Entrevista a Ricardo Israel: “El Estado judío tiene una continuidad histórica de miles de años”
Al iniciar el Zoom se reconoce el ritmo tan distintivo que hizo de Ricardo Israel una de las voces más influyentes del análisis internacional en la radio chilena, hasta 2008, cuando fue candidato a alcalde por Santiago y posteriormente candidato presidencial (2013). Hoy reside en Florida, EE. UU., vinculado al Interamerican Institute for Democracy, donde continúa escribiendo columnas y publicando libros. El más reciente es “En defensa de Israel”.Fue una larga e iluminadora conversación —difícil de condensar en este espacio— con el destacado abogado de la Universidad de Chile, licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona, magíster en Latin American Government and Politics y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Essex (Inglaterra).Antes de hablar del libro, Ricardo Israel recuerda su historia personal, que comenzó en la ciudad de Los Ángeles, Chile, donde existía una pequeña comunidad judía. En 1973, recién egresado de Derecho en la Universidad de Chile, fue detenido. Luego vivió el exilio y, de regreso al país en 1981, participó en la Comisión Chilena de Derechos Humanos y se integró al Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Chile, del que llegaría a ser director.Es un judío orgulloso de su tradición “miti -mota” (sic), con un abuelo materno que habló español como alemán toda su vida, y el paterno, de Esmirna, que nunca dejó de hablar ladino. “Esa amplitud ha acompañado mi carrera y mis análisis”, explica. También declara que, a lo largo de su vida, ha experimentado la judeofobia en distintas instancias. La que más le duele probablemente es su salida de la universidad de Chile: “Fue una expresión de antisemitismo muy violento”, indica.Una identidad reafirmadaEn esa línea dice que, tras el ataque de Hamás a Israel, hizo algo que nunca había hecho: ponerse una kipá y usar un jai para autoafirmarse públicamente. Sobre su último libro “En defensa de Israel” dice: “El 7 de octubre es mi cumpleaños y quedé tan impresionado que decidí escribirlo el mismo 8 de octubre”.El libro examina la guerra en múltiples frentes, incluyendo el de la propaganda, y el aumento de la judeofobia; desmonta mentiras, cuestiona la narrativa que presenta a Israel como una potencia colonial y defiende su derecho a existir y a garantizar su seguridad.Considerando lo que ha vivido Israel, ¿Por qué hay que salir en su defensa?No deberíamos, pero eso es lo que hay, y ante eso debemos reaccionar. Lo que ocurrió fue enorme, y también lo que logró Israel. Esta es la segunda guerra más importante de su historia después de la Guerra de la Independencia, cuando muchos pensaban que el país no sobreviviría. Militarmente, lo que logró ahora fue incluso más complejo que la Guerra de los Seis Días.Yo califico a Israel como la madre de todo Estado. Si hay un Estado con continuidad histórica —y ni siquiera los chinos pueden decir lo mismo— es el judío: mismo idioma, mismo pueblo y todas las características de un Estado por miles de años.Solo hay algo de tanta duración: la judeofobia.Entonces abordar un fenómeno de miles de años es una pérdida de tiempo. Yo prefiero partir en la inversa: por el orgullo que uno siente por un Estado judío tan próspero, tan poderoso que ganó una guerra en siete frentes con una superioridad aérea, sobre Irán y todo el Medio Oriente. Mas aún: Israel es poderoso también por la tecnología, la cantidad de orquestas, ballet, sinfónicas, museos, y la lectoría de libros, entre otros. Esos son los índices que marcan el orgullo de Israel y que a mí me dejan tranquilo. Entonces, a Israel hay que defenderlo como lo que es no tenemos que estar pendientes de que actúe según lo que determinan los que nos odian. La guerra y la narrativa¿Por qué la narrativa anti-Israel tiene tanto éxito? Porque ha ocupado el espacio que tuvo el proletariado en el marxismo clásico.En el siglo pasado, el proletariado era el portador de la historia. Hoy el wokismo ha adoptado otras banderas, como la liberación de Palestina o la causa indígena.En ese marco, Israel terminó ocupando el lugar simbólico que antes tenían los burgueses frente al proletariado. Y en ese esquema no importa demasiado lo que uno haga o diga.El rol de las comunidades judíasLe preguntamos cómo es posible quedar impávidos cuando la propaganda está dominando el relato; su respuesta alude a las comunidades judías de la diáspora.Israel ganó la guerra en siete frentes, pero perdió en el octavo: el de la propaganda. En nada ha fracasado tanto como en eso, y debe corregirlo. Pero también se necesita la colaboración de las comunidades judías.Para mí, el ejemplo a seguir son los afroamericanos. Como ellos dicen —y son los únicos que lo dicen—: “a nosotros no nos hubiera pasado lo mismo, porque ya no nos pasó”.A pesar de su historia de discriminación, hoy casi nadie se atreve a enfrentarlos. Martin Luther King, que era un distinguido prosionista, decía que el ejemplo de su lucha eran los judíos. Yo creo que hoy nosotros podemos aprender de ellos.Eso significa acudir a los tribunales todas las veces que sea necesario.Un ejemplo fue Inglaterra: frente a reiterados episodios antisemitas, la presión de la comunidad terminó debilitando el liderazgo laborista de Jeremy Corbyn.Entonces hay mucho que hacer todavía, y lo primero, es no tener complejos y acudir a los tribunales todas las veces que sea necesario.Ricardo Israel “hace falta”Después de un par de décadas fuera de Chile, Ricardo Israel es una voz que “hace falta”, su análisis es necesario cuando los temas internacionales son un segmento que muchas veces parecen un anecdotario en televisión. Su libro invita a comprender mejor el conflicto, cuestionar narrativas instaladas y reafirmar la identidad judía, destacando el lugar que Israel ocupa en el mundo.Para quienes buscan su solidez, es recomendable seguirlo en Infobae y en su quehacer en el Interamerican Institute for Democracy.

