Ramón Farías, ex diputado:

“Traté de bloquear la idea de importar el conflicto a Chile”

Quien fuera por largos años presidente del Grupo Interparlamentario Chileno Israelí, señaló que el conflicto de Medio Oriente está sobredimensionado en la discusión parlamentaria y lamentó que la política hubiese capturado una agenda que pudo tener un mayor foco en la cooperación bilateral.

“Ramón Farías, cesante”. Así se llama la obra de teatro estrenada recién por el actor y ex diputado Ramón Farías, en la cual relata cómo, después de 12 años en el Congreso y 12 de alcalde, se quedó sin pega.

Farías fue el rostro visible del Grupo Interparlamentario Chileno Israelí durante varios años, y trató de generar espacios de diálogo en la Cámara de Diputados para conversar constructivamente sobre el conflicto palestino-israelí, aunque según contó no consiguió su objetivo, por la radicalización que tuvo el tema.

-Ramón, ¿cómo se produjo tu acercamiento inicial al Grupo Interparlamentario Chileno Israelí?

-Bueno, la verdad es que a mí me llamaba la atención que existiera un grupo chileno-israelí en el Congreso, me gustó el tema y por ahí empecé a interesarme y participar en algunas reuniones que hubo en esa época, cuando el tema no estaba tan desarrollado ni afiatado como ahora. Estamos hablando de los años 2007-2008.

-¿Qué pasó después?

-Me invitaron a un viaje a Israel de esos que se hacían con parlamentarios y periodistas. Así comencé a conocer más y a meterme en este mundo.

-¿Sabías algo de Israel o de judaísmo previamente?

-De judaísmo no conocía nada. Yo estudié en el Colegio Alemán Thomas Morus y conocía la historia del Holocausto que te entregan ahí, donde se asume la responsabilidad alemana. En aquella época casi todos los profesores venían de Alemania, algunos de ellos habían estado en la guerra y se veían algo dañados. Nadie habló nunca a favor del exterminio ni nada por el estilo, pero había un par de profesores que nos golpeaban mucho y probablemente eso era un trauma de la guerra.

-El Holocausto entonces era un tema bien conocido por ti…

-Sí. Además, estuve en Alemania en un intercambio de 6 meses y en ese tiempo mi ‘papá alemán’, que se llamaba Adolfo, tenía fotos con uniformes de la época y eso fue bien impactante, como asimismo entender lo que había significado para ellos la guerra.

-Entonces la visita a Yad Vashem en Israel deben haber sido muy especial…

-Claro. Yo traía todas esas informaciones en el disco duro y la primera vez que fui a Israel, porque fui varias veces y espero que me inviten otras más, todo eso comenzó a tomar sentido. Si hay algo que no soporto son las armas, pero luego de esas visitas y de haber visto los misiles y cohetes cayendo en Sderot, entonces comprendí por qué había tantos jovencitos con sus rifles colgados caminando por la calle. En ese momento entendí lo que significa el conflicto para Israel, porque la tierra más que un valor económico ahí tiene un valor espiritual. Poco a poco comencé a querer a Israel y a encantarme además con su gente, que es muy simpática, muy abierta.

-Si tuvieras que destacar un par de elementos de Israel, de su gente, ¿con qué te quedarías?

-Yo diría que perseverancia y la inteligencia. Mantenerse en un lugar seco y desarrollarlo es producto de la perseverancia y la inteligencia. Admiro esa fuerza para perseverar en el sueño del Estado y perseverar además en lograr la paz con buenos argumentos y no con armas ilegítimas. Si yo fuera israelí, tal vez al tercer misilazo que me cae estaría usando todas mis armas para destruir al enemigo, pero sin embargo el pueblo israelí no está en esa línea y eso lo admiro. Me encanta la forma de pensar de esa gente y en los viajes de la comunidad tuve la oportunidad de escuchar todas las verdades y todas las opiniones.

-¿Lograste transmitir a tus colegas diputados esa mirada de Israel?

-Eso fue y es un desafío muy complejo, porque ser presidente de este grupo es comprarte un conflicto gratuito, más cuando uno no es judío. Porque si uno es judío dice, ya OK, es parte de la vida y tengo que apechugar. Pero cuando uno no es judío y es presidente ese grupo las agresiones que uno recibe son brutales, incluyendo algunas de mis compañeros de partido, y eso resulta bastante duro, porque este grupo de amistad entre Chile e Israel que no tiene nada que ver el gobierno de turno o con las políticas de Netanyahu, tiene que ver con la gente, con aprovechar aquellas cosas que Israel nos puede entregar y regalar a los chilenos, como es el tema medio ambiental, energético, etc.

-Entonces, ¿cuál fue tu estrategia como presidente del grupo?

-Traté de bloquear la idea de importar el conflicto a Chile e intenté no enganchar con la estrategia del otro lado. Yo diría que una de las claves para mí fue no hacer declaraciones incendiarias. Lo que yo quería era no importar el conflicto, no se trataba de repudiarse de un lado a otro, sino de instar al diálogo.

-¿Y por qué existe esa estrategia de importar el conflicto?

-Yo creo que es una estrategia netamente política. Algunos de los diputados del grupo de amistad chileno palestino han impulsado esa estrategia y también la del boicot, porque ellos buscan dar una señal política fuerte para que el país repudie a Israel y de esa manera que en los foros internacionales se pueda plantear que Chile está en contra de Israel y de lo que ellos llaman la ocupación.

-Pero esto del boicot se parece mucho a lo que en la época de dictadura en Chile se hacía contra las personas de izquierda…

-Es que efectivamente el un boicot es un asunto ideológico, a través del cual no ganan ni un solo adepto y no van a lograr atraer más gente su forma de ver las cosas, porque, seamos sinceros, si viene a Chile un grupo como Mayumana lo vamos a ver por su calidad artística, no porque son judíos o israelíes. En definitiva, si el arte que están haciendo es bueno y bonito, hay que seguir yendo…

-¿El tema del conflicto palestino-israelí está sobredimensionado en el quehacer del Congreso?

-Yo creo que sí. Se pierde mucho tiempo en conversar y discutir cosas del conflicto que no tienen ninguna solución por parte de los parlamentarios. Siempre dije que cuando se vota un proyecto de acuerdo a favor o en contra de Israel eso no tiene ningún efecto. Como mucho un efecto político- mediático dentro de las colonias y de los más enterados dentro de las colonias, porque en estricto rigor estos proyectos buscan que el Presidente los adopte, pero al menos en los 12 años que yo fui diputado no vi ningún proyecto de acuerdo sobre ningún tema que el Ejecutivo haya tomado para sí. En definitiva, son proyectos netamente declarativos y si se ganan o se pierden no hay que hacer nada más.

-¿Pudo el grupo interparlamentario dedicarse a temas de cooperación o la agenda estuvo capturada por la política?

-Lamentablemente nuestro trabajo estuvo bastante capturado por la discusión política, aunque efectivamente tuvimos la visita de algunos expertos israelíes de alto nivel, por ejemplo, en el tema del agua, donde incluso fueron parlamentarios del grupo chileno palestino y realmente se mostraron muy interesados. En lo político nos tocó muy duro por todo el tema de Gaza y obviamente también le expresé al embajador mi opinión cuando Israel hizo cosas que a mí no me parecieron bien. Soy un amigo, pero no un incondicional, porque a los amigos hay que decirles cuando las cosas están bien y cuando las cosas están mal.

-¿Cómo se ve la situación para Israel en este nuevo Congreso, con tres fuerzas políticas bien definidas?

-Yo lo veo complicado. En el parlamento desgraciadamente se asume que si tú eres de izquierda estás con Palestina y no con Israel. Hoy día hay un grupo grande de jóvenes que entraron que se dicen y se sienten mucho más izquierda y creo que vienen con esa fogosidad a tratar de imponer sus temas a como dé lugar y creo que eso va a complicar un poco la situación. El trabajo que tiene que hacer el grupo de amistad chileno israelí será intenso y debería tener como objetivo explicar que esto no es una guerra en Chile, sino un conflicto que existe en Medio Oriente y que en Chile podemos hacer mucho para aunarnos y acercarnos. De hecho, yo intenté en muchas ocasiones organizar una comida de encuentro con el grupo chileno palestino, pero los diputados que son más extremos no quisieron. Esto es lamentable, porque al final somos todos compañeros de parlamento, somos todos chilenos y no veo ninguna razón por la cual no podamos conversar.

-Ahora que dejaste el parlamento, ¿qué pasa con tu relación con Israel y la comunidad judía?

-Yo estoy abierto a las invitaciones que me hagan para seguir trabajando. De hecho, junto a Shai Agosin y Marcelo Isaacson, hemos tenido algunas reuniones para contarles mi experiencia y tratar de entender cómo se puede trabajar en este nuevo parlamento, que también es algo desconocido para todos. Donde me inviten trataré de colaborar con mi experiencia, incluso también con los jóvenes de la comunidad judía, para que entiendan que la política y el servicio público son importantes.

-¿Tu salida del Congreso es un hasta nunca o un hasta pronto?

-Como dice la película de James Bond, nunca digas nunca jamás. Si me preguntas hoy día, mi respuesta es un rotundo no. Lo estoy pasando muy bien en esta nueva etapa a mis sesenta y algo años, pues he podido volver de nuevo a mi primer amor, que es el teatro, donde además estoy cumpliendo el sueño de trabajar con mis hijos en la obra que estoy haciendo, donde mi hija hace la producción y asistencia de dirección y estará como actriz, aunque por poco tiempo, porque está embarazada y tendré mi primera nieta.

-¿Qué se siente ser un ciudadano de a pie nuevamente?

-Me saqué un peso de encima, me siento más liviano, ya no tengo que levantarme y pensar en la declaración, en los últimos datos políticos y cómo hay que reaccionar, etc. Y por otro lado es agradable poder redescubrir las calles, caminar por el centro o por Providencia y mirarle la cara a la gente sin susto, porque cuando uno es diputado la gente te increpa en la fila del supermercado diciendo que debería estar trabajando y no comprando, o en la fila del aeropuerto diciendo que estás viajando con la plata de los demás… Uno está siendo juzgado permanentemente.

Por LPI.