Cifras alarmantes a nivel nacional:

Violencia de género, un asunto no resuelto

Conceptos culturales arraigados muy profundamente han sido determinantes para que las mujeres sigan padeciendo de este flagelo. Por eso, la Ley de Despenalización del Aborto en Tres Causales es considerada un acto de reparación frente a la desigualdad de derechos.

Al igual que la droga, la violencia de género está presente en todos los lugares y segmentos socioculturales. A veces en forma física, a veces en forma sicológica. En ocasiones, con sutileza y en otras con total desfachatez.

Es un fenómeno latente, presente, que hay que desmenuzar y abordar, que requiere mucho de educación y también de legislación, tal como queda sentenciado en las próximas líneas.

Según cifras entregadas por el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género, las mujeres víctimas de violencia de género demoran en promedio 7 años en denunciar a sus agresores. Una de las razones para dilatar la presentación de una denuncia por maltratos físicos, psicológicos o sexuales es el miedo de la víctima, que generalmente no cuenta con las redes de apoyo de cercanos, sufre de dependencia económica o tiene baja autoestima.

Por su parte, la Subsecretaría de la Prevención del Delito ha revelado que durante el año 2016 se registraron 93.545 denuncias de violencia intrafamiliar. De estos, 72.172 fueron denuncias hechas por mujeres.

En esta misma línea, los datos del Ministerio Público muestran que, de los 140.022 casos ingresados por denuncias de violencia intrafamiliar en 2015, un 46,7% corresponde al delito de lesiones, 38,8% a amenazas y un 9,3% al delito de maltrato habitual.

Sin embargo, la tasa de condenas que informa el organismo sólo alcanzó al 10%. Esto se explica, según el Ministerio Público, porque en muchos casos el o la denunciante desiste del proceso y sin su testimonio es más difícil lograr una condena para el agresor.

Una causa judía

“La lucha contra la violencia de género es una prioridad del judaísmo”. Este es el concepto central de las publicaciones de Ethel Barylka, una de las expertas en el tema dentro del mundo judío.

Licenciada en Literatura Hebrea y Filosofía de la Universidad Hebrea de Jerusalén y Master en Judaísmo Contemporáneo de la misma universidad, Barylka desempeñó durante 25 años funciones de coordinación y dirección en diversas instituciones judías, entre ellas, Yad Vashem, la Agencia Judía y la Fundación Mibereshit, dedicándose en la actualidad a dirigir el proyecto Mujer y Judaísmo, que ha tenido un fuerte impacto.

Según explica la experta, conforme a las normas de la Torá, el ejercicio de la fuerza de un hombre contra otro es considerado una transgresión: “Nuestros sabios aprendieron de esta restricción dada a los jueces un principio de índole universal, y así es mencionado en la jurisprudencia por el Shulján Aruj… Pero nuestros sabios se refirieron no sólo al golpe físico concreto, sino también a la amenaza del golpe, figura que se vuelve más relevante cuando hablamos de la violencia contra la mujer… La violencia no se encuentra únicamente en el golpe mismo, sino también en la intención del golpe. La mujer que sufre de violencia, sufre no sólo el golpe, sino de una amenaza constante de violencia, que se traduce en una permanente tortura psicológica y afectiva”.

Barylka asegura que la prohibición de golpear a la mujer se inscribe en el contexto general de la prohibición de la violencia, aunque en las normas relacionadas al divorcio también se encuentran referencias directas al tema de la violencia de género.

“Recientes fallos rabínicos ponen el énfasis en la necesidad del aislamiento social del atacante- agresor, dado que la sociedad en su totalidad acude a la solución del aislamiento de la víctima, para ‘defenderla’, recluyéndola en refugios para mujeres, mientras que el agresor continua circulando libremente…”

Iniciativas parlamentarias

En Chile, la senadora Lily Perez ha sido una de las parlamentarias que ha trabajado arduamente contra la violencia de género. “Es un tema que también hay que combatir con leyes. Yo he estado en la autoría de las leyes de violencia intrafamiliar, ley de femicidio, y he trabajado mucho en estos temas, siendo diputada y senadora. Pero las leyes tienen fuerza moral y sustento en la medida que hay acciones en el ámbito de la educación, y a Chile lo que le falta es una educación pública y privada comprometida con estos temas. Por ejemplo, hay una ausencia grande de educación en sexualidad, en igualdad de derechos y deberes de hombre y mujeres, y en respecto en temas y diferencias de identidad sexual. Falta educación, y mientras eso no cambie, subsistirá la violencia de género, que está asociada al desconocimiento, la ignorancia y la falta de educación”.

En este contexto, la senadora considera que la Ley de Despenalización del Aborto en Tres Causales es un avance en el reconocimiento de los derechos de las mujeres frente a las diferencias y la violencia de género.

“En el caso de las tres causales establecidas no hay un afán doloso, y por lo tanto no es un aborto, sino una interrupción por razones dramáticos, donde a mi juicio la mujer tiene que actuar con plena conciencia, al interior de su familia, para tomar una decisión. Esto lo conversé mucho con mi rabino, con Eduardo Waingortin, y me parece que la ley es muy coherente con los principios del judaísmo. Entonces, si la mujer decide interrumpir su embarazo por estas causales, toda mi comprensión y empatía, y si decide continuar, todo mi apoyo y admiración”.

Visión femenina

Valeria Navarro, historiadora, magister en Estudios Internacionales y doctora en Filosofía, quien ha destacado por su acercamiento a la temática, asegura que la violencia de género tiene múltiples dimensiones. “Las más evidentes y obvias son las agresiones físicas que incluso pueden llevar a la muerte, pero hay agresiones verbales y agresiones estructurales que también corresponden a violencia de género. Las estructurales suelen ser más difíciles de ver, y están relacionadas con los roles de género que se han construido a lo largo de décadas y siglos. Por ejemplo, cuando a una niña se le obliga a jugar con muñecas cuando quiere jugar con autos o camiones o cualquier otro tipo de juego, eso es continuar con un estereotipo de género. Otro tipo de violencia de género se da cuando, por ejemplo, una persona homosexual es rechazada dentro del entorno familiar, o se burlan de ella”.

Respecto de las fórmula para combatir la violencia, Navarro tiene una respuesta clara: la educación. “Educación en respeto y derechos humanos, educación a nivel de la vida cotidiana. Respeto por la diferencia y evitar las generalizaciones. A nivel nacional, crear políticas de inclusión e igualdad de género (que ya se están implementando, de a poco). También tener mecanismos efectivos de protección a las mujeres que son víctimas de la violencia de género, en los juzgados, en la policía, en hogares de protección a las víctimas. Y finalmente, darnos cuenta que el lenguaje crea realidad, cuando los políticos discutiendo el aborto hablan de “violaciones falsas” o algo similar, eso es una revictimización para quienes fueron violadas, ignorando todo lo que significa una violación. O cuando intentan darle un rol de “padre” al violador, eso es también violencia lingüística porque no se entiende el contexto en que está la violación y también es agresivo al pensar que el rol de padre es sólo concebir un feto. El padre es mucho más que un donador de espermios”.

Por su parte, la periodista y escritora Maxine Lowy, ha apoyado este año una campaña innovadora de la ONG Fundación EPES, que auspició la producción y promoción de una canción llamada “Nunca más, mujer”, escrita y grabada por chilenas.

“La cultura legitima la violencia contra las mujeres por medio de las imágenes, las canciones, la literatura, y los chistes, hasta instalar la percepción que es una forma normal de relacionarse. Por lo tanto, se espera que la canción llega a ser una herramienta cultural que cree mayor consciencia y rechazo social a la violencia ejercida hacia las mujeres, y visibiliza algo que es transversal en nuestra sociedad”, asegura.

Lowy también estima que un paso gigante en la lucha contra la violencia de género es la Ley de Despenalización del Aborto en Tres Causales. “Obligar a una mujer a continuar con un embarazo sabiendo que el feto que lleva adentro no podrá vivir o no tendrá la posibilidad de realizarse como persona; que es producto de un acto de violencia como es la violación; o a pesar del riesgo vital a ella misma, son crueldades que reflejan los orígenes de esta prohibición (de abortar).

“La despenalización del aborto por estas tres causales restaura el derecho de las mujeres a decidir por sí mismas, al verse enfrentadas por situaciones tan penosas. El Estado tiene la obligación de velar por el respeto al ejercicio de la decisión autónoma de las mujeres, al permitir acceso a la salud en estos casos. También restaura respeto a la diversidad religiosa, dado que la mirada católica que impulsó la criminalización del aborto contradice la perspectiva halájica, que prioriza la vida de la mujer y expresa compasión por la existencia de una guagua sin futuro viable. Esto se ve reflejado en la ley dictada por el Knesset de Israel en enero 1977, y la resolución de agosto 1983 de la Asamblea Rabínica de los Estados Unidos”.

 

Por LPI.