Exclusiva con Safwan Masri:

“Veo mayor diálogo y cooperación entre jóvenes judíos y palestinos”

Safwan Masri es el Vice Presidente Ejecutivo de los Centros Globales de la Universidad de Columbia. Como académico se ha dedicado enseñar la dinámica entre religión, educación, sociedad y política. Hoy enseña en la Escuela de Asuntos Internacionales de la Universidad de Columbia, donde dicta una cátedra sobre Túnez, examinando las razones por las que emerge de la primavera árabe como la única democracia estable. Anteriormente también ejerció por muchos años como profesor de operaciones en la escuela de negocios de la misma universidad, a la cual se integró en 1988. Aunque no le gusta hablar del tema, está muy bien conectado tanto en Nueva York como en Jordania, donde nació y creció, y es muy amigo de la reina Rania.

Recientemente estuvo en Chile como parte de las actividades de presentación de su libro: “Túnez, una Anomalía Árabe”, que ya ha sido lanzado en Nueva York, Jordania, Francia, Túnez y ahora Chile. Durante sus pocas horas en Santiago, nos concedió una entrevista en exclusiva para la Palabra Israelita.

-¿Cuál de los conflictos que vive en la actualidad el Medio Oriente constituye la mayor mayor amenaza en la región?

-Hay muchas amenazas en términos de inestabilidad y seguridad. Actualmente en Siria, Libia y Yemen, principalmente. En el futuro cercano hay un evidente riesgo de mayor violencia respecto del conflicto palestino-israelí. La tregua entre Israel y Hamas es muy frágil. Pero si analizamos a toda la región, el mayor riesgo proviene de un potencial enfrentamiento entre Arabia Saudita y su aliado Emiratos Árabes versus Irán. Si bien esto no es nuevo ni inminente, el bloqueo de Qatar por parte de los países mencionados, además de Egipto y Bahréin, genera preocupación. Todo esto es a nivel de estados, sin embargo en la última década el mayor riesgo ha provenido del extremismo, como es el caso de ISIS, que si bien ha sido derrotado en zonas que tenía controladas, no quiere decir que sus efectos no continúen.

-Respecto de su visión del conflicto palestino-israelí, ¿ve posible una solución de dos Estados?

-Veo muy poco probable una solución de dos estados. En parte, por la contínua construcción de asentamientos en la Cisjordania. Rabin genuinamente intentó alcanzar una solución pero su asesinato dejó trunco dicho proceso. Y en los últimos años solo hemos visto una derechización del espectro político israelí, lo que se manifiesta en hitos lamentables como la reciente aprobación de la Ley del Estado-Nación, que plantea explícitamente que en Israel solo los judíos tienen derecho a la autodeterminación. Esto incluso trajo duras críticas de líderes como Ronald Lauder, y estamos hablando de un hombre conservador que solía apoyar a Netanyahu.

“Pero tampoco se puede negar la falta de liderazgo palestino. Hamas busca destruir Israel y causa daño a palestinos en Gaza. Por otra parte, la ANP es incompetente y corrupta. A Israel no le conviene una solución de un Estado binacional, por razones demográficas. Básicamente perdería su carácter judío. Pero evidentemente tampoco le conviene una solución de un Estado no democrático. Un apartheid no sería sostenible. Ahora bien, por muy poco viable que sea una solución de dos estados, es muy importante mantener el lenguaje de esta visión. Esto es relevante a nivel humano, pero también permite reconocer los derechos políticos y nacionales de ambos pueblos”.

-Ud. es de origen jordano. ¿Puede el acuerdo de paz entre Israel y Jordania ser replicado con otros países árabes?

-Los acuerdos de paz de Egipto y Jordania con Israel tuvieron fuertes motivaciones económicas. En el caso de Egipto, estaba vinculado directamente con la ayuda financiera de parte de Estados Unidos y, en el caso de Jordania, Clinton presionó bastante al rey Hussein y también comprometió ayuda financiera. En los 90’s hubo mucha esperanza alrededor de los acuerdos de Oslo y el tratado entre Jordania e Israel, había bastante intercambio económico, join-ventures, turistas jordanos en Israel y viceversa. Pero luego de la segunda Intifada de 2000, las cosas empeoraron. Hoy, a pesar de que el acuerdo perdura, existe una “paz fría”. Actualmente el único lugar en que puedes experimentar la paz entre israelíes y jordanos es el aeropuerto. La verdad, veo con poco optimismo las perspectivas de un acuerdo de paz entre Israel y Siria, tanto por la situación de las alturas del Golan como por la incertidumbre que existe sobre el propio futuro de Siria. Lo mismo respecto del Líbano, dado el poder que tiene Hizbollah y porque no ha logrado funcionar como un Estado.

-Y en términos de las relaciones entre judíos y palestinos a nivel global, ¿existe alguna esperanza de cambio respecto a las nuevas generaciones?

-Sin duda existe un cambio generacional. En el caso de los jóvenes judíos, mientras sus padres y abuelos crecieron marcados por el Holocausto y un Israel frágil y rodeado de enemigos, los jóvenes de hoy han visto un Israel fuerte y muchas veces son críticos tanto de sus políticas respecto de los palestinos como del ascenso de la ultra-ortodoxia y el control del judaísmo por parte del Rabinato. Por otra parte, veo mayor diálogo y cooperación entre jóvenes judíos y palestinos. El ser pro algo no debe implicar a la vez ser anti otro. Se puede ser pro israelí y pro palestino. Se puede estar contra algunas políticas de Israel o por los derechos de los palestinos, sin que esto implique en ningún caso estar por la destrucción de Israel. En fin, cada vez veo más jóvenes pro-justicia, pro-DDHH en ambos lados, que se unen en virtud de valores.

“Por otro lado, me duele profundamente cuando escucho sobre algunas tensiones que existen entre las comunidades palestina y judía en Chile, a miles de kilómetros del epicentro del conflicto. Al estar tan lejos de la realidad, muchas veces los roces se basan en ideas arcaicas. Especialmente la juventud debe ser capaz de sacudirse de algunas ideas del pasado y poder mirar al futuro. Esto parte a un nivel humano, reconociéndonos, entendiendo que compartimos valores universales.

-¿Qué rol tiene la innovación y el mundo de los negocios en una posible solución del conflicto?

-La innovación y el emprendimiento pueden aportar a la solución del conflicto, pero no lo resolverán. Han existido muchas iniciativas de cooperación entre judíos israelíes y musulmanes israelíes y entre israelíes y palestinos de Cisjordania. Conozco personalmente filántropos de Tel-Aviv que han establecido fondos de inversión especialmente para los territorios palestinos. Todos esos proyectos han tenido un éxito limitado. En parte porque no existe confianza suficiente. Además pienso que una “paz económica” es una idea antigua, que ha fracasado en el pasado. Los asuntos en disputa son mucho más profundos y aunque, insisto, los negocios pueden ayudar, la solución no va a depender de ellos.

-Usted. acaba de lanzar un libro sobre Túnez. Qué hace de esta nación una anomalía árabe?

-Si observas el fenómeno de la primavera árabe, empieza con protestas en Túnez y luego de siete años, podemos decir que Túnez tiene una democracia. Todo el resto del mundo árabe está en medio de una guerra civil como Siria, Yemen, Libia, etc. o de una dictadura militar como Egipto. La primavera árabe tiene poco de primavera (hoy ya se puede hablar de invierno) y poco de árabe. No hay nada árabe en las rebeliones que ocurrieron en diversos países, todas ellas se dieron netamente por cuestiones locales. Lo que hace a Túnez tan particular es su historia. Especialmente lo que dice relación con cuatro elementos: un avance sistemático de los derechos de las mujeres (divorcio, herencia, política, etc.); separación entre estado y religión (consagrada en la Constitución); educación secular (es el único país del mundo árabe donde se puede estudiar a Darwin); y una sociedad civil fuerte que se organiza cuando ve en riesgo su democracia. Túnez es el único país del mundo árabe en que el ateísmo no es un crimen, o en que un hombre no puede tener cuatro mujeres, etc. Pero también tiene otras particularidades que lo ayudaron en este camino. Es un país pequeño, alejado de los centros más álgidos de conflicto, casi sin petróleo, con una identidad nacional fuerte, etc.

Jaime Fontana, Karen Poniachik, Patricia Politzer, Vivi Fosk, Andrew Germak y Gisele Feldman.

 

Yoab Bitran y Vladimir Glasinovic.

 

Rafael Epstein y Rodrigo Bastias.

Por Gisele Feldman.