Del libro “Napoleón en Vilna y otros cuentos judíos”:

Una historia de Bluferos

La gente cree que “blufear” es cosa del póker. Mal podría escribir yo sobre el tema, porque soy pésimo para el “bluf”, se me nota en la cara que tengo pinta deLa gente cree que “blufear” es cosa del póker. Mal podría escribir yo sobre el tema, porque soy pésimo para el “bluf”, se me nota en la cara que tengo pinta de“chicken”…

Este es un cuento que escuché en mi casa, en 1932. La crisis económica en Chile era horrible. Es muy sabido que en esos años, si Wall Street sufría de pulmonía, en Chile se agonizaba.
Se juntan dos amigos, Moishe y Yankl, en la Plaza de Armas. Gracias a D’s que pueden sentarse allí y no estar en Capuchinos (1)

Se sostiene el siguiente diálogo de bluferos:

Moishe: —Dime, ¿cómo está tu parnasá (sustento)? ¿En qué trabajas?

Yankl: —Trabajas, shramajas, ya no me acuerdo de cuando hice el último negocio. Moishe: —¿Pero qué haces? Porque la familia tiene que comer, vestirse, hay que pagar el arriendo.

Yankl: —Tengo mi sistema. No comemos, vestimos las viejas shmates (trapos) y estoy atrasado con el alquiler.

Moishe: —A mi me puedes decir la verdad, para eso soy tu amigo y del mismo shtetl (pueblo de orígen). Algo tendrás ahorrado, cómo me vas a decir que no tienes unos groshn(centavos). Dime la verdad, Yankl, no tengas temor que te pida plata prestada. Yo tengo mis reservas, gracias a D’s.

Yankl: —Ya que tú tienes economías salvadas de la crisis, yo también seré sincero. Me dio la tincada que la Bolsa iba a reventar, vendí bien mis acciones, no deposité la plata y tengo en casa “cash, cash” (hoy en día así dirían los pollitos del Fra Frá).—No quise decírtelo antes por si me pedías un préstamo. ¿Quién se atreve en estos tiempos a hacer ese favor, si nunca más verás tu dinero? No necesito ayuda de nadie.

Moishe: —Ya que has sido tan franco conmigo, te contaré la amarga verdad: Takeh, estoy en duros aprietos. A veces mi mujer y yo no cenamos, estoy debiendo seis meses de arriendo, de repente el dueño me echará a la calle aunque tiene buen corazón. Si me prestaras doscientos pesos le podría abonar al propietario. Apenas encuentre un trabajo, te los devuelvo.

Yankl (con voz temblorosa): —Ya que me has contado la pura verdad, nu, yo haré lo mismo. Si me amenazaran con cortarme el cogote, no podría prestarte un peso. Todo lo de valor lo tengo empeñádo en la “Tía Rica”(casa de empeños).

Moishe: —No te puedo entender. Antes me contaste que no le tuviste confianza a los bancos y tenías cash “bajo el colchón”. Hoy, el que tiene cash ronca. Mira lo que hizo nuestro correligionario Bernard Baruch. Liquidó toda su fortuna en acciones en 1927. No le tuvo confianza a Wall Street porque los especuladores, en su euforia, empezaron a comprar en descubierto, con una pequeña garantía de 10%. Cuando se produjo el crash, vinieron las quiebras.

—Ahora con efectivo se puede comprar propiedades muy baratas —siguió Moishe—. Deja de blufear y cuéntame la estricta verdad.
Yankl guardó silencio largo rato.

—Al menos me debes una respuesta.

Yankl: —Prefiero deberte yo una contestación a que tú me debas dinero. Perderé amigo y plata. Yo me “cachiporrié” porque me dijiste que los asuntos no estaban tan mal para ti. Te creí y no tenía nada que temer. Tú tenías tus economías para los “días lluviosos”, como dicen los ingleses. Pero, más tarde, cuando me pediste prestado los doscientos, tú comprenderás. Si yo pudiera conseguir quién me prestara doscientos, los agarraría al vuelo. Nuestro amigo Menashe está con “la lengua afuera” (en idish, alegoría de ahorcarse). David Moishe parece una vela, se está derritiendo. ¿A quién le puedo pedir los dichosos doscientos?

Moishe: —No seas llorón, no seas “marzover katz” (gato de marzo – equivalente a agosto en Chile). No quiero pedirte prestado nada, ni una “chaucha”. Por curiosidad, quería “tomarte el pulso” (en idish, probarte). Quería saber qué clase de amigo eras en caso de necesidad. Acuérdate que antes de venirme a Chile estuve un tiempo en Gran Bretaña. Allí dicen: “A friend in need, is a friend indeed”. (Los amigos verdaderos se reconocen en caso de necesidad, de apuros). Pero yo no estoy tan mal. Hablando como los lotos, (cuyo escaso vocabulario se debe a la poca lectura y la mucha televisión) —Moishe continuó— desde que por fin me dijiste la verdad verdadera. No necesito la ayuda de nadie. Tengo mis ahorros, gracias a D’s. Pero si no los tuviera, jamás le pediría un centavo a un “amigo” como tú. Conozco bien tu carácter aprovechador, mascarita e hipócrita. Te tengo “calado” como una sandía y sé que no te gusta hacerle un favor a nadie. Aunque fueras millonario no te pediría un menesjesed.(2) Preferiría ir a dormir sin comer, que depender de ti.

Yankl:—Pura palabrería. No te creo. Pero si has dicho “la verdad verdadera” yo también te la diré completa. Estoy mejor que tú en materias de calcalá (3) y no necesito la ayuda de nadie. Si me quejé y lloré es porque tenía miedo que fueras a pedirme un préstamo. Cada uno cuida su guarida, como las fieras. Así es que te blufié y te mentí para “tomarte el pulso”. Hoy en día la gran mayoría lo hace.

1) Juego de palabras, pues en idish “sentarse” es también una alegoría de estar preso.
2) Préstamo piadoso, sin intereses.
3) Economía, en hebreo.

Por Benny Pilowsky Roffe.