Por Yael Hasson:

WIZO en la ola feminista

Vivimos un momento de excepción a nivel global en múltiples planos. Ideas que a nivel político y social dábamos por sentadas, se ven hoy desafiadas, lo que a veces nos desconcierta. Al mismo tiempo, la ciencia y la tecnología ven expandirse sus fronteras y el cambio cultural experimenta un renovado impulso. Es en este último ámbito, donde la reivindicación de derechos de la mujer se canaliza a través de movimientos que han puesto de relieve la discriminación y la demanda por denunciar estereotipos que encasillan el rol de la mujer a ámbitos de menor influencia y relevancia, banalizándola como ser humano, impidiendo que cuente con efectiva igualdad de derechos y oportunidades.

Asistimos a lo que se denomina una nueva ola feminista, uno de cuyos hitos más importantes es, sin lugar a dudas, el movimiento #Metoo que denuncia el abuso y el acoso sexual. Nacido en Hollywood, ha servido para dar renovada fuerza a mujeres anónimas en diversos lugares del planeta que, junto con apelar a los canales tradicionales de denuncia, recurren a las redes sociales y al ciberactivismo para expresar su rechazo ante situaciones de humillación, discriminación y vergüenza. La violencia de género ha salido a la luz pública y escuchamos testimonios que no solo nos duelen, sino que hacemos nuestros porque, como bien diría la escritora Marcela Serrano: “Toda mujer reconoce en la otra, aunque sea con temor, una probabilidad de sí misma”. Vamos advirtiendo que la violencia contra las mujeres no se remite a aquel ámbito privado que compromete relaciones afectivas, sino que contagia otros, como el trabajo, los estudios e incluso la calle, tal como lo demuestra el malestar ante ese piropo que, cuando no surge de una familiaridad consentida, es un acoso indesmentible, confirmando que se trata de un fenómeno cultural muy arraigado.

Chile no ha estado ajeno a ello. Es más, resulta interesante – al tiempo que también levanta muchas preguntas – el hecho de que nuestro país haya sido especialmente receptivo, sobre todo si lo comparamos con otros países de América Latina, a los impactos de dicha ola feminista. Es importante analizar los aspectos de fondo que se están planteando, y en qué medida esta nueva ola es capaz de producir cambios efectivos en la sociedad. No cabe duda que la ola actual, que nace en las universidades, es una lucha por el respeto a la propia identidad, por marcar un sello de las mujeres como agentes de cambio en los procesos y transformaciones culturales y sociales que vivimos como país y terminar con estereotipos que trivializan nuestro papel en la sociedad. Un solo e impactante dato: en Chile las denuncias por agresiones sexuales en los colegios aumentaron 32% en 2017.

Si bien los medios colocan el foco en la problematización de las relaciones entre profesores y estudiantes debido a casos de abuso encubiertos por una cultura machista, son muchos otros los espacios donde se juegan las asimetrías en las relaciones de poder, un ejemplo puesto en evidencia es la contrastante realidad de contar con solo tres rectoras mujeres en cincuenta y seis universidades.

La sociedad chilena parece ser consciente del problema. Una corriente mayoritaria de la población apoya la movilización de las chilenas, una movilización que va escalando a otros espacios distintos a los que vieron su origen. Los medios de comunicación se han visto desafiados por la relativa ausencia de mujeres en los espacios de opinión y de debate público y el gobierno que recién asumió en marzo pasado, se ha visto obligado a redoblar su apuesta. Ha presentado en el mes de mayo una Agenda de Género de doce puntos, a lo que se suma la iniciativa de la Ministra de la Mujer y Equidad de Género de instalar un comité interministerial para que todos los ministerios monitoreen las inequidades junto con la solicitud de crear comisiones y/o unidades de género allí donde sea necesario.

Esta nueva ola será evaluada, no solo por los avances que logre en los espacios académicos, sino también por lo que suceda en el ámbito de las relaciones laborales, combatiendo también en ese lugar el acoso, la no discriminación salarial, el ascenso efectivo de las mujeres a puestos directivos y de responsabilidad y la opción por vocaciones tradicionalmente masculinas como las áreas STEM, entre otros.

Desde WIZO Chile vemos este tiempo para el mundo y para Chile con esperanza y entusiasmo. No son demandas que nos asusten y menos que nos sorprendan, porque nuestra organización, en materia de preocupación por la condición de las mujeres, ha sido pionera. Tenemos antigüedad, traducida en experiencia, en lo que a impulsar los derechos de las mujeres se refiere. Fuimos también, tempranamente, una organización con visión global. Cuando dimos los primeros pasos, lo hicimos vislumbrando el potencial del voluntariado femenino, la entrega y el trabajo desinteresado de mujeres en favor de otras mujeres y de sus hijos, como nutriente indispensable de capital social en toda comunidad.

Con vistas al cumplimiento de nuestro primer centenario, en dos años más, la energía igualitaria que recorre al mundo y también a Chile, viene a confirmar la visión de nuestras fundadoras, la vigencia y actualidad de nuestra misión, así como la renovación de nuestro compromiso con la emancipación de las mujeres, tanto en Chile como en Israel.

Por Yael Hasson.
Presidenta WIZO Chile.