Un Templo, pero de Sentido

No es un libro fácil. Su complejidad reside en los ritos que presenta. Los ritos, son un tanto ajenos por la distancia temporal y valórica que hemos construido en las generaciones. Sin templo y con la empatía desarrollada hacia los animales, el concepto de santidad de Vaykrá nos invita a repensarnos. Por ejemplo: “los sacerdotes hijos de Aarón acomodarán las piezas, la cabeza y la grosura de los intestinos, sobre la leña que está sobre el fuego que habrá encima del altar; y lavará con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote hará arder todo sobre el altar” Vaykrá 1:8-9.

Vivimos en una tensión con el texto y en la búsqueda. Pedimos al finalizar cada Amidá -oración central- que sea reconstruido el Templo prontamente en nuestros días. El código legal judío, “Mishneh Torah”, afirma que los sacrificios de animales se reanudarán en el Tercer Templo, y detalla en base al Levítico, cómo se llevarán a cabo. Pero el mismo Maimónides escribió en su tratado filosófico “La guía de los perplejo””, que D-s deliberadamente ha alejado a los judíos de los sacrificios hacia la oración, ya que la oración es una forma superior de adoración. Un mismo filósofo judío se escinde en la tensión.

La idea del Templo nos fascina porque trae la redención final y al Mashiaj. Mientras, que la reanudación de los sacrificios, nos genera ambigüedad. Los sacrificios de Vayrká son el espejo de los ritos judíos. Estos servicios del tabernáculo, promovían la solidaridad del grupo, la renovación, la revitalización de los valores, la integración social. Es decir, no en el animal sino en la representación del acto, aparecía la capacidad transformadora que tiene el individuo. Poder pedir perdón, sentirse alejado del propósito, alejar la angustia y la soledad, agradecer por las oportunidades, sensibilizarse por lo ocurrido. El rito fue y será la manera de vivir una misma experiencia desde individualidades para aflorar la conciencia. El rito es la oportunidad de crear estructura, proyectar y vitalizar nuestras obras. Hoy no son los animales, pero sí la oración. No es a través de fuego y carne, sino a través del alma y la conciencia. En una sinagoga, siendo parte de un minian, surge tu espiritualidad. No son ritos olvidados sino, son consagrados.

 

Por Rabino Ariel Sigal