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Si el jametz nos esclaviza, ¿por qué el pan es kasher durante el año?

Acabamos de pasar la festividad de Pésaj con todos sus hermosos y complejos simbolismos. Limpiamos nuestras casas durante todo el mes anterior para asegurarnos de no poseer ningún leudante durante los ocho días de Jag Hamatzot en la diáspora, y al limpiar nuestras casas nos concentramos en la idea de limpiar nuestras almas de cualquier residuo de esclavitud. Durante ocho días nos cuidamos de no consumir levadura ni alguno de los cereales prohibidos. Los que somos ashkenazim, además, nos hemos abstenido de comer maíz, arroz o legumbres. Todo para respetar la mitzvá y su significado: durante los días de Pésaj los alimentos leudados simbolizan la esclavitud y debemos eliminarlos de nuestras vidas.

La razón que da la Torá es que, al ser expulsados de Egipto tras la décima plaga, los hebreos no tuvieron tiempo de hacer leudar su pan (Éxodo 12:39). De esta manera la matzá se convierte en el símbolo de libertad y, por contraposición, la levadura (jametz) es símbolo de esclavitud. ¿Pero, por qué, entre tantos elementos posibles, la sabiduría judía eligió la dupla jametz – matzá como paradigma de esclavitud – libertad? ¿Qué es lo que el jametz tiene de esclavizante y lo que la matzá tiene de liberadora?

La masa leudada debe su forma y su tamaño al aire que contiene. Lo que, visto desde afuera se ve como masa, por dentro es una mezcla de masa y aire. La matzá, por su parte, es exactamente lo que muestra: es matzá por dentro y matzá por fuera. Si no eres auténtico, si debes dedicar energías para aparentar lo que no eres, pierdes la libertad de ser tú mismo.

No solamente en Pésaj es la levadura símbolo de esclavitud. Si bien se nos permite comerlo durante el año, el jametz sigue representando soberbia y esclavitud. ¿Cómo lo sabemos? Por los sacrificios que debíamos hacer en el Templo. El pueblo judío ha abandonado los sacrificios hace casi dos mil años, desde que el Templo de Jerusalem fue destruido por los romanos en el año 70. Sin embargo, las indicaciones que establece la Torá siguen teniendo valor espiritual.

Leemos en la Torá: “Cuando ofrecieres ofrenda de Minjá cocida en horno, será de tortas de flor de harina sin levadura amasadas con aceite y hojaldres sin levadura untados con aceite. Mas si ofrecieres ofrenda de sartén, será de flor de harina sin levadura, amasada con aceite”. (Vaikrá 2:4-5). Nuevamente, las ofrendas de harina debían carecer de levadura pues lo leudado representa lo inflado, lo vacuo, la soberbia, características humanas que D´s reprueba.

Comprendiendo este simbolismo, se impone la pregunta que nos convoca: ¿Por qué el pan es kasher el resto del año? Cierto que sería muy complicado no comer ningún tipo de pan, pero no sería imposible. Si podemos vivir la vida entera sin comer cerdo o mariscos, podríamos hacer lo mismo con la levadura (y seguramente habríamos desarrollado una forma alternativa de leudado usando bicarbonato de sodio u otros métodos).

Si bien las ofrendas vegetales no tenían leudantes, hay una notable excepción a esta regla. Nos encontramos transitando un período especial en nuestro calendario, que es la cuenta del Ómer. Como sabemos, desde el segundo día de Pésaj se cuenta Sefirat haÓmer, período indicado en Vaikrá 23:15-16 que nos acompaña hasta la festividad de Shavuot. Actualmente, Sefirat haÓmer tiene una connotación de semiduelo, asignada por el Talmud como recuerdo de los discípulos de Rabí Akiva asesinados durante la revuelta contra Roma. Pero, dado que une la fiesta del éxodo de Egipto con la entrega de la Torá en el monte Sinaí, Sefirat haÓmer se presenta como una escalera ascendente que une la libertad absoluta, con la ley que regula y da sentido a la libertad. Y notablemente, la única ofrenda que específicamente debe ser de panes leudados es la que corresponde a la festividad de Shavuot: “Desde vuestras moradas habréis de traer dos panes para mecerlos, de dos décimos de efá de harina de flor habrán de ser, panes leudos cocidos, bikurim para Adonai” (Vaikrá 23:17). No puede ser casual que se nos indique terminar el ciclo de libertad iniciado en Pésaj, haciendo una ofrenda leudada, que contradice la indicación de ofrendar “ugot matzot”, tortas sin leudante, el resto del año.

Podemos pensar dos razones para esto. Sabemos que hay que trabajar por la libertad y esta se consigue a través de la humildad y la autenticidad representada por la matzá. Pero también debemos ser capaces de convivir con la hipocresía y la soberbia. No podemos crearnos un mundo aséptico, aislado de los problemas, no podemos vivir en una burbuja. Pésaj nos invita a buscar y valorar la libertad; Shavuot nos da la ley que nos permite mantenernos libres en un mundo esclavizado por la soberbia y el egoísmo, mantenernos fieles a nuestros principios, aunque debamos convivir con una sociedad falta de valores.

Pero, además, se nos indica ofrendar pan leudado en Shavuot para recordar que, justamente porque el mundo es tan imperfecto, debemos enfrentar con optimismo nuestra misión de tikún olam. El pan que ofrecemos en Shavuot nos recuerda que sigue habiendo “jametz” en el mundo, que la tarea no está completa y que la misión de mejorar el mundo sigue vigente. El judaísmo perderá su razón de ser cuando llegue el Mashíaj y el mundo esté finalmente redimido. En un mundo perfecto no habrá necesidad de cumplir mitzvot ni de hacer tikún olam. Hasta que eso suceda, la existencia de nuestro pueblo seguirá siendo imprescindible.

 

Por Gachi Waingortin