Por Sally Bendersky:

Una revolución particular

¿Está encendida la televisión en su casa cuando hay un concurso de belleza como: Miss Chile; Miss Mundo; o Miss Universo? Yo recuerdo haber soltado lágrimas de emoción cuando, en los ochenta, Cecilia Bolocco fue elegida Miss Universo. Recuerdo mi orgullo al constatar que habíamos estudiado en el mismo colegio.¿Está encendida la televisión en su casa cuando hay un concurso de belleza como: Miss Chile; Miss Mundo; o Miss Universo? Yo recuerdo haber soltado lágrimas de emoción cuando, en los ochenta, Cecilia Bolocco fue elegida Miss Universo. Recuerdo mi orgullo al constatar que habíamos estudiado en el mismo colegio.

Veintiún años antes de la elección de Cecilia, una gran mayoría de estadounidenses se preparaba para ver por televisión el final de la competencia y la proclamación de Miss America 1968. Un grupo de mujeres aprovechó esa circunstancia para protestar por la existencia de este tipo de concursos que generaba, según ellas, un modelo de mujer impuesto por la cultura masculina dominante, que la encerraba en un círculo de rígidas ideas sobre la belleza femenina. Cerca de 150 mujeres llegaron a Atlantic City en Nueva Jersey desde diversos, y algunos remotos, lugares del país para manifestar su descontento, sabiendo que tendrían amplia cobertura en los medios noticiosos.

Este evento dio origen a lo que se denominó la revolución de los sostenes. A pesar de que la protesta fue televisada, lo que permitió a millones de personas observar detalladamente las acciones de estas mujeres, ese día quedó grabado en la conciencia colectiva como el día en que las feministas quemaron sus sostenes. Eso no ocurrió, por una razón muy sencilla. Está penado por la ley prender fuego en pasarelas o en la vía pública, de modo que, si las manifestantes hubiesen quemado sus sostenes, la protesta hubiese terminado apenas iniciada, puesto que todas las mujeres participantes habrían sido arrestadas.

Aparentemente, lo que ocurrió es que las organizadoras de la protesta pidieron a las participantes que llevaran objetos que representaran los ideales femeninos que ellas querían erradicar, entre ellos sostenes, fajas y portaligas, pinzas de cejas, tacones altos, y otros. También llevaron copias de la revista Playboy. Las organizadoras llenaron el lugar de basureros, que tenían la etiqueta “Basurero de la Libertad”. Es posible que todo ello haya sido finalmente quemado en un vertedero, lo que no tendría nada de particular. Este mito de la quema de sostenes es lo que hijas y nietas de las mujeres de esa época conocen y, a mi juicio, ayuda a invalidar el movimiento de liberación femenino de esa época y atrasa la generación de una cultura de equidad de género, la que hasta hoy no existe en el mundo.

De allí mi llamado a los jóvenes: como movimiento organizado, las feministas no quemaron sostenes en 1968, ni antes ni después.
Avancemos casi medio siglo. Estamos en 2017 y las mujeres seguimos usando sostenes. El paradigma de belleza femenina se mantiene, los diseñadores de nuestra lencería han variado poco los materiales y la tecnología en los últimos ochenta años, y muchas mujeres sufren en silencio.

Una de estas mujeres es Bree McKeen, de 37 años, fundadora y Gerente General de Evelyn & Bobbie, una empresa de lencería creada en 2013. Bree trabajaba en el área de finanzas en Silicon Valley cuando se dio cuenta de lo importante que era tener una buena postura para crear una presencia que le diera autoridad en un medio mayoritariamente masculino. Bree intentó enderezar su postura, pero se dio cuenta de que cuando lo hacía, su sostén la pinchaba, provocando dolor.

Pensando que podría tener algún problema de salud, Bree visitó a un quiropráctico y un fisiólogo. Al examinarla, el médico le dijo:-Su postura está bien, pero debe ir hoy mismo al mall y comprarse un sostén que la haga sentir bien cuando se pare derecha.Bree no podía creer lo que estaba escuchando, y le respondió al médico:-He estado mi vida entera buscando en los negocios lo que usted me sugiere. Eso no existe. En su larga búsqueda, Bree había adquirido docenas de sostenes. Todos tenían barbas de metal que se incrustaban en las costillas y tirantes apretados que le irritaban los hombros. Por años pensó que eso le pasaba solo a ella, que todas las demás mujeres estaban felices cada vez que compraban un nuevo sostén. De pronto, comenzó a sincerarse con otras mujeres, descubriendo que ellas compartían su problema. El tipo de sostén que hoy se usa fue inventado por Howard Hughes y lo usó la actriz Jane Russell por primera vez en 1943 en el film “Los Forajidos”, hace más de 70 años. Según Bree, no solo nuestra generación sino también la de su madre y abuela sufrieron del diseño masculino de la prenda.

Guiada por su espíritu emprendedor, BreeMcKeen se retiró de las finanzas y creó su empresa, Evelyn & Bobbie. Contrató a un equipo de ingenieros y diseñadores mujeres, con las cuales se ha dedicado a repensar, incorporando la experiencia de cada una de las profesionales, exactamente cómo se estructura un sostén, cuáles son los materiales adecuados para suprimir las barbas metálicas, las costuras y los tirantes, e incluso cuáles son los colores apropiados. Bree instruyó a su equipo que, como primera cosa, se olvidaran de todo lo que pensaban que sabían acerca de cómo diseñar un sostén. Al principio, fue difícil lograr atraer a profesionales que se desprendieran de la noción de que es obligatorio que el sostén tenga un esqueleto metálico. Ahora el equipo está consolidado y la empresa tiene un respaldo varias veces mayor que el inicialmente esperado por parte de las potenciales clientas.

¿Considera usted esta historia como la de una revolución? Yo la he llamado así, porque nuevamente el objeto simbólico es el sostén. Tengo la esperanza de que la conciencia, por parte de todos, de que es necesario que la mujer participe activamente en las decisiones estratégicas empresariales y en los diseños de productos, sobre todo en aquello que concierne a su sexo, aumente en forma vertiginosa. La cantidad de mujeres empresarias aumenta velozmente. La empresa recién descrita es un emprendimiento de mujeres, para un mercado de mujeres, con liderazgo femenino. Es un orgullo para mí, como lo fue el triunfo de Cecilia Bolocco en otra época, el que la mujer se atreva a soñar, a emprender, a formar equipos, y a que le vaya bien en sus esfuerzos. Llegará el día en que mujeres y hombres contribuiremos por igual en nuestras economías y en el cuidado y educación de nuestros hijos. Así, tendremos un mundo mucho más acogedor, y hombres y mujeres estaremos más cerca.

Y usted, ¿Qué piensa?

Por Sally Bendersky.
Ex embajadora de Chile en Israel.
4 veces #1 International Bestseller.