Edicto de Granada: la expulsión de los judíos de Sefarad
El 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos —Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón— tomaron una decisión que cambiaría profundamente la historia de España. Ese día firmaron el Edicto de Granada, también llamado Decreto de la Alhambra. Con este decreto, se ordenaba la expulsión de todos los judíos que no aceptaran convertirse al cristianismo. Durante mucho tiempo, judíos, cristianos y musulmanes convivieron en la península ibérica con distintos niveles de estabilidad. Sin embargo, hacia finales del siglo XV esa convivencia empezó a tensarse cada vez más, hasta dar paso a un clima de creciente intolerancia religiosa, debiendo circunscribirse a barrios segregados y a usar distintivos en su ropa.En ese contexto surgió primero la Inquisición, establecida en 1478 para vigilar y castigar la herejía, especialmente entre judíos conversos que podían ser influenciados por comunidades judías para “judeizarse”. Así, la expulsión sería la solución para garantizar la unidad religiosa del reino tras la conquista de Granada.El plazo estipulado por el Edicto para abandonar el territorio fue el 31 de julio de 1492, que coincidió con el 9 de Av (Tishá B'Av), día de duelo judío por la destrucción del Primer y Segundo Templo de Jerusalem, entre otras tragedias.Esta fecha marcó definitivamente el fin de siglos de presencia judía en la península ibérica y dio paso a una de las diásporas más significativas y recordadas en la historia del pueblo judío.Contenido El Edicto de Granada establecía medidas estrictas y definitivas. Todos los judíos, sin excepción de edad, origen o condición, debían abandonar los territorios de Castilla y Aragón antes de finales de julio de 1492, plazo que posteriormente se extendió hasta agosto. Quienes se rebelaran enfrentaban la pena de muerte y la confiscación de sus bienes. Aunque el decreto no lo expresaba abiertamente, ofrecía la alternativa de convertirse al cristianismo. Muchos judíos optaron por bautizarse para permanecer en España, mientras que otros prefirieron el exilio. Diáspora sefaradí A los expulsados se les permitió vender sus propiedades, pero no podían llevar consigo oro, plata ni moneda acuñada, lo que provocó pérdidas económicas significativas y abusos durante el proceso de salida. Este éxodo forzado dio origen a la diáspora sefaradí, nombre derivado de “Sefarad”, término hebreo para España.Los judíos sefaradíes se dispersaron por el norte de África, Portugal, Italia, los Países Bajos y, especialmente, el Imperio Otomano, donde fueron recibidos con mayor tolerancia. Muchos también llegaron a América, particularmente en los primeros años de la colonización, cuando la Inquisición aún no estaba plenamente establecida en el continente.Consecuencias económicas y culturalesDiversos historiadores coinciden en que la salida de los judíos de España generó un debilitamiento de ciertos sectores económicos como el comercio, las finanzas y la medicina, entre otras áreas.Por otra parte, la convivencia entre religiones había dado lugar a importantes avances en filosofía, ciencia y literatura. La expulsión implicó la desaparición de este desarrollo que había florecido durante siglos en toda la península. Como resultado, en la región terminó la multiculturalidad medieval para dar paso a la uniformidad religiosa.El camino al “Nuevo Mundo” Aunque los Reyes prohibieron el paso de judíos a sus colonias, muchos conversos llegaron a lo que hoy es Latinoamérica durante los primeros años de la conquista.Figuras centrales de la exploración, como Cristóbal Colón, han sido objeto de estudios que sugieren un posible origen judío o vínculos con familias conversas. Más allá de este debate, lo cierto es que sus expediciones incluyeron a personas de ascendencia judía, reflejando una presencia que, aunque muchas veces invisibilizada, fue parte del proceso de descubrimiento y conquista.En la expedición de Hernán Cortés, por ejemplo, se ha documentado la presencia de hombres como Hernando Alonso, Gonzalo (o Francisco) de Morales y Diego de Ocaña, algunos de los cuales terminaron siendo perseguidos y ejecutados por la Inquisición en 1528. Estos casos evidencian que, incluso en zonas apartadas, el peligro no desaparecía completamente.Más cerca de lo que hoy es Chile, también hubo presencia de conversos. Según el historiador Günter Böhm, varios descendientes de judíos estuvieron entre los primeros conquistadores que llegaron a este territorio. Entre ellos se mencionan nombres como Diego García de Cáceres, quien llegó a ser alcalde de Santiago, Francisco de Gudiel, uno de los fundadores de Concepción y Pedro de Omepezoa (o Homem de Pessoa), quien alcanzó posiciones de gobierno en distintas regiones del imperio español en América.Otros ejemplos notables son Alonso Álvarez, Juan Serrano, Pedro de Salcedo y Rodrigo de Oroño, este último teniente general en la expedición de Diego de Almagro.Estos casos demuestran que —pese a la presión religiosa que los obligó a mantenerse en silencio— los judíos tienen presencia en Chile desde el siglo XVI.El orgullo sefaradíLa expulsión de 1492 fue declarada inválida por el gobierno español cinco siglos después, el 16 de diciembre de 1968, tras la Ley de Libertad Religiosa de 1967 y con motivo de la inauguración de la Sinagoga de Madrid. Fue revocado definitivamente el 1 de abril de 1992 por el rey Juan Carlos I. Actualmente, ciudades como Toledo, Girona, Segovia o Córdoba son parte de la Red de Juderías de España, que busca preservar este legado histórico.Dondequiera que se establecieran, los sefaradíes conservaron su lengua -el ladino- sus tradiciones, gastronomía y música, y una memoria muy viva de su origen.El Edicto de Granada, un símbolo histórico de intolerancia, marcó el final de una época en España, así como el inicio de una vida judía en distintas latitudes, incluyendo Latinoamérica, reflejando la inquebrantable resiliencia del pueblo judío. ___________Súmate a la “Travesía Sefarad”Para conocer de cerca esta historia, el Círculo Israelita invita a ser parte de la “Travesía Sefarad”, una experiencia única para recorrer la historia, las huellas y la memoria del judaísmo en España y Portugal. Este viaje conecta pasado y presente a través de ciudades, relatos y vivencias que siguen latiendo hasta hoy; un recorrido lleno de historia, sentido y judaísmo.Para solicitar más información, escribe a vivi@cis.cl

