Rubén Stehberg, arqueólogo y antropólogo:

Una vida en el Museo…

El destacado profesional jubiló del Museo Nacional de Historia Nacional luego de 43 años de ardua actividad, dejando una huella relevante en temas de investigación incaica o en excavaciones antárticas, entre otros.

A pocos días de su jubilación en el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), el arqueólogo Rubén Stehberg publicó una nota donde enumera algunos hitos de sus 43 años en esta institución, ya sea como Jefe de Laboratorio, como investigador, como curador y como curador jefe del Área de Antropología. Sus logros en los ámbitos de Investigación, puesta en valor de sitios arqueológicos, habilitación del laboratorio de Arqueología, conservación, y Divulgación son realmente notables, lo que motivó esta entrevista.

Escapando de Alemania

En conversación con La Palabra Israelita, Rubén Stehberg relató los orígenes de su familia y su llegada a Chile. “Mis abuelos paternos y maternos y mis padres vinieron a Chile desde Alemania. Salieron en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, huyendo del nazismo. Mi padre Alfredo Stehberg y mi madre Gerda Landsberger se conocieron en Santiago y aquí se casaron. Tuvieron dos hijos, Andrés y Rubén”. “Estudié Básica y Media en el Instituto Hebreo, luego Ingeniería de Ejecución en Química Industrial (UTE), Arqueología y Prehistoria (Universidad de Chile) y Doctorado en Ciencias Naturales con Orientación Antropológica (Universidad de La Plata, Argentina). Todas esas carreras universitarias fueron gratuitas, porque así eran los estudios superiores antes. Soy separado y tengo cinco hijos y tres nietos.

Actualmente vivo con mi hija Nira de 29 años y algunos días con mi hijo Itai de 9 años. Años atrás fui Presidente de una filial de singles en la B´nai Brit y ahora soy Presidente de la Rama de Ajedrez del Estadio Israelita”.

-¿Cómo y por qué fue tu aterrizaje en el MNHN?

-Esta historia es interesante, al menos para mí. El año 1972 me casé con Gloria Liberman. Sus padres, hermanos y tíos emigraron a California, Estados Unidos. Ellos nos invitaron varias veces a verlos e insistieron mucho en que fuéramos a vivir allá. Por otro lado, el Departamento de Antropología de la Universidad de California (UCLA) me ofreció hacer un doctorado, siempre que tuviera aprobado el título de arqueólogo. El año 1974, de regreso en mi país tuve que tomar una decisión. Quedarme a trabajar en Chile o emigrar a los EE.UU. Fui a preguntarle a la Dra. Grete Mostny, Directora del Museo Nacional de Historia Natural si existían posibilidades de trabajo en este país. Me respondió que esa respuesta solo la podía dar don Roque Esteban Scarpa, Director de Bibliotecas, Archivos y Museos. Ella me consiguió una entrevista con él. Recién cumplidos 24 años concurrí a la cita en jeans, chascón, barbón y con sandalias. Don Roque, muy formal, impecable, con terno y corbata. Luego de informarle brevemente sobre mi realidad y mi necesidad de tomar una decisión lo sorprendí con el siguiente comentario audaz, impertinente y soberbio: “He estudiado dos carreras gratis en este país, ¿cree usted que Chile me necesite? Necesito saber esto antes de decidir emigrar a otro país”. No lo llevaba preparado. Me nació en ese momento y, la verdad es que no le dejé alternativa a don Roque. Poco después estaba contratado como Jefe de Laboratorio de Antropología del Museo Nacional de Historia Natural. Lo de Laboratorio por mis conocimientos de química. Y allí me quedé trabajando 43 años y 10 meses hasta mi reciente jubilación.

-¿Cuál es la labor del MNHN y por qué es importante?

-El MNHN tiene tres funciones principales: conservar, investigar y difundir el patrimonio natural y antropológico de Chile. Su importancia radica en la necesidad que tienen los países de conocer sus recursos naturales y a sus habitantes. Yo me dediqué a las tres funciones, pero con claro énfasis en la investigación y la difusión de la arqueología nacional. Fui curador de la colección de arqueología de Chile central y del archivo personal de Hans Niemeyer Fernández. Terminé mi carrera siendo el Jefe del Área de Antropología del museo.

-¿Cómo comparas este museo con otros de Historia Natural que hay en lugares que históricamente tuvieron un desarrollo humano más relevante que América?

-Sólo puedo compararlo con el Museo de Historia Natural de La Plata, donde realicé mi doctorado. La Plata es un museo universitario y por tanto, muy conectado con la docencia. Los alumnos estudian, hacen sus prácticas profesionales y sus tesis en el museo. Los funcionarios del museo son todos profesores. El MNHN de Santiago perteneció a la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, y desde este año a la Subdirección del Patrimonio. Siempre ha estado ligado a la formación, incremento y exhibición de sus colecciones antropológicas y de ciencias naturales. Ambos museos tienen énfasis y orientaciones distintas. “Los museos de historia natural de Latinoamérica surgen poco después de la independencia de España y Portugal, y como una manera de conformar su propia identidad, conocer en detalle sus riquezas naturales y sus pueblos indígenas, diferenciarse de los demás países y conocer su potencialidad económica. Estos museos nacieron como réplicas de los museos de historia natural euroRubén Stehberg Nacional Viernes 21 de diciembre de 2018 / 13 de tevet de 5779. Para lograrlo los países contrataron científicos de Europa para que organizaran estas instituciones en América. La arquitectura de sus edificios imita la de los museos del viejo continente.

-¿Cuáles fueron los hitos más importantes para ti de tu desarrollo profesional en el Museo?

-Creo que la cálida recepción y sabia guía de la Dra. Mostny influyó decididamente en mi desarrollo profesional. Ella hablaba poco, pero decía mucho. Siempre que uno estaba en su compañía aprendía algo nuevo. Su mano derecha era el biólogo marino y Premio Nacional de Ciencia, don Nibaldo Bahamonde. También me orientó mucho. Ambos potenciaron mi rol de investigador y me dejaron realizar mis estudios arqueológicos, sin sobrecargarme con tareas administrativas. Don Nibaldo era el editor del museo y siempre corregía y publicaba mis artículos. “Otro hito importante vino desde Argentina. Los colegas Dr. Rodolfo Raffino, Dr. Juan Schobinger y Dr. Roberto Bárcena me solicitaron, durante la realización de un congreso nacional de arqueología argentina. que me dedicara al estudio y reconstrucción del camino del Inca en el lado chileno. Poco tiempo después el tema incaico en el norte y centro de Chile pasaron a constituir una de mis líneas de investigación permanente. La otra línea de investigación la constituyó la Arqueología Histórica Antártica, tema en que fui pionero, realizando la primera excavación arqueológica de ese territorio”. Nada paranormal

-Aunque no es una pregunta muy científica, ¿qué te parece la película Una Noche en el Museo, de Ben Stiller, de alguna forma refleja lo que pasa en un museo de este tipo, tuviste algún episodio “mágico” durante tu carrera?

-He hablado este tema con mis colegas. Algunos de ellos, más bien, ellas, dicen que en numerosas ocasiones han escuchado voces, les han penado y otros fenómenos paranormales. Por mi parte, nunca me ocurrió nada fuera de lo común, incluso cuando me tuve que quedar solo hasta altas horas de la noche. Tampoco he visto que los objetos cobren vida ni nada parecido. En este sentido son muy pragmático y poco creyente, lo que inhibe mi capacidad para ver y vivir este tipo de situaciones. -¿Qué significa trabajar tantos años en una misma institución, especialmente ahora que las nuevas generaciones migran de un trabajo a otro…? -En las décadas de los ‘70, ‘80 y ‘90 había que cuidar el trabajo. Había alta cesantía y las posibilidades de conseguir trabajo para un arqueólogo eran limitadas. La opción más común era trabajar en la universidad, pero siempre estimé que la docencia me iba a quitar mucho tiempo de investigación. Fui cobarde y nunca me atreví a buscar otras opciones. Me refugié en la comodidad de lo conocido. Además, a fines del gobierno militar, se dictó la Ley de Inamovilidad Funcionaria. Quedé protegido y no me podían echar. Si bien el sueldo era bajo los proyectos de investigación y algunos trabajos particulares me permitieron mejorar el sueldo y financiar los colegios y universidades de mis hijos. Todos tienen sus profesiones.

-¿Y qué viene ahora, planes, proyectos, consejos?

-Llevo 10 meses retirado y ha sido un año muy intenso. Coincidió mi jubilación a partir de enero de este año, con que mi señora me avisó que se iba a vivir sola. Llevo todos los días a Itai al colegio y lo cuido los días que me toca estar con él. Me han contratado para dos trabajos arqueológicos. Lo que más me interesa es terminar con varios artículos científicos que estoy escribiendo junto a mi equipo profesional. Uno de ellos es un libro sobre los mapochoes, los indígenas que habitaron antiguamente la Región Metropolitana y del cual descienden muchos habitantes capitalinos, sin tener la menor idea. Sigo trabajando, pero me he impuesto hacerlo solo durante las mañanas. Las tardes las dedico a descansar y realizar actividades distractivas, como el ajedrez, ver Caso Cerrado o películas de Netflix. También nado algunas mañanas en el EIM. “No quiero hacer proyectos a largo plazo. Prefiero enfrentar las cosas según vayan apareciendo. No tengo temor de quedarme sin hacer nada. Pero eso nunca me ha ocurrido en los últimos 68 años. Los problemas y los trabajos van llegando solos. Mi separación me tiene bastante confundido. No creo que sea momento para darle consejos a nadie”.

Por LPI.