Daniel Kord, ex alumno del Instituto Hebreo:

Ya está en Chile ingeniero que fabricó computador de nave Beresheet

Invitado por el Consejo Chile-Israel de Ciencia y Tecnología, el destacado profesional nacido en Santiago llegó para contar su experiencia en el diseño de computadores robustos para la industria aeroespacial, para empresas como Boeing, Nasa y SpaceIL.

El presidente de la organización sin fines de lucro SpaceIL, Morris Khan, anunció que conducirá un nuevo intento de aterrizar un módulo espacial israelí en la Luna, que se denominará Beresheet 2. El equipo ya se reunió para comenzar la tarea. Khan tiene intenciones de reunir un nuevo grupo de donantes, y para ello designó el equipo que encabezará.

“Comenzamos algo y tenemos que terminarlo. Pondremos nuestra bandera en la Luna”, expresó Kahn.

El módulo espacial Beresheet (Génesis) debía alunizar hace algunas semanas, pero minutos antes del aterrizaje se perdió el contacto con el aparato, que finalmente se estrelló en la Luna. A pesar del fracaso del alunizaje, el módulo espacial convirtió a Israel en el séptimo país cuya nave espacial orbita la Luna.

La pequeña nave espacial, la primera en el mundo financiada en forma privada, se estrelló en la superficie de la Luna durante el intento de alunizaje, aparentemente debido a un desperfecto técnico que hizo que su motor principal se detuviera durante el descenso, haciendo que el módulo se precipitara prácticamente en caída libre.

Pese al desencanto inicial, distintos profesionales y empresas involucradas en el proyecto ya están a bordo de la nueva intentona. Entre ellos, Daniel Kord, ingeniero en computación y gerente general de Aitech Systems, la firma que diseñó y fabricó el computador secundario de la Beresheet.

Daniel Kord nació en Santiago en el año 1953 y se graduó del Instituto Hebreo a fines de 1971.

“Como alumno, siempre fui uno de los mateos del curso. Los últimos dos años en el colegio armamos un grupo porque queríamos hacer aliá todos juntos a Israel, para estudiar allá. Siempre tuve pasión por la ingeniería y me apasionaba la idea de hacerlo en el Technion”, recuerda.

Para lograr la meta, todos se prepararon en forma muy exhaustiva. “Los requerimientos de ingreso a las universidades israelíes eran muy altos, así que nos conseguimos el currículum de las materias y durante más de un año hacíamos clases particulares de física, matemática e inglés todos los martes. Y finalmente llegó el momento, y a fines de enero de 1972 partimos en un viaje en barco enviado por la Sojnut”.

Kord ingresó al Technion y estudió un primer título de ingeniería eléctrica. “Se alargó un poco, porque en el intertanto fue la guerra de Iom Kipur y yo estuve en el norte, en el kibutz Dafne, trabajando como voluntario para reemplazar a los hombres que estaban reclutados. Me casé a fines de 1978 y logré postergar el servicio militar para terminar mi segundo título de ingeniero en computación”.

-¿En la universidad tuviste alguna acercamiento al tema aeroespacial?

-La verdad es que no. Pero al final del segundo título me enrolé y me asignaron a la Marina donde estuve cinco años como oficial de electrónica y computadores. Fue un período duro, pero a la vez reconfortante, porque sabía que estaba haciendo algo positivo por el país. Y además fue muy bueno desde el punto de vista profesional.

-¿Y cómo llegas entonces a la industria aeroespacial?

-Durante el tiempo que servir en la Marina me tocó trabajar con computadores robustos, que son los que se usan en los barcos, aviones, tanques y todas las plataformas militares. Cuando me licencié de la Marina y fui a buscar trabajo, opté por la oferta de un emprendimiento nuevo, una compañía qué se llama Aitech Systems, a la que ingresé en el año 1985, cuando tenía solamente un año de existencia. De hecho, yo entré como el empleado número 7 y hasta hoy la credencial de la empresa dice Daniel Kord 007”.

Con el paso del tiempo la empresa creció y hoy tiene más o menos 200 trabajadores. Kord realizó diversas tareas, hasta que el fundador de la empresa lo puso como segundo de abordo, en el cargo de gerente general, y en ese papel ha estado desde el año 1994.

Ingeniero sí, astronauta no

Pese a que la gran mayoría de los niños sueña con ser astronauta, Daniel Kord tenía la película clara desde pequeño. “Nunca tuve esos sueños de ser astronauta, a mí siempre me gustaron las cosas técnicas. Soy de esos que quieren entender cómo funciona todo, la televisión, los autos, los computadores, etc”.

“De hecho, nuestro acercamiento a los temas espaciales empezó el año 1998, cuando tuvimos la posibilidad de hacer un proyecto para la empresa Boeing de Estados Unidos, que estaba trabajando en el proyecto de la Estación Espacial Internacional. La verdad es que eran requerimientos bastante complejos, los estudiamos, nos asesoramos y al final postulamos al proyecto pidiendo un precio muy alto… y lo aceptaron”.

Kord asegura que en Israel han fabricado unas 100 tarjetas electrónicas que están instalados en la Estación Espacial Internacional. “Eso nos abrió las puertas en Boeing y en otras empresas. Por eso, en 2001 abrimos una subsidiaria en Estados Unidos, dedicada principalmente a los temas del espacio, porque estaba más cerca de los clientes que se dedican a estos temas y es mejor moverse en inglés y con gente local”.

-¿Qué significa estar conectado a esta industria siempre tan vanguardista?

-Bueno, hay que mantenerse al día, tenemos gente muy capacitada, con contactos en Nasa y en otras industrias, ya sea de satélites, cohetes o naves espaciales. Los últimos años la industria espacial ha sufrido un cambio de enfoque importante que se ha denominado new space. En los esquemas de la industria espacial tradicional, la premisa es que el computador tiene que ser a prueba de fallas, pero ahora surgió la idea de utilizar computadores qué tal vez no sean infalibles, pero se pueden usar 3 en vez de uno y por lo tanto siempre habrá dos de tres funcionado, lo que implica costos mucho menores.

Beresheet ayer y mañana

Daniel Kord recuerda que la nave Beresheet fue una iniciativa de Space IL, una organización privada sin fines de lucro que se formó originalmente para participar en un concurso de Google que ofrecía un premio de dos millones de dólares a la organización privada que lograse aterrizar en la luna, desplazarse 500 metros y tomar fotos de alta resolución.

“En Israel se formó un grupo de ingenieros, pero más que nada de soñadores, porque no tenían experiencia en temas espaciales y comenzaron a bosquejar las opciones. Con rapidez descubrieron que el problema más grande que iban a tener es la falta de fondos y por ahí lograron entusiasmar con el proyecto a millonarios judíos, especialmente a Morris Kahn, quién tomó este asunto muy en serio”.

-¿Cómo fue el proceso de la Beresheet?

-Este proyecto partió de cero, porque no existía nada parecido ni en Israel ni en otro lugar del mundo, ya que el objetivo era lograr aterrizar en la superficie lunar con el mínimo costo. Nosotros no tomamos parte en el diseño conceptual de la nave, pero obviamente en algún momento llegaron a tocar el tema de la electrónica y la computación y gracias a la recomendación de la Israel Aircraft Industries (IAI), nos contactaron.

-¿Qué fue lo que ustedes hicieron para la Beresheet?

-La Beresheet usaría el mismo computador primario que usa la mayoría de los satélites que la IAI ha lanzado, pero el asunto es que ese computador resuelve solamente una parte de los desafíos, ya que es un computador genérico con fuentes de comunicación y de interacción muy limitadas. Para conectarse con los distintos mecanismos de la nave se requería un segundo computador, un computador secundario, denominado input-output box, diseñado a medida para poder comunicarse en forma correcta con cada uno de los equipos, instrumentos y elementos en la nave espacial. Ese computador secundario fue el que nosotros diseñamos y fabricamos.

-¿Cómo viviste el tema de lanzamiento y en alunizaje fallido?

-No estuvimos presente en la sala de control, porque había mucha gente importante, pero estuvimos en contacto telefónico todo el tiempo desde el lanzamiento hasta el final, porque hubo problemas y cosas que corregir. A fin de cuentas, era algo nuevo que nunca había sido probado y muchas cosas pasaron en el camino. Hay que entender que todo este equipo éramos novatos en lo que significa mandar una nave a la Luna y creo que en cierta medida todos pagamos el noviciado, porque todo anduvo bien hasta los 5 minutos finales.

-Ya se anunció el proyecto Beresheet 2. ¿Si los convocan van a participar?

-En primer lugar, la respuesta es absolutamente sí. Para nosotros no es en modo potencial, nosotros ya estamos en negociaciones con Sapece IL para la segunda generación del computador secundario y ya entregamos nuestra propuesta. Por supuesto hay muchas lecciones que aprendimos todos los que participamos, y obviamente hay cosas que debieron hacerse de mejor manera y ahora que lo sabemos podemos corregirlo, pero en gran parte el proceso será similar, porque al final de cuentas se trata de un equipo electrónico muy delicado y con la nave en el espacio lo único que podemos hacer son actualizaciones de software.

Por LPI