Por Gachi Waingortin

Ufros aleinu sucat shlomeja

La segunda brajá posterior al Shemá Israel es Hashkiveinu: “Haznos dormir en paz y levantarnos con vida”. Agregada solamente en la tefilá de Arvit (oración nocturna), tanto en Shabat como en días hábiles, pide a D´s que nos permita reposar durante la noche y despertar sanos por la mañana. Una de las características más notables del judaísmo es que nos enseña a agradecer por todo, aun por lo más obvio. Nos enseña que los milagros no por ser frecuentes dejan de ser milagros.

Así, la tefilá nos entrena para que tomemos conciencia de la maravilla que significa acostarse a dormir y amanecer sanos y renovados cada mañana.

Como ya habremos notado, la fórmula judía para agradecer es pedir y la fórmula judía para pedir es agradecer. Cada vez que queremos pedir algo a D´s lo hacemos agradeciendo eso mismo que estamos pidiendo. Esto no debería asombrarnos. Agradecer implica tomar conciencia de lo que tenemos, mientras que en el acto mismo de pedir nos damos cuenta de que ya tenemos mucho de lo que estamos anhelando.

Acabamos de festejar Purim. Nuestra sinagoga se llenó de familias con niños, ruido, gritos, disfraces y golosinas. Purim, esta fiesta para adultos “disfrazada” de fiesta de niños, nos trae, entre sus tantas enseñanzas, una que tiene que ver con esto. El texto de la Meguilá nos relata un diálogo entre Hamán y su esposa. Hamán le dice a Zeresh que se sabe el hombre más poderoso del reino después de Ajashverosh. Tiene el anillo real, recibirá todo el dinero del saqueo a los judíos y la reina Ester servirá un banquete donde él será el único invitado fuera de la familia real. ¿Qué más le puede pedir a la vida? Y sin embargo, Hamán no logra ser completamente feliz porque Mordejai no se arrodilla ante él. Lo tiene casi todo, pero el casi le hace perder el todo. Le falta el centavo para el peso.

Zeresh aconseja a su esposo. Uno podría esperar que le sugiera focalizarse en lo que sí tiene. Es el hombre más rico y más poderoso del reino, tiene su esposa, diez hijos, tiene muchos amigos (que están presentes durante este diálogo). ¿Por qué se va a amargar por el pequeño detalle que falta en lugar de regocijarse con todo lo que sí posee? Sin embargo el consejo es otro: Zeresh le dice a Hamán: Si Mordejai es lo que te impide ser feliz, elimínalo. Matando a Mordejai, serás totalmente feliz. Si el curso de la historia hubiera seguido como Hamán lo soñaba, podríamos apostar a que habría encontrado alguna otra causa que le impidiera la felicidad.

Hashkiveinu leshalom veahamideinu lejaim. “Haznos dormir en paz y levantarnos con vida”. Acostarnos a la noche y levantarnos a la mañana parece ser lo más obvio, lo que siempre sucede, lo que debe suceder. Es probable que entre el amanecer y el anochecer haya muchas cosas que nos falten. Es probable que tengamos problemas que resolver, conflictos que enfrentar. Pero pedimos/agradecemos a D´s esos pequeños detalles que hacen que podamos estar vivos para hacernos cargo de nuestra vida.

Según la tradición, cada vez que nos dormimos entregamos nuestra alma a D´s, y Él la cuida durante nuestro sueño. Es por eso que antes de dormir decimos: “Veiadjá afkid rují”, En Tu mano confío mi alma. Según esta idea, entonces, despertar sería sinónimo de revivir, de volver a nacer. D´s nos entrega el alma un día más; cada día es una nueva oportunidad.

Ufros aleinu sucat shlomeja. “Extiende sobre nosotros Tu manto de paz”. Al terminar el Shemá Israel pedimos a D´s que nos cubra con la sucá de Su paz. Es notable que, de todas las maneras posibles que podría tener D´s de cubrirnos con Su paz, el sidur haya elegido la sucá. Esta estructura inestable, endeble, transitoria, que nos recuerda la fragilidad de la vida, justamente es el símbolo de la festividad de Sucot, Zman Simjateinu, el tiempo de nuestra alegría. La alegría se logra no al negar sino al ser conscientes de lo fugaz de nuestra existencia.

Al pedir a D´s que nos cubra con Su sucá de paz, aceptamos que la paz que podemos lograr en la vida no es una paz eterna; tanto la paz interior como la circunstancial eventualmente podrían verse alteradas. Pero por eso mismo valoramos más la paz mientras la tenemos. Y por eso mismo la sensación de estar en paz nos genera una alegría profunda. La alegría de poseer un bien escaso y transitorio que nos es dado para disfrutar y que debemos aprender a cuidar y cultivar.