Una desconcertante Janukiá que incorpora la cuarta dimensión

Si bien las menorot se atienen, por lo general, a un mismo modelo, con ligeras modificaciones, con las Janukiot los diseñadores “se sueltan las trenzas”.

Las formas más tradicionales, de candelabros semejantes a los de las menorot, dieron paso hace siglos a las ordenaciones lineales de base plana, habitualmente con todas las luminarias colocadas a una misma altura y con el shamash ubicado al centro, algo atrás.

La mayor parte de las Janukiot son de sobremesa y están pensadas para ser colocadas, como indica Ana María Tapia Adler en su libro “Costumbres y tradiciones judías”, cerca de la ventana, cumpliendo con la mitzvá de proclamar el milagro.

Es así como muchos de los modelos antiguos, ricamente labrados en metal, son poco profundos, con la intención de ubicarlos sobre el alféizar. Excepcionales resultan aquellos diseñados para ser suspendidos en una pared.

Si bien el combustible original, tal como aquel que la historia refiere en la reconsagración del Templo de Jerusalén, era el aceite, este fue reemplazado desde hace mucho por velas de cera.

Aunque sabemos de algunas familias, como la del consagrado pintor Samy Benmayor, conservan y usan aún una Janukiá alumbrada por aceite, heredada de generación en generación.

También se ha ampliado el repertorio de materiales utilizados en su fabricación, incluyendo la cerámica, la porcelana y otros.

El siglo pasado trajo cambios importantes en el diseño, superando los esquematismos de la fabricación en serie y enfrentando el tema con una percepción más liberal del rito de encendido de las luminarias.

De hecho, en la obra de Shire que aquí reproducimos, que forma parte de la colección del Museo Judío de Nueva York, resulta difícil, por no decir imposible, definir el orden de las velas y, por lo tanto, la secuencia de su encendido.
En ésta, volúmenes geométricos de colores brillantes sostienen cinco de los portavelas, mientras que los otros tres están colocados sobre cilindros en la pieza circular.

El shamash aparece, eso sí, claramente separado del resto.

Las varillas metálicas sostienen dos versiones del sebibón (dreidl, en idish, o pirinola, en castellano), que es el juego tradicional de esta festividad. Los dulces o monedas que se apuestan en este juego dieron paso con el tiempo, en Europa, a los regalos que hacen actualmente a los niños, como contrapartida a los regalos navideños que reciben los niños cristianos en su festividad.

La principal innovación de la obra de Peter Shire es que su planteamiento supera la visión frontal y consecuentemente la tridemensionalidad, incorporando la cuarta dimensión, es decir, el tiempo de apreciar todo su contorno, ya sea a la misma o a distintas alturas, con lo que adquiere un carácter francamente escultórico.

Peter Shire nació en Los Angeles, California, en la zona de Echo Park donde aún vive, un ambiente en el que confluyen distintas culturas e idiomas.

Su padre, diseñador y fabricante de muebles, fue una influencia decisiva en su dedicación al arte.

Se graduó en el Chouvinard Art Institute de su ciudad natal y comenzó a exponer tempranamente.

El éxito le llegó muy pronto y sus obras se incorporaron a numerosas colecciones y museos de Estados Unidos y de Milán, Paris, Tokio, Sapporo y otras ciudades.

El artista dice: “El arte tiende a encasillar a los artistas. Cuando pienso en mi posición, me doy cuenta de que es extraordinariamente móvil y que cruza muchas fronteras”.

Y es así, porque su producción es un diálogo libre de ideas preconcebidas y abarca e incluye pintura, escultura, cerámica, mobiliario y juguetes.

Be the first to comment on "Una desconcertante Janukiá que incorpora la cuarta dimensión"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*