Silvia Benquis:

Una chilena formando familia en Sudáfrica

Luego de una activa vida judía en Santiago, se fue a trabajar como voluntaria a un hospital geriátrico de la comunidad judía en Johanesburgo, donde encontró realización profesional y además la proyección para una vida judía en familia.

Silvia Benquis Mencer, 29 años, exalumna del Instituto Hebreo y kinesióloga de Cisroco durante los últimos 4 años, escogió un destino poco tradicional para armar su vida: Sudáfrica.

“Llegué a Johannesburgo en marzo del 2017 para hacer una pasantía en el Hospital Geriátrico de la Comunidad Judía (Sandringham Gardens), por dos meses. Eitán, un amigo sudafricano, a quien conocí hace 9 años en un viaje a Israel con el programa Morashá, me ayudó a hacer el contacto con el Hospital y así cumplir uno de mis sueños, ser voluntaria en África para la Comunidad Judía. Pero no sólo me recibió cuando llegué a su país, sino que al tiempo se transformó en mi razón para quedarme… En enero pasado dimos el ‘sí’ en Sudáfrica y estamos trabajando en los preparativos para la jupá”, contó Silvia, quien en Chile tuvo una destacada trayectoria de activismo comunitario en los grupos HaRei de la Comunidad Israelita de Santiago y Mazal de la Comunidad Israelita Sefaradí.

-¿Cómo te has adaptado, considerando el entorno seguramente más protegido y acogedor que tenías en Chile?

-Durante los primeros meses, el proceso de adaptación no fue fácil, especialmente en un país donde todo es completamente diferente a lo que estaba acostumbrada a ver en Chile. ¡Si hasta el volante del auto está al otro lado! Si bien llegué con un nivel de inglés avanzado, no contemplé que en Sudáfrica existen 11 idiomas oficiales y el inglés es sólo uno de ellos, con una pronunciación muy diferente a la que estaba acostumbrada a oír. Afortunadamente, la Comunidad Judía me recibió cálidamente desde el primer día y con Eitan conocí gente maravillosa que hasta hoy me han ayudan a establecerme como una futura ciudadana sudafricana. Así también, participo en la agrupación de chilenos residentes en Sudáfrica (ACHISA), quienes organizan actividades y encuentros de frecuencia mensual para los compatriotas y te hace sentir un poco más cerca de casa. Pero independiente de todo el cariño que he recibido desde que llegué y todas las facilidades tecnológicas para comunicarse, no es fácil vivir lejos de mi familia y amigos.

-¿Qué impresión te ha dejado el país en los temas de tolerancia, inclusión, etc., considerando su historia, particularmente el Apartheid?

-Si bien es cierto el Apartheid terminó hace más de 20 años, aún siento un dejo de esa cruel época. Por ejemplo, es muy difícil ver a una persona de raza blanca abordar un taxi (que son mini buses, tipo colectivos) porque “no es para nosotros”, o cuando salimos a un pub con amigos me llama la atención que sólo hay clientes de raza blanca, porque aún están estigmatizados los lugares que frecuentan los blancos y los negros, pero no hay nada hoy en día que les prohíba (a los negros) ingresar a algún lugar. Ha sido muy impactante, como chilena, pues no crecí en un mundo dividido por razas, ver que, pese a la disolución del Apartheid, aún existan distinciones raciales sin razón aparente. Acá viene una anécdota que viví cuando recién llegué: la primera vez que fui a una peluquería, al entrar saludé a la manicurista que iba a atenderme con un besito en la mejilla, y las clientas blancas me miraban como diciendo “esta mujer está loca” y las empleadas negras no lo podían creer, tanto afecto desde una blanca a una empleada negra. Pero no dejaré de hacerlo, vengo de un país donde esas barreras no existen y pretendo crear el ejemplo, y no
olvidarlo.

-¿Cómo es la vida judía en Sudáfrica?

-La vida judía en Sudáfrica es maravillosa. La Comunidad en general es más “religiosa”, ser kosher no es un desafío, sino que algo básico, independiente si eres ortodoxo o no. Para mí, que hoy en día sigo una alimentación kosher, es muy fácil adquirir los productos en los supermercados y con una diferencia de precios casi imperceptibles en comparación con la comida no kosher. Las facilidades en educación judía son tremendas, sólo en Johannesburgo hay alrededor de 10 colegios judíos, pocos son no ortodoxos, pero todos con una base muy fuerte en educación judía. Es una Comunidad muy grande y sobre todo unida, se pueden distinguir los colegios y las sinagogas con sus grandes nombres en los muros mirando a las calles, con tremendo orgullo y sin miedo. Es maravilloso vivir como judía en este país.

-¿En qué se parece y diferencia a la vida judía en Chile?

-La Comunidad Judía de Sudáfrica, en general, es más conservadora y en número es mayor que la chilena (hay aproximadamente 60.000 judíos en el país). Otra gran diferencia es que la población judía en Johannesburgo se localiza en un solo sector, donde en unos 10 kilómetros cuadrados he contado unas 30 sinagogas y más de 10 colegios judíos. Las similitudes entre ambas comunidades, me atrevería a decir que son las mismas que tienen todas al rededor del mundo: el sentido de pertenencia, compromiso comunitario (más bien dicho cumplir con el “tikun olam”) y mantener el judaísmo a través de nuestras vidas y de las próximas generaciones.

-¿Cuáles son tus planes a futuro en lo personal y laboral?

-Cada día trabajo en mi desarrollo personal en este nuevo país, en crear más redes con las personas, y, lo más importante, formar en un futuro cercano una familia con
Eitan. Laboralmente pretendo seguir desempeñándome como kinesióloga, idealmente con Adultos Mayores como solía hacer antes de partir de Chile.

Por LPI