José Codner Z"L: el hombre que convirtió un sueño en legado
Hay personas cuya obra puede medirse en metros cuadrados. La de José Codner Z"L, en cambio, se mide en vidas, en comunidad y en futuro. El Mercaz, uno de los proyectos más trascendentes del Círculo Israelita de Santiago, fue para él mucho más que una construcción: representó la materialización de una visión compartida, el convencimiento de que la educación, la cultura y el encuentro judío necesitaban un hogar capaz de proyectarse hacia las próximas generaciones.Quienes tuvieron el privilegio de trabajar a su lado coinciden en describir a un hombre de extraordinaria capacidad, pero, sobre todo, de una calidad humana excepcional. En las siguientes páginas, quienes compartieron con él la planificación, el diseño y la construcción del Mercaz —desde dirigentes y profesionales hasta miembros de la comisión que hizo posible este anhelo— evocan al líder, al compañero y al amigo. Sus recuerdos conforman un retrato íntimo y colectivo de un hombre cuyo legado permanecerá vivo no solo en los muros del Mercaz, sino también en la memoria y el corazón de toda nuestra comunidad.Sergio Jodorkovsky Director ejecutivo del CIS en la épocaJose Codner Z”L sin duda, un personaje. Marcó mi larga trayectoria como director comunitario, permitiéndome llevar a la práctica todos los conceptos aprendidos durante muchas capacitaciones y seminarios. Uno de ellos es que “un voluntario deja de serlo desde el momento que adquiere el compromiso de un cargo en la Comunidad”. Esto no es muy común.Pepe fue uno de los pocos que actúan con esa consecuencia. Desde que aceptó liderar el proyecto de la construcción del Mercaz, el nuevo centro comunitario, lo hizo profesionalmente siendo un voluntario; se dedicó con alma y espíritu a conseguir el mayor objetivo comunitario después de 50 años desde que se había construido el Gran Templo del Círculo Israelita de calle Serrano, que había quedado lejos de donde vivía la mayoría de la población judía de Santiago.Pero su consecuencia fue mucho más lejos, además de dedicarle 24 horas al día los 7 días de la semana al proyecto, fue por lejos el principal filántropo de este, lo que permitió, con su ejemplo, que otros se sumaran para que se lograra el objetivo.Tuve la suerte de poder trabajar con él durante los 5 años que duró el proceso, años muy difíciles, compartimos momentos de satisfacciones y otros muy duros donde trabas de índole técnico y financiero hacían parecer que el proyecto iba a fracasar, pero su entereza, su persistencia y su poder de convencimiento logró que hoy nuestra comunidad pueda contar con un lugar moderno, atractivo y práctico para satisfacer las necesidades para lo cual fue creado.Más allá de las características mencionadas de Pepe, no puedo dejar de destacarlo como hombre de bien, íntegro, de buenos sentimientos.Siempre apoyando a todos los que trabajamos con él. Un Mench.Te recordaremos siempre querido Pepe Z.L.Salo RozowskiVicepresidente comisión de construcción Mercaz Pepe Z”L. Me cuesta resumir mis recuerdos de mi relación con Pepe, pero creo que hay una palabra muy usada en nuestras tradiciones que representa exactamente y que se ajusta a quién era Pepe: “Mench”. Nos conocíamos muchos años, pero no habíamos tenido ocasión de trabajar juntos y el proyecto Mercaz hizo que afrontáramos este desafío. Muchas reuniones a lo largo de casi cinco años y siempre con una mirada de futuro comunitario. Me asombró su capacidad de trabajo a pesar de sinsabores que se iban presentando. La tarea tenía muchas dificultades como temas municipales, económicos, relación con la empresa que eligiéramos para realizar el proyecto y uno de los grandes aciertos de Pepe fue solicitar al directorio una completa independencia en cuanto a definiciones ya que de otra forma sería imposible la toma de decisiones, afortunadamente así lo entendió el directorio. Vitales fueron la estrecha relación con nuestro Rabino Waingortin y Sergio Jodorkovsky quienes aportaron la claridad de las necesidades de la comunidad. Piezas fundamentales fueron nuestro Arquitecto Gabriel Bendersky e Isaac Kuperman director de construcción. Este resumen sería muy incompleto sin referirme a Pepe como persona siempre muy clara en los objetivos y con un tremendo empuje, me asombraba su capacidad de resolución de problemas y claridad en la búsqueda del objetivo final. Su capacidad de afrontar problemas sin perder el objetivo final a pesar de situaciones personales. En mi vida he tenido relaciones con múltiples personas tanto de trabajo como personales, pero mi capacidad de asombro fue tremendamente sorprendida por su personalidad, su capacidad para afrontar situaciones complicadas (que no fueron pocas). Pienso que para Pepe el mayor logro fue poder ver el resultado de su gestión con la concreción de un Mercaz lleno de vida comunitaria y con múltiples actividades religiosas, estudio, cultura, juventud y celebraciones entre otras.Isaac KupermanIntegrante comisión de construcción del Mercaz Estimado José Z”L, Don José, así es como las personas se relacionaban con él, un hombre muy especial, con una capacidad única para abordar cada uno de los proyectos en su vida. Tuve el privilegio de participar en uno directamente con él, y ahí pude entender la verdadera dimensión de José, quien tenía una visión y potencial único, ya que sabía llevar las ideas a la realidad, armando los mejores equipos, y por sobre todo y para mi ese es el mayor mérito de un emprendedor nato, de saber cómo abordar las eventualidades, que son parte de nuestro diario vivir, y él era un artista en ello. No tengo duda, que toda esa fuerza, se debe a que todo lo hacía de corazón, y cuando uno hace las cosas de corazón, llegan al corazón de los demás. Debo agradecer a Di-s la oportunidad que me dio de conocerlo, de compartir muchas reuniones en diversas áreas del proyecto, en la que incansable y tenazmente su mente y objetivo estaba en terminar su anhelado Círculo Israelita. Me imagino, que tenía muy claro, la importancia de la educación y continuidad del pueblo judío, por lo que el Círculo Israelita fue uno de sus grandes Proyectos, en pos de las futuras generaciones. Una persona que siempre trabajó por la unidad de las distintas Instituciones y comunidades judías, donde me imagino que tenía muy claro la importancia de que cada judío debe cumplir con la mitzva de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Di-s le dio muchas dotes, para ser un gran administrador de él en este mundo, y pienso que lo hizo de una manera maravillosa. José, no tengo duda que dejaste en cada una de las personas que les tocó relacionarse contigo, grandes lecciones de vida.Tomás Guendelman Ingeniero calculista del proyecto de construcción del MercazPepe Codner Z”L era casi dos años menor que yo. Pudimos haber compartido más a lo largo de la vida, pero las circunstancias no lo permitieron: la diferencia de edad en la infancia suele ser una distancia que solo se diluye con el paso de los años. Destaco, sin embargo, valiosos puntos de contacto. El primero de ellos fue nuestro paso por el Instituto Nacional, en su momento un emblema de excelencia que lamentablemente hoy muestra signos de decadencia.¡Qué pena! Pero el vínculo más entrañable fue haber contraído matrimonio con dos grandes amigas inseparables que casualmente compartían el mismo nombre: Perla Dujovne, la esposa de Pepe, y Perla Katanella, la mía. Su amistad se había forjado durante los años que compartieron en el Liceo Nº1 de Niñas, donde cariñosamente las llamaban “las perlas”, en un guiño tanto a sus nombres como al brillo propio que irradiaban.Sabemos que la vida no es eterna, pero para Perla Dujovne fue más breve de lo que merecía. Su partida en 2022 dejó a Pepe sumido en una profunda desolación que lo acompañó el resto de sus días; no se borran de un plumazo cerca de sesenta años de vida en común. Mi esposa, la otra Perla, me ha acompañado ya durante 63 años, y confío en que este camino continúe un buen tiempo más, hasta que la mano divina decida bajar el telón definitivo.Aunque frecuentamos poco el ámbito social, el proyecto del edificio del Mercaz nos acercó durante un período prolongado. Se me convocó para participar en el diseño estructural en calidad de revisor de cálculo, con especial énfasis en la protección sísmica. Asumí este trabajo a través de mi empresa bajo dos condiciones indispensables: la primera, que mis servicios profesionales serían ad honorem, como una donación a la comunidad; y la segunda, que mis observaciones técnicas se aplicarían estrictamente, sin dar cabida a consideraciones ajenas al rigor que exige la edificación en un país expuesto a sismos de alta frecuencia e intensidad.Las reuniones de trabajo se llevaban a cabo en la oficina de Pepe y contaban con la asistencia del Comité comunitario, al que me integraba junto a Gabriel Bendersky, arquitecto del proyecto, y Enzo Valladares, ingeniero calculista. En su rol de director, Pepe asumía la conducción con notable autoridad, rigor y profesionalismo. Frente a su computador y a una pantalla gigante, proyectaba la planilla Excel sobre la que operaba directamente, aplicando al instante los ajustes que iban surgiendo. Era admirable observar la destreza con la que trabajaba, reflejo directo de una inteligencia superior y de una visión empresarial innata. Tales virtudes le fueron reconocidas ampliamente en vida en cada uno de losemprendimientos que lideró o integró, donde siempre tuvo la capacidad de aportar ideas originales de un valor indiscutible.Gabriel Bendersky AssaelArquitecto de Mercaz En estos momentos de recuerdo, en los que intento echar el tiempo atrás y buscar las primeras resonancias de José “Pepe” Codner (Z”L) en mi memoria, estas aparecen temprano, probablemente al final de mi niñez. Pepe era el único hijo varón de Sara Chijner de Codner (Z”L), “la Sarita”. La Sarita era muy buena amiga de mi abuela materna, Jenny Camhi de Assael (Z”L), “la Nona”. Ambas señoras, ya viudas, se acompañaban fraternalmente en viajes por su Europa natal.A fines de los años 70 y comienzos de los 80, sin conocerla personalmente, yo escuchaba fantásticas historias y anécdotas de la Sarita, contadas por mis hermanos mayores que habían tenido la suerte de compartir con ellas en alguno de esos viajes. Hablaban de una mujer grande, divertida sin pretenderlo, pícara y graciosa, muy hábil y muy querible. Por esos tiempos, “Pepito”, como ella le decía, era su ángel guardián. Y Pepe ya era un respetado empresario.A fines de los 80, cuando cursaba quinto año de Arquitectura, tuve la ocasión de ser acogido en casa de Pepe y su esposa Perlita. Ahí conocí al hombre del que tanto había oído. Constaté su sentido de familia, inquebrantable y amoroso. Advertí su pasión por los viajes, por las ciudades antiguas y los destinos cultos. También por la Excelencia, la Belleza y la Calidad en las cosas. Conmigo le gustaba conversar de esquí, pasión que detectó en mí y que él, por supuesto, practicaba. Orgulloso me decía: “Gabriel, ¿tú sabes que yo tengo unos Lacroix?”. Daba a entender que usaba esquíes fabricados a mano, algo muy exclusivo en aquella época.El tiempo nos volvió a juntar. A mediados de los 2000, a pocos años de mi regreso a Chile tras mis estudios de postgrado afuera, y nuevamente a cargo de la oficina de arquitectura de mi padre, Jaime Bendersky Smuclir (ZL), con quien Pepe compartía afectos mutuos, recibí una llamada para asistir a una reunión en Alonso de Córdova 2600, segundo piso. Ese sería el lugar donde tendría el primero de muchos encuentros fascinantes para mí.Pepe se había hecho cargo de gestionar el financiamiento y el posterior proceso de construcción del nuevo Mercaz. El comité que él presidía contaba con un anteproyecto arquitectónico confeccionado por otro arquitecto, y me llamaban para empujar y dirigir su desarrollo en un cargo rimbombante que nunca acepté: “Gerente de Arquitectura”. Mi formación y mi naturaleza me lo impedían. Les ofrecí, en cambio, hacerles un proyecto nuevo, manteniendo las superficies aprobadas municipalmente. Yo sería el autor, pero el otro arquitecto lo firmaría. Pedí tres meses para ilustrarme, estudiar y diseñar un anteproyecto desde cero. No era lo que esperaban como respuesta, pero Pepe confió en mí y aceptaron la propuesta.Transcurrido ese tiempo les presenté un proyecto mucho más ambicioso de lo que todos imaginaban. Sentíamos que, por su significado y trascendencia para la comunidad, este debía ser un proyecto memorable, de gran nobleza. Pepe lo entendió y lo hizo suyo de inmediato. Para él este sería un reto mayor, más difícil, más trabajoso y más desafiante. Y eso sintonizaba con su naturaleza.Desde ese día, y por cuatro años seguidos, Pepe se abocó con todo su ser, su alma y su intelecto a hacer realidad este sueño. Yo también me entregué por entero a este proyecto, dejando aspectos de mi vida personal a un lado. Tuve la fortuna y la dicha de acompañarlo codo a codo por ese camino pedregoso y accidentado. Nos conectamos emocionalmente. Había en él una pasión desbordante y cautivadora. No había horarios que detuvieran el intercambio de ideas entre ambos. Un llamado de Pepe a las dos de la madrugada: “Gabriel, se me ocurrió una idea, estuve trabajando en la planilla, dale una mirada y la comentamos”, era un clásico. Trabajaba de sol a sol, con una garra y una convicción que resultaban magnéticas.Pepe era exigente y se involucraba en todos los temas, aunque no fuesen de su competencia, pero sobre todo tenía la virtud de ser muy respetuoso con todos quienes tuviéramos algo interesante que aportar desde nuestras disciplinas. Detrás de esa exigencia había humildad y mucha sabiduría.Llegar a Alonso de Córdova, segundo piso, me alegraba el espíritu. Al entrar a su sala de reuniones, Pepe te recibía con un brillo en sus ojos. Ese brillo simbolizaba una complicidad tácita. Así partían largas jornadas de trabajo intenso. Transpiró, sufrió, pero también gozó cada detalle que hoy está materializado en el Mercaz.Pepe fue un soñador, un apasionado, un luchador. También era duro, súper exigente, retaba a todos. Pero era valiente, era sincero y era de verdad.Lo llevo en mi corazón desde hace años, y lo seguiré llevando por siempre.Nicolás Tagle SwettAbogadoJosé Codner Chijner: una fuerza que no se deteníaHace algunas semanas partió José "Pepe" Codner Z”L, y con él se fue una de las energías más singulares que he conocido. Fui su abogado durante más de veinticinco años, testigo privilegiado de una vida dedicada a construir, ayudar y no rendirse jamás.Pepe fue un empresario exitoso, pero reducirlo a esa palabra sería injusto. Era, ante todo, un motor. Tenía una capacidad de liderazgo casi salvaje, una fuerza extraordinaria que lo llevaba a impulsar proyecto tras proyecto, muchas veces más rápido de lo que el tiempo le permitía terminar. Le faltó tiempo, sí, porque su cabeza siempre estaba varios pasos adelante, imaginando la siguiente obra, el siguiente desafío.Cuando alguien le pedía ayuda, Pepe no se limitaba a dar un consejo. Se hacía cargo. Buscaba la solución con la misma insistencia con que revisaba, computador y planilla Excel en mano, cada número y cada idea. Esa imagen —Pepe frente a su pantalla, analizando, proponiendo, discutiendo— es quizás la que mejor lo resume: un hombre que pensaba con rigor y actuaba con pasión.Fue un hombre correcto y honesto, y un padre extraordinario. Junto a su esposa Perla formó una familia con tres hijas maravillosas, y ese amor por los suyos se extendía, de una manera muy particular, a toda la comunidad. Fue un gran promotor y protector del judaísmo en Chile y en Israel, siempre preocupado no solo de crear obras, sino de asegurar cómo se sostendrían y financiarían en el tiempo. No le interesaba inaugurar algo para la foto: quería que perdurara.Ayudó a muchos sin que se supiera. Tuve el privilegio de acompañarlo en la implementación de varias de esas ayudas anónimas, entregadas sin pedir nada a cambio, muchas veces sin que el beneficiario supiera siquiera de dónde venía la mano que lo sostenía.Trabajar con él, junto a su amigo Salo y tantos otros, en la construcción del Mercaz, fue una de las experiencias más intensas de mi vida profesional. Era una obra que parecía imposible, y que se materializó gracias a su obstinación y su espíritu emprendedor. No olvidaré esas reuniones eternas, que no terminaban hasta encontrar una buena solución, ni la tenacidad con que Pepe se negaba a aceptar un "no se puede".Era exigente, y de él aprendí que hay que trabajar duro, no darse por vencido, y buscar siempre a la persona detrás del problema. Podía enojarse con alguien en una reunión, pero al día siguiente, sin falta, llamaba para disculparse y explicar su punto de vista. Esa honestidad emocional, esa capacidad de reconocer y reparar, decía tanto de él como sus logros empresariales.No le gustaban los cargos ni los títulos. Pepe ejecutaba: ideas, proyectos, negocios. Ese fue siempre su lenguaje.Tuve el honor de formar parte de su historia, y él de la mía, doy gracias a Dios por aquello. Chile, la Comunidad Judía y quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, le debemos mucho. Descansa en paz, Pepe.Pabla GaínzaAbogadoJosé Codner, Z"L: el soñador que no aceptaba un no por respuestaUn homenaje personalCuando conocí a Jose Codner, para comenzar a trabajar en el proyecto del Mercaz Kehilati, asistí a una reunión en la que estaba él junto a otros miembros del directorio de la Comunidad Israelita de Santiago de esos años. Me hizo muchísimas preguntas con un tono de voz socarrona, tratándome de “pillar” con una actitud desconfiada y despectiva, yo con calma y respeto respondí todas sus preguntas y le aclaré varios conceptos errados y confusos, en especial en materia urbanística. Al poco andar, me llamaron de la CIS y me dijeron que don José quería que formara parte de su equipo.Llegué a una primera reunión y luego de las presentaciones de rigor me dijo, ¿sabe cuál es el mayor logro de un judío? No, le respondí…me dijo, “tener un nieto judío”, luego me dijo siéntese, que yo le voy a explicar el por qué… me habló de la cultura, la religión, la tradición, y esa persona que me hablaba era tan distinta a la de la reunión con otros empresarios y directores, habló de un sueño de construir una gran sinagoga con un salón de eventos, una sinagoga pequeña para uso diario, salas de clases para impartir clases de cultura, religión, un centro de encuentro para la juventud judía con cafetería, piscina, con un gran estacionamiento subterráneo y seguro. Soñaba con algo grande, luminoso y moderno, el proyecto era enorme se veía imposible pues había que financiarlo con donaciones y me invitó a ser parte de un equipo para hacerlo realidad. Fue tal su convicción y pasión al describir su proyecto que rápidamente me convencí, y como soy también soñadora, y me encantan los grandes desafíos, acepté. Fue ahí cuando conocí a este gran hombre, que no aceptaba un no por respuesta, de carácter difícil, de ritmos intensos, cuando llegaba a mi oficina en la mañana ya tenía 8 correos de José Codner solicitando contratos, informes, pidiendo reuniones, si bien porqué estaba en otro país con diferencia horaria o porque no había dormido pensando en el Mercaz Kehilati. En el largo proceso de sacar adelante el proyecto, las peleas con la autoridad, los problemas con la constructora, el difícil financiamiento, etc. etc. Me hablaba de su amada Perlita, su señora, su compañera de vida, lo maravillosas que eran sus hijas, lo “listos” que le habían salido los nietos y así se generó una amistad, respetuosa, con el cariño y la lealtad de las personas que comparten un desafío, una meta, el amor por los hijos, la familia, el trabajo bien hecho, y el enfrentar los desafíos con pasión.El empresario de difícil trato, a quienes muchos le temían, amaba y se sentía orgulloso de ser judío y quería dejar un legado, y ayudar a su comunidad, siempre pensaba en las generaciones futuras, sus nietos y los niños judíos eran su motivación, buscaba que tuviesen un lugar de encuentro, moderno, amplio y seguro. El Mercaz sería ese lugar, soñaba con verlo lleno de niños y jóvenes haciéndolo propio.Con él trabajé también en otros proyectos que no tuvieron un final feliz como el Mercaz, como intentar mejorar el cementerio Judío, cambiar el uso de suelo para vivienda social, para lograr financiamiento, mejorarlo y modernizarlo; partimos soñando un Instituto Hebreo moderno, unido a un hogar de acogida de ancianos, donde abuelos y nietos vivieran sus costumbres y religión en un lugar de acceso fluido, con consultas médicas, áreas de deportes y restaurant de comidas típicas judías, donde los niños pudiesen ir a ver a sus abuelos sin salir del lugar, donde la sinergia de las edades hiciera una comunidad férrea y unida.Cuando su señora se enfermó me convocó para construir una ciudad para enfermos de alzhéimer, buscaba 20 hectáreas, para replicar en chile un proyecto similar al existente en Amsterdam que tenía mucho éxito, implicaba por la dimensión, hacer una ciudad con viviendas y negocios, salas de clases para doctorandos e investigación, residencias médicas, laboratorios, por la superficie tendría que estar en las afueras de Santiago, encontró un lugar en Nos, cerca del Metrotrén, sería lo más moderno y lo más grande de Latino América, requería el patrocinio de una universidad, pero los médicos y profesores con quien quiso trabajar no lo acompañaron ni en el sueño ni en el desafío, y este sueño que buscaba entregar un tratamiento a cientos de personas, se fue diluyendo y al final, enterró su proyecto, me dijo tengo los medios para darle lo mejor a mi señora, no necesito convencer a otros, sin ella como mi apoyo, ya no tengo la energía de convencer a nadie para grandes proyectos.La última vez que lo vi, estaba muy complicado de salud, había enviudado y me dijo que la pérdida de su señora había implicado que se le había acabado el motor que le daba fuerzas para vivir. Conversamos de todos los proyectos que no pudo hacer, me dijo, “sé que soy un viejo fregado Pabla, gracias por aguantarme de manera tan profesional, pero al menos hicimos el Mercaz”, le comenté que era un tremendo proyecto y le dije que debía estar orgulloso de haberlo terminado con éxito…. Se produjo un silencio entre nosotros y le dije Pepe usted debe estar orgulloso, porque tiene nietos judíos…, se rio recordando la primera lección que me dio cuando nos conocimos…. Me paré, le di un abrazo y me fui caminando y pensando en lo afortunada que fui al haber conocido un gran hombre no solo del CIS, sino que del país.José Codner deja un legado que trasciende el hormigón y los planos: el Mercaz Kehilati, hoy en pie, es testimonio de la convicción de un hombre que soñaba en grande para su comunidad y para las generaciones que vendrían.Zijrono Libraja — que su memoria sea una bendición.

