Entrevista a los diputados israelíes Shmuli y Glick:

Visiones encontradas y puntos en común

La diversidad es, al mismo tiempo, una de las fortalezas y uno de los desafíos más importantes de la sociedad israelí. Por eso, la oportunidad de conversar con dos parlamentarios de la delegación de la Knesset que visitó Chile en los últimos días es especialmente interesante, sobre todo cuando se trata de dos políticos que no sólo vienen de orígenes disímiles, forman parte de segmentos de la sociedad diferentes, pertenecen a corrientes religiosas distintas y son de generaciones diferentes, además de representar ideas políticas a veces contrapuestas, pero que sin embargo tienen tres grandes puntos de encuentro: el sionismo, el judaísmo y la democracia.

Así fue con Itzik Shmuli (Unión Sionista) y Yehuda Glick (Likud), quienes fueron parte del grupo de seis diputados israelíes que visitó Chile los días 30 y 31 de julio recién pasados, en el marco de una gira por nuestro país, Perú y Argentina, con la finalidad de estrechar relaciones bilaterales en la región.

La delegación la integraban además los parlamentarios oficialistas Merav Ben-Ari (Kulanu), David Amsalem (Likud), David Bitan (Likud) y el opositor Haim Yelin (Yesh Atid), quienes sostuvieron reuniones con representantes del Gobierno y congresistas chilenos, además de un encuentro con alumnos del Instituto Hebreo.

Así, mientras Shmuli (37) es uno de los miembros más jóvenes de la Knesset, vive en el kibutz Ein Gedi, fue dirigente de la Unión de Estudiantes de Israel y saltó a la política desde las protestas sociales en contra de la desigualdad y el costo de la vida del año 2011, Glick (52) es un conocido activista religioso, nacido en Estados Unidos y residente de Otniel, que alcanzó notoriedad pública por liderar la Fundación Patrimonial del Monte del Templo, que reivindica la conexión judía milenaria con la también llamada la Explanada de las Mezquitas en Jerusalem, siendo víctima de un atentado a manos de un fanático árabe en el año 2014.

-Ustedes vienen de distintos segmentos de la sociedad israelí, al mismo tiempo representan a distintos sectores políticos, pero ambos pasaron de los movimientos sociales a la política.

-Yehuda Glick: Este es mi primer período en la Knesset, pero desde hace un tiempo que estoy activo en la arena pública: estuve en el Ministerio de Absorción en los ’90, estuve muy involucrado en la inmigración rusa, luego la sudamericana y la francesa; más adelante fui Director del Distrito Sur, pero renuncié con el plan de desconexión de Gaza, y luego me involucré en el tema de Jerusalem y el Monte del Templo, y la centralidad del mismo. Para mí todas estas cosas son parte de una sola cosa: el sionismo moderno, la idea de que el Pueblo Judío debe volver a su tierra ancestral, ya sea a través del regreso de miles de judíos a través de la migración o bien a través del fortalecimiento de Jerusalem como nuestra capital. Además, hoy en la Knesset estoy involucrado en el diálogo entre los distintos grupos de nuestro país y entre Israel y la Diáspora, porque siento que ahora es el momento para trabajar en la inclusividad, uno de nuestros enemigos en el mundo y en Israel es el hábito de no escuchar, que divide a nuestra sociedad, y es importante desarrollar un oído que escuche, que entienda que nadie tiene toda la verdad.

-Itzik, ¿qué lo motivó a Ud. a entrar a la Knesset?

-Itzik Shmuli: Decidí ingresar a la Knesset porque quería estar en el lugar donde se toman las decisiones y donde se trata de cambiar la realidad, ver lo que está mal y lo que hay que corregir. Y desde entonces, en el 2012, he tratado de ser la voz de los sin voz en Israel. Creo que tenemos un estado fantástico, piensa que hace 70 años era un desierto y muchos judíos de todas partes del mundo llegaron a él a construir el Hogar Nacional del Pueblo Judío. Hoy Israel se destaca en muchos ámbitos, pero al mismo tiempo pienso que tenemos algunos desafíos internos y quiero ser parte de la fuerza que busca resolverlos. Por ejemplo, tenemos un desafío respecto de la pobreza, la diferencia entre ricos y pobres, la división en la sociedad israelí, y eso sumado a que estamos en un vecindario difícil, y aunque después de 70 años la pregunta ya no es si Israel puede subsistir, porque puede, sino qué tipo de país queremos tener.

-Israel se caracteriza por tener una sociedad muy diversa, lo que es al mismo tiempo una de sus riquezas pero también una complejidad, ¿cómo contribuyen Uds. desde la Knesset a mantener la paz social,  al “Shalom Bait” de la sociedad israelí?

IS: Creo que Israel tuvo éxito en abrir sus puertas a muchos judíos de todas partes del mundo en sus 70 años, millones de judíos vinieron, cada uno de diferentes contextos, y aun cuando tenemos algunos desafíos con la población árabe, por ejemplo, y también con algunas minorías judías, creo que ahora la mayoría de los políticos entendemos que tenemos que fortalecer nuestros lazos sociales si queremos ser una nación y un país. Creo que en esta área nuestro liderazgo tiene un trabajo único y muy importante, porque tenemos que ser el cambio en Israel, tenemos que mostrar a la gente cuáles son los valores que tenemos que promover y en este sentido creo que nosotros como líderes tenemos mejorar.

-YG: Lamentablemente creo que nosotros en la Knesset no siempre somos un buen ejemplo. Muchas veces, en el día a día, a la sociedad israelí le va mejor de lo que nos va a nosotros en la Knesset, pero creo que al mismo tiempo, detrás de las cámaras, cuando no estamos expuestos, hay mucha cooperación y en muchos temas. Creo que nosotros, como líderes, no tenemos que tener miedo de expresar nuestras visiones, pero al mismo tiempo debemos encontrar denominadores comunes; es importante no pasar por encima de nadie y dar a nuestra la gente la certeza de que todas sus visiones son escuchadas.

-Pasando a otro tema, ¿qué tan al tanto están de la situación que vivimos las comunidades judías en la Diáspora, especialmente la comunidad chilena, con un creciente antisemitismo y propagación de la campaña de difamación y boicot de Israel?

-YG: Cuando visitamos el colegio pudimos escuchar a los jóvenes expresar esta preocupación y me causó mucha admiración escucharlos, porque sienten -por una parte- que de verdad quieren fortalecer su identidad judía, y quieren desarrollarse y crecer acá en Chile, pero saben que no pueden caminar libremente con símbolos judíos en sus ropas o bolsos, y están muy conscientes de lo que está pasando en las redes sociales. Nosotros estamos al tanto de esto, en mis ojos BDS es el antisemitismo moderno. No es que Israel no tenga nada que mejorar, pero creo que en general Israel es lo que está bien en el Medio Oriente y no lo que está mal.

Estamos muy conscientes de no dañar a personas inocentes, pero al mismo tiempo proteger nuestras fronteras y a nuestra gente. Y creo que las críticas en el mundo están lejos de ser objetivas, entonces primero tenemos que fortalecer nuestras conexiones con el mundo judío y darles la certeza de que estamos con ellos, apoyándolos, y que nosotros los necesitamos tanto a ellos como ellos a nosotros. Y también tenemos que hablar con sus líderes, que es lo que vinimos a hacer en este viaje, a presentar los hechos: no queremos que apoyen a Israel, queremos que apoyen la verdad, que estén del lado de los justos y no del mal.

-IS: Estoy de acuerdo de que cuando se trata de temas de seguridad, no hay diferencia entre izquierda y derecha en Israel, ya sea estemos hablando del conflicto en la Franja de Gaza o en la frontera en el Norte de Israel, con Siria y Hezbolá. Hay una gran discusión en Israel sobre cuál debiera ser la solución al conflicto, Yehuda y yo tenemos visiones muy diferentes, pero creo que si al final sí se quiere mantener la mayoría judía en Israel y si queremos mantener nuestros valores democráticos, tendremos que dividir al país en dos estados. Entonces, en este sentido, en ambos lados el liderazgo debe hacer más para promover el diálogo y la paz. Tenemos un vecino muy complicado y difícil, porque no hace lo suficiente para detener la incitación, les paga salarios a los terroristas y para mí, siendo un miembro de la izquierda, esto es algo inaceptable. Pero al mismo tiempo Israel busca ojalá en algún momento alcanzar un acuerdo de paz con los palestinos. Y en cuanto a la comunidad internacional, en especial BDS, creo que si lo que quieren es demonizar a Israel, entonces no quieren hacer la paz con nosotros. Por eso estamos en contra de BDS, el propósito de este movimiento es negar la existencia de Israel y eso es algo que no podemos aceptar. Entonces creo que en Chile el liderazgo tiene que aceptar que la realidad no es tan simplista, que es compleja y que cuando apoyas un solo lado sin entender la realidad, no veo cómo puedes solucionar el problema.

-YG: Para mí, si queremos proteger tanto el carácter judío como el carácter democrático de Israel, no podemos siquiera pensar en establecer un estado palestino al lado nuestro. Veamos lo que pasó en Gaza, donde habían 5.000 judíos viviendo y se pensó que retirándolos de ahí la situación sería tranquila, pero no fue así. Y no podemos permitir eso pase también cerca de nuestra capital, Jerusalem, o cerca de Tel Aviv; no podemos cometer el mismo error nuevamente. Además creo que los palestinos se pueden beneficiar del Israel moderno. En 70 años hemos desarrollado un estado con un presupuesto anual per cápita de $ 45.000 dólares y ellos se mantienen en campos de refugiados, culpando a Israel de su situación en vez de desarrollar a su pueblo. Y eso a pesar de que la comunidad internacional ha invertido hasta ahora $ 10 billones de dólares en Gaza, entonces hay que separar lo que es verdad de lo que no y decirle a BDS que no se puede satisfacer el apetito de los terroristas, porque siempre quieren más. Lo vimos con el error de los Acuerdos de Oslo, en que fuimos muy generosos y murieron 2.000 israelíes y 2.000 palestinos. No queremos volver a eso ni a las bombas en buses ni restaurantes. Entonces no tiene que haber nada de tolerancia, cero tolerancia al terror, y tenemos que fortalecer sobre todo a los palestinos moderados, no a la Autoridad Palestina, que apoya a los terroristas. Tenemos que apoyar a quienes quieren vivir pacíficamente con nosotros.

-IS: Creo que no hay duda en que no hay que tolerar el terrorismo, pero no creo que se pueda esconder el conflicto nacional entre árabes y judíos. La pregunta que me hago a mí mismo es en 20 años más qué vamos a hacer cuando estemos en una realidad en que la mayoría de la población de Israel no sea judía y no veo la posibilidad de dividir el país en dos estados como un regalo para los palestinos, sino como una opción para mantener Israel como judío y democrático. Además, sobre la comunidad internacional, muchas veces la visión sesgada de los medios y de algunos legisladores son un obstáculo para nosotros para mostrar a la gente en Israel de que el mundo entiende lo que está pasando. Entonces creo que no hay más opción que negociaciones directas entre ambas partes de manera de al menos promover un diálogo y alcanzar alguna vez un acuerdo de paz.

-Sobre la ley del estado judío, que ha estado profusamente en los medios, ¿pueden decirnos cuáles son sus posiciones y aclarar cuál es su efecto práctico?

-IS: Creo que no hay duda de que Israel es y será el hogar nacional para los judíos. Estuvimos en contra de la ley y no sólo por su contenido, sino por lo que omitió, la igualdad, de manera de que no haya duda de que Israel es un estado judío pero al mismo tiempo garantiza iguales derechos a judíos y no judíos. Y, a diferencia de lo que nuestros fundadores hicieron en la Declaración de Independencia, donde pusieron ambos principios juntos, acá el gobierno sólo está fortaleciendo el carácter judío. Esto es algo que no podemos aceptar, porque tenemos diferentes minorías étnicas y religiosas en Israel, y tenemos que asegurarles igualdad. Quiero enfatizar, eso sí, que la situación en la práctica es que todos los ciudadanos reciben igualdad de derechos, aparte de la Ley del Retorno, lo que es bueno, pero debemos garantizarlo para las próximas generaciones. Actualmente hay protestas en Israel por esta ley y creo aún es tiempo para el gobierno para cambiarla.

-YG: Obviamente no comparto, es una ley muy importante pero tampoco habla de hospitales o del sistema de aguas, no dice nada de alcantarillado ni de infraestructura, ni de la calidad del aire. Porque para eso tenemos muchas leyes en las que el Estado de Israel garantiza la igualdad, y de hecho vamos más allá para resolver cualquier situación de desigualdad que pueda existir, este gobierno ha invertido $ 15 billones de shekels en la población árabe para resolver temas de comunidad, infraestructura y educación, que generaban una desigualdad entre la población árabe y judía. Ya tenemos ocho leyes básicas que se refieren a libertad, libertad de culto, empleo, igualdad, etc. Y todos los países tienen una constitución que establece estos puntos, pero el mundo ataca esta ley por desinformación. No creo que se vaya a cambiar esta ley porque es una gran celebración que 70 años después, quizás 2.000 años después, anunciemos que Israel es un Estado Judío. Todos los otros temas, de igualdad y Derechos Humanos, no están contenidos en esta ley sino en otras leyes; esta ley se refiere a la nacionalidad. Y por qué lo hacemos ahora, porque en los últimos dos años aprobamos las otras leyes básicas y ahora finalmente aprobamos esta ley.

-IS: No hay cuestionamiento sobre el carácter nacional de Israel como estado judío, pero creo que cuando tienes una ley que define el carácter nacional del estado, tienes que prometer la igualdad para todos en la misma ley y mira lo que está pasando, drusos y beduinos que están en Israel dicen que hora se sienten ciudadanos de segunda, y creo que no debemos ir en esta dirección. Espero que la cambiemos.

-YG: Espero que no.

Por Michelle Hafemann.