Por Yonathan Nowogrodski:

Valores judíos y apoyo a Israel

Hace algunas semanas atrás, leyendo las actualizaciones en Facebook, me encontré con que Shai Agosin, el presidente de nuestra comunidad, había publicado a nivel personal una crítica abierta en su muro contra Jair Bolsonaro, en aquel momento candidato a la presidencia de Brasil. Bolsonaro es conocido, entre otras cosas, por su retórica directa, radical y punzante contra las minorías sexuales y el apoyo a la tortura utilizada en buena parte de las dictaduras que gobernaron américa latina en las décadas pasadas. Se entiende que, el contexto que llevó a que Bolsonaro ganara las elecciones en Brasil estaba dado principalmente por el rechazo de la población a la corrupción que tuvieron los gobiernos anteriores. El caso ícono de este suceso fue el del presidente Luiz Inácio Lula da Silva – más conocido como Lula – quien fue condenado a 9 años y seis meses de prisión por los crímenes de lavado de dinero y corrupción pasiva.

Bolsonaro mostró hace un par de años su acercamiento a la comunidad evangélica en Brasil al bautizarse nuevamente en las aguas del río Jordán. Dicha comunidad es conocida por su apoyo a Israel, donde tiene más de 40 millones de miembros. Es sabido que Bolsonaro busca cumplir su promesa de campaña de trasladar la embajada brasileña a Jerusalem, siguiendo los pasos de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y del de Guatemala, el cristiano evangélico Jimmy Morales. Si bien la elección se estaba llevando a cabo fuera de nuestro país y, volviendo al posteo original del presidente de la comunidad judía de Chile en redes sociales, destacaron mayormente los comentarios que seguían debajo de éste. Algunos abogaban en plena defensa de Shai Agosin y su derecho a expresarse libremente más allá de su rol comunitario, mientras que otros no paraban de defender ciegamente a Jair Bolsonaro por su posición pro-israelí, aún si eso significaba transar valores judíos como el amor al prójimo o el respeto a los derechos humanos, al no haber reflexión alguna respecto de las polémicas frases del presidente brasileño electo. Lo que más me llamó la atención es que, al momento de apoyarlo, pocos comentaristas fueron capaces de hacer una distinción entre las políticas valóricas e internacionales de Bolsonaro.

El presidente electo brasileño no es el único (en países democráticos) que en los últimos años ha tenido una retórica que raya en el odio y la postverdad. Donald Trump, el presidente norteamericano más pro israelí de la historia, en su precandidatura a la Casa Blanca también levantó humo con su expresión “(los inmigrantes mexicanos) traen drogas, crimen, son violadores y, supongo que algunos, son buenas personas”. Luego del fracaso de las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos en Camp David el año 2000, hemos visto la intensificación de la campaña de demonización contra Israel en Naciones Unidas y los foros internacionales. Entendiendo que también una parte importante de la izquierda a nivel internacional ha tomado una posición anti-israelí, es comprensible el enojo y el fastidio que nos trae la deslegitimación del estado judío. Demás está decir que el BDS con su retórica antisionista y discriminatoria – que como fin último busca la desaparición de Israel como estado del pueblo judío – es el mejor ejemplo. Los judíos probablemente hemos sido el pueblo que mayor discriminación ha sufrido a través de toda la historia de la humanidad. Nos ha costado muchísimo darle a entender al resto del mundo lo complejo que ha sido nuestra lucha contra toda discriminación en los países que vivimos y la importancia del Estado de Israel como hogar nacional y refugio ante el antisemitismo.

Sin embargo, queda la pregunta a nivel crítico ¿Se puede dar respaldo ciego a candidatos que apoyan irrestrictamente a Israel aunque tengan un discurso – contrapuesto a nuestros valores judíos – de carácter racista, misógino o homofóbico? Un excelente ejemplo de cómo se abordó este tema entre los judíos brasileños fue la declaración que Fernando Lottenberg, presidente de la Confederación Israelita de Brasil (CONIB), hizo previo a las elecciones. Indicó que “la comunidad es un reflejo de la sociedad” brasileña, “no hay como escapar del debate”, explicando que “hay quienes están a favor de Bolsonaro por su proximidad con Israel y cambiar la Embajada a Jerusalem, como también hay judíos contra Bolsonaro”. La CONIB consideró que “es indispensable e innegociable la defensa de la igualdad de los ciudadanos ante la ley y se opone vigorosamente a cualquier intento de discriminación por razones políticas, ideológicas, religiosas, raciales, de orientación sexual o cualquier otra”.

La organización judía sabiamente también esbozó velar por “la lucha contra el antisemitismo y el antisionismo” y remarcó que el gobierno debe estar “alerta” frente a “la creciente amenaza antisemita, difundida ahora por medios de comunicación digitales, que predican el odio de forma eficiente y anónima”. Como judíos es vital marcar nuestras diferencias frente a discursos que impliquen incitación al odio, aunque no nos toquen directamente. Haciendo eco de nuestras fuentes: “No albergarás odio contra tu hermano en tu corazón, pero reprenderás a tu compañero para no cargar tú también con su pecado” (Levítico 19:17).

Por Yonathan Nowogrodski.