuevos instrumentos jurídicos.

