La guerra en Medio Oriente evoluciona entre operaciones en curso y señales de desenlace
Tras más de dos años de guerra en múltiples frentes, la población civil israelí enfrenta otra vez una dinámica conocida, aunque con una intensidad inusual y desgastante.Las alarmas anti-misiles vuelven a marcar el ritmo de los días. En prácticamente todo el país y sobre todo en la zona centro y norte, las rutinas se quiebran sin previo aviso y las noches son fragmentadas por alertas que irrumpen en la madrugada. Una y otra vez, millones de israelíes repiten un gesto aprendido: correr hacia el refugio más cercano. Los números reflejan esa presión cotidiana. En casi dos semanas, ciudades del centro como Tel Aviv, Bnei Brak, Rishon Letzion y Lod han superado las 70 alarmas. En el norte, localidades como Haifa, Metula y Kiriat Shmona sobrepasan las 40. Los proyectiles son lanzados en oleadas que, en ocasiones, se presentan de manera cruzada y coordinada entre el régimen iraní y Hezbolá (que ha intensificado sus ataques sobre todo contra el norte de Israel). Mientras los ataques provenientes de Irán incluyen una alerta anticipada en los celulares de la ciudadanía, los disparos desde el Líbano activan las alarmas de forma inmediata y sin advertencia previa.Hasta ahora, el episodio más reciente con víctimas fatales se registró el lunes 9 de marzo. En Jolón, el impacto de esquirlas de un misil con municiones de racimo dejó dos muertos y elevó a doce el total de fallecidos en Israel desde el inicio de la Operación “León Rugiente”.Según el Comando del Frente Interno, el 50% de los misiles balísticos disparados por Irán contra Israel en la guerra actual portan ojivas de racimo, que se abren en el aire y dispersan múltiples explosivos sobre zonas densamente pobladas.Mientras tanto, las restricciones a la vida civil continúan vigentes, con ciertas flexibilizaciones graduales pese a las incesantes alarmas anti-misiles. De acuerdo con las directrices impuestas, está prohibido realizar actividades educativas presenciales y las actividades laborales están permitidas únicamente en lugares desde los que se pueda llegar a un espacio protegido estándar dentro del tiempo de respuesta. Las reuniones y servicios se autorizan hasta un máximo de 50 personas, siempre bajo la misma condición de acceso inmediato a un refugio. La evolución de la ofensiva militarMientras la población se adapta a una nueva rutina bajo amenaza constante, el plano militar avanza hacia una nueva etapa operativa. Tras un inicio de operaciones con objetivos de alto impacto —entre ellos, la eliminación del Líder Supremo Alí Jameneí—, la denominada “fase 2” de la guerra apunta ahora, según las FDI, a consolidar la destrucción de infraestructura nuclear y militar. El objetivo: desestabilizar al régimen iraní y limitar su capacidad ofensiva.Un comunicado oficial de las FDI señaló que “el esfuerzo combinado para seguir degradando las capacidades de lanzamiento y las capacidades de defensa del régimen continúa”, junto con “la expansión continua de los ataques contra la infraestructura de producción de misiles balísticos en todo Irán”. La formulación describe una campaña sostenida orientada tanto a neutralizar sistemas operativos como a afectar la base industrial que permite su reposición.Fuentes militares estiman que cerca del 75% de los lanzadores de misiles iraníes han sido eliminados. Sin embargo, ese avance no neutraliza la amenaza para la población civil israelí y en el resto de Medio Oriente. El régimen asegura que aún podría sostener ataques durante un período prolongado, mientras que las FDI han señalado que la neutralización de lanzadores restantes se vuelve progresivamente más compleja en un territorio extenso y con infraestructura dispersa. Se perfilan estrategias de salida El conflicto, no obstante, trasciende el frente estrictamente militar. En el plano político interno iraní, Mojtaba Jamenei, hijo de Alí Jameneí, fue designado como nuevo Líder Supremo. Informes afirman que fue hospitalizado tras ataques aéreos y todavía no hace apariciones públicas en su nuevo cargo. La transición abre interrogantes sobre la continuidad y debilitación del régimen en Teherán, en medio de presiones externas y reconfiguraciones internas.Las lecturas sobre el estado de la guerra también divergen en el escenario internacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que “está prácticamente terminada” y que se encuentra “muy adelantada respecto al cronograma”, que previamente la Casa Blanca había estimado de una duración de cuatro a seis semanas.En entrevista con CBS News el lunes 9 de marzo, Trump agregó: “No tienen marina, no tienen comunicaciones, no tienen fuerza aérea. Sus misiles están dispersos. Sus drones están siendo destruidos por todas partes, incluida su fabricación de drones. Si uno observa, no les queda nada. No queda nada en sentido militar”.Desde Teherán, el mensaje es distinto. “Somos nosotros lo que determinaremos el fin de la guerra”, señaló la Guardia Revolucionaria Iraní, subrayando que la conducción del conflicto no se rige por evaluaciones externas. Al mismo tiempo, el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, señaló en su cuenta de X que “al hablar con los líderes de Rusia y Pakistán, reafirmé que (…) la única manera de poner fin a esta guerra, es reconocer los derechos legítimos de Irán, el pago de reparaciones y garantías internacionales firmes contra futuras agresiones”. Asimismo, el Primer Ministro Netanyahu se dirigió nuevamente de forma directa al pueblo iraní a través de su cuenta de X, indicando que “en los próximos días crearemos las condiciones para que puedan alcanzar su destino [eliminar al régimen de los ayatolás]. Cuando llegue el momento adecuado, y ese momento se acerca rápidamente, les pasaremos la antorcha. ¡Prepárense para aprovechar el momento!”En medio de esa creciente pugna por imponer la narrativa del cierre del conflicto, el Estrecho de Ormuz aparece como punto crítico: es una de las rutas petroleras más importantes del mundo, y las advertencias iraníes de impedir el tránsito de crudo mientras continúen los ataques de Estados Unidos e Israel elevan el temor a interrupciones en el suministro energético internacional, lo que podría afectar la toma de decisiones en Washington.La combinación de factores militares, políticos y económicos dificulta cualquier pronóstico. Por ahora, la duración de la guerra permanece incierta.La redacción de este artículo concluyó el miércoles 11 de marzo a las 23:59 (hora de Israel).

