Un grupo de parlamentarios liderados por el diputado Gabriel Silber solicitaron acceder a los informes secretos del Departamento 50 de la PDI:

Tras los archivos de los cazanazis chilenos

Parlamentarios pidieron acceder a los informes secretos del Departamento 50, la mítica unidad de la PDI que desbarató células del Tercer Reich en Chile.
A la espera de estos documentos, repasamos algunos episodios del nazismo en Chile.

Según un reportaje publicado en La Tercera, en las dependencias de la PDI se encuentra una carta del histórico director del FBI, J. Edgar Hoover. En este documento, el máximo jefe de la policía federal estadounidense agradece a los detectives chilenos por su labor en la investigación de las redes de los nazis en Chile, durante la Segunda Guerra Mundial. Estas indagatorias, cuentan personas que conocen del tema, permitieron desbaratar operaciones que agentes del Tercer Reich estaban llevando a cabo en Argentina y Brasil.

Todas las investigaciones fueron llevadas a cabo por una sección que formalmente “jamás existió”, pero que sí fue una realidad: el mítico Departamento 50 de la policía civil, que operó entre 1931 y el término del conflicto armado. Adquirió su nombre porque el número 50 era el anexo telefónico que tenía su despacho.

Según el matutino, los resultados de este trabajo de inteligencia están recopilados en nueve tomos, que se encuentran bajo llave en uno de los edificios de la PDI, con el timbre de “secreto” y amparados bajo el alero de la Ley de Inteligencia.

Lo interesante ahora es que el contenido de estos documentos podría hacerse público, luego de que el 11 de enero pasado la Cámara de Diputados solicitara al director general de la policía civil, Héctor Espinosa, que desclasificara estos antecedentes.

Iniciativa por la verdad

Gabriel-Silber

La Palabra Israelita se contactó con el diputado Gabriel Silber, uno de los parlamentarios que ha liderado la solicitud de desclasificación de estos archivos.

“Desde hace muchos años, en todos los sectores de la sociedad chilena se viene hablando de la necesidad de que, al igual como lo han hecho la mayoría de los países del mundo, se conozca toda la historia de células o agrupaciones nazis que habrían operado en nuestro territorio.

En nuestro país ello ha sido celosamente guardado por diversas instituciones del Estado y, por diversas versiónes, aparentemente quien más información sistematizada posee, en la actualidad, es la Policía de Investigaciones”, indicó el parlamentario, agregando que “no hay derecho a que los ciudadanos no conozcan una parte importante de la historia de su país y, eventualmente, víctimas o familiares de ellas, puedan, de ese modo, hacer calzar informaciones parciales, acerca de actos que pueden haberlos afectado”.

Silber recalcó: “Siempre la verdad hace mejor a los pueblos. No hay más intención que esa”. Al ser consultado si estos archivos podrían comprometer la imagen de personas o instituciones, el diputado aseveró que “no tengo mas expectativas que el conocimiento de la verdad”.

“Diversas informaciones afirman que la actividad nazi en Chile fue significativamente mas importante y extendida de lo que sabemos y el Estado tiene la obligación de dar a conocer todo lo que sabe al respecto.

Si como resultado de esa obligación ética, resultan personas o instituciones comprometidas, bien, será la primera consecuencia de sus actos, que habrán tenido alcance ideológico, o de algún otro tipo. Como siempre, cada quien debe hacerse responsable por sus conductas. No es esperable que una ideología, que desarrolló la peor barbarie de los tiempos modernos, goce, en nuestro país, de la impunidad, ya no sólo legal, sino social, porque el Estado, a través de sus instituciones, no se da a la tarea de comunicar a sus ciudadanos todo lo que sabe al respecto”.

Antecedentes históricos

Cuando Hitler llegó al poder en Alemania, la comunidad judía de Chile organizó manifestaciones de protesta en todas las ciudades, y como resultado de sus esfuerzos la Cámara de Diputados envió un telegrama a Hitler condenando la persecución de los judíos. En esta materia, los intereses de la comunidad judía estuvieron alineados con la posición defendida por los partidos de izquierda, agrupados hacia fines de la década en el Frente Popular. Incluso, según el historiador de la Universidad de Santiago Hernán Venegas, el Partido Comunista de Chile propició a comienzos de la década del ‘40 una Alianza Nacional Antifascista, aunque esta tenía un foco más geopolítico que humanitario.
Ante los vientos de Guerra en Europa, Chile reaccionó como todos los otros países americanos, incluyendo a Estados Unidos, es decir, declarando su neutralidad, según el decreto N° 1.547, firmado por el Presidente Aguirre Cerda el 8 de septiembre de 1939, con el cual Santiago citaba la V y la XII Convención de La Haya sobre los derechos y los deberes de las potencias neutrales en caso de guerra terrestre y marítima. La preocupación principal de La Moneda afectaba a las seguras restricciones al comercio mundial y el consiguiente cierre de los mercados chilenos, ya sea para los productos exportados como para los importados.  La administración de Aguirre Cerda promulgó una serie de decretos para reglamentar el tráfico marítimo de los barcos de los países beligerantes en las aguas territoriales chilenas, el empleo de las emisoras de radio, la transmisión de los boletines de información, la venta de combustible para navíos y aviones de guerra o de buques mercantes armados, etc. En la Conferencia de Panamá, realizada desde el 23 de septiembre al 3 de octubre de 1939 para fijar la posición de las naciones americanas sobre la Guerra, la delegación chilena, encabezada por Manuel Bianchi Gundián, se adhirió con convicción a la Declaración General de Neutralidad, apoyando el firme cambio del movimiento panamericano hacia una postura de defensa frente a los acontecimientos europeos.

Diplomacia y activismo

En ese contexto, la diplomacia chilena en Europa se movía erráticamente, y muchas veces influenciada por intereses ideológicos o personales. Uno de los casos emblemáticos es el del cónsul de Chile en Praga, Gonzalo Montt Rivas, quien tuvo relación social con algunos jerarcas nazis de alto rango, lo que en todo caso no explica completamente cómo puedo haber sido informado de cuestiones reservadas sobre los planes nazis y particularmente sobre la solución final. Si bien en varios telegramas Montt Rivas no sólo contaba lo que le sucedía en Europa, sino que también expresaba su adhesión a las medidas que las autoridades alemanas emitieron, hubo un comunicado especialmente revelador. En efecto, el cónsul envió al Ministerio de RREE una parte traducida del Undécimo Decreto de la “Ley sobre la ciudanía del Reich”, un día antes de ser promulgado por Berlín. Además, Montt Rivas agregó su propia visión de los hechos:

“El problema hebreo se está solucionando parcialmente en el protectorado, dado que se ha decidido desarraigar todos los judíos y mandar unos cuantos a Polonia y otros a la ciudad de Terezin, en espera de encontrar un lugar más lejano. El triunfo alemán [en la guerra] dejará a Europa libre de los semitas. Aquellos [los judíos] que salen vivos de esta prueba serán por cierto deportados a Siberia, donde no tendrán muchas oportunidades de capitalizar las propias capacidades financieras. En proporción al aumento de los ataques de Estados Unidos contra el Reich, Alemania acelera la destrucción del semitismo, ya que acusa al judaísmo internacional de todas las calamitades que ha sufrido el mundo. El éxodo de los judíos del Reich no ha tenido los resultados profetizados por los enemigos de Alemania, al revés: ellos han sido reemplazados por los arianos con obvias ventajas en todo y para todos, excepto en la usura y en sectores afines, en los cuales son maestros consagrados”.

De otro lado, hay casos positivos a destacar, ya que funcionarios del Gobierno chileno brindaron protección a los judíos o dificultaron su deportación. Este es el caso del embajador de Chile en Alemania entre 1940 y 1943, Tobías Barros Ortiz, quien amenazó con encarcelar a los partidarios de los nazis alemanes que residían en Chile si los ciudadanos chilenos de religión judía en Alemania fueran detenidos.

Otro caso destacado fue el del ministro Miguel Angel Rivera, destacado en Rumania, donde adicionalmente representaba los intereses polacos. El diplomático extendió visas a los judíos polacos que iban a ser deportados.

Cabe señalar que la política chilena también se vio influida por ideologías de derecha. El nazismo fue promovido por oficiales del ejército chileno que habían estudiado en Italia y en Alemania. El Movimiento Nacional Socialista de Chile fue fundado en 1932 por Jorge González Von Marees y Carlos Keller Rueff, llevando a cabo una enérgica campaña contra la inmigración de refugiados judíos.
El 5 de septiembre de 1938, los nazis chilenos trataron de derrocar al Gobierno de Alessandri Palma, con la idea de lograr la presidencia del General Carlos Ibáñez del Campo. Un piquete de nazis se tomó el edificio del Seguro Obrero, junto al palacio presidencial de La Moneda. Por órdenes del propio Alessandri, la policía capturó y mató a unos 60 jóvenes que participaron en la revuelta. Esto provocó una fuerte reacción contra el Presidente Alessandri y su candidato para las elecciones que estaban previstas para finales de ese año. En una jugada instrumental, los partidos de izquierda ofrecieron a los nazis una amnistía a cambio de su apoyo electoral. Esta alianza dio como resultado la victoria de su candidato por un pequeño margen. El nuevo gobierno del Frente Popular de izquierda, dirigido por Pedro Aguirre Cerda, permitió en un principio la inmigración sin restricciones de toda persona perseguida en cualquier parte del mundo.

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Por LPI