De Valdivia y Chiloé:

Un séfer Torá que sobrevivió a dos terremotos

Puerto Montt está ubicado justo entre los dos epicentros que han marcado la vida telúrica de la región, con el gran terremoto de 1960 y el reciente sismo de Chiloé. La familia Schwartzmann-Hasson logró salvar el séfer Torá desde una ruinosa sinagoga en el centro de la ciudad, manteniéndola como eje de la vida judía hasta el día de hoy.

El séfer Torá es probablemente el elemento central de la vida judía comunitaria, y por eso resulta llamativo que uno de estos ejemplares haya sobrevivido a dos terremotos y siga aglutinando a los judíos en Puerto Montt.

La historia de este séfer Torá incluye un movimiento telúrico de 9,5° en Valdivia y Puerto Montt , el 22 de mayo de 1960, y de 7,6°, el 25 de diciembre de 2016 en Chiloé, y ha estado vinculada a la familia Schwartzmann-Hasson, protagonistas de su rescate desde una ruinosa sinagoga en 1960, y artífices de la continuidad de rito judío en torno a ella hasta el día de hoy.

Esta historia se desarrolla en el hogar de Bernardo Schwartzmann y Zunilda Hasson, en el centro de Puerto Montt, donde ellos y sus hijos Salvador, Doris y Luis, han protagonizado una entretenida historia de activismo comunitario, en torno al séfer Torá de la ciudad.

Orígenes

Bernardo Schwartzman llega a Chile acompañado de una tía y se dedica a trabajar en lo que puede, vendiendo puerta a puerta, en los complicados años ’40. Luego sigue como empleado de una tienda en Valdivia y posteriormente se instala con un negocio de paquetería en Puerto Montt. Es allí donde le presentan a Zunilda Hassón, se casan y se instalan a vivir en Puerto Montt, ciudad en la que reside hasta hoy su hija Doris, ya que Salvador está radicado en Concepción y Luis en Santiago.

Según relata este último, sus recuerdos de infancia están muy marcados por el tema del terremoto de Valdivia.

“La sinagoga estaba cerca de la Plaza de Armas de Puerto Montt, se arrendaba un lugar en un segundo piso, con una escalera larga de madera y una sala grande que reunía a unas 25 familias judías de la ciudad, en torno a shabat y las festividades”, recuerda.

“El día del terremoto –agrega- todo se movía y mi papá grita ‘al dintel de la puerta’, pero luego arrancamos hacia la costanera, porque en ese momento nadie pensaba en un maremoto. La misma noche o al día siguiente mi papá dice ‘qué habrá pasado en la sinagoga’. Él era muy activo en la sinagoga y recolectada plata para en las alcancías del Keren Kayemet y del Keren Hayesod”.

Luis recuerda que los tres, su padre, él y su hermano, partieron rumbo a la sinagoga, caminando en un ambiente frío y oscuro.

“Caminamos 4 o 5 cuadras, llegamos allá y la sinagoga estaba bastante destruida, había caído una muralla del frontis. Recuerdo que mi papá nos dejó a los dos abajo, porque éramos chicos, les pidió a bomberos que le ayudaran a rescatar la Torá, pero ellos dijeron que era muy peligroso entrar por ‘un libro’, así que él decidió entrar por su cuenta. Desapareció de nuestra vista por algunos minutos y de repente aparece en el segundo piso, radiante, mostrando la Torá… Sólo faltaban las luces para que fuera la imagen de Charlton Heston recibiendo los Diez Mandamientos. Luego se deslizó por la pared caída como si fuera un resbalín, con el séfer abrazado, porque ‘no podía tocar el suelo’, nos dijo después”.

Luis relata que se llevaron el séfer Torá a la casa, aunque no está seguro en qué parte exacta del inmueble quedó guardada.

“Creo que estaba con sus vestimentas y si mal no recuerdo dentro de una caja de vidrio o acrílico. Cuando volví a Puerto Montt, luego de 5 a 6 meses en Santiago, mi casa se había convertido en la sinagoga, ya que la Torá estaba allí, y los servicios religiosos se hacían en el living. Sin ser religioso y sin saber leer hebreo, mi padre se convirtió en ‘el’ rabino o guía judío de la comunidad en Puerto Montt, explica, oficiando entierros y otras cosas. Cuando él falleció, el rabino fui yo, asistió medio Puerto Monnt”.

“Y la Torá sigue ahí –agrega- en la casa de mi hermana Doris, pese a que varias personas han querido traerla Santiago. Pero mi papá fue muy claro en eso y dijo que esa era la Torá de Puerto Montt. Además, él pensaba que en algún momento iban a encontrar petróleo en Puerto Montt y ahí volverían los judíos. Y si bien no encontraron petróleo, si se desarrolló el boom del salmón y la vida judía también tuvo un cierto auge”.

-¿Qué significó para ti tener un séfer Torá en la casa?

-Bueno, era algo especial, era algo importante. No me atrevería a decir que era una protección, pero era algo importante, algo con lo que no se podía jugar, pero que estaba ahí, y a veces llevaba a mis amigos a verla.

-¿Qué crees que pasará a futuro con el séfer Torá?

-Es una buena pregunta, porque parte importante de la familia está Santiago. Pero creo que siempre se seguirá haciendo Iom Kipur en Puerto Montt con esa Torá, ya sea en la casa de alguien de la familia o incluso, como se hizo alguna vez, en una iglesia de la ciudad. Nosotros, la familia, no nos sentimos dueños de ese séfer Torá, porque en realidad pertenece a Puerto Montt y, en tal sentido, mientras haya judíos en la ciudad creo que la Torá debe seguir allá. Así que esperemos que sigan llegando más judíos a Puerto Montt”.

YOM KIPUR 2008
SL375798

SL375803

Por LPI