Del libro “Napoleón en Vilna y otros cuentos judíos”:

Shmuel, el flacuchento

A Samuel todos le decían Samuelito porque era tan delgado. Tenía la transparencia que hoy se exige a los políticos, financieros, corredores de bolsa, etc. Los sarcásticos del pueblo lo llamaban “loksh”, no porque tuviera divisas norteamericanas, al contrario, más pobre no podía ser. Con este sobrenombre se referían a que parecía un fideo.

Samuelito fue a ver a su rebe. -Rebe -le dijo- tengo más de 24 años y debo cumplir la ley judía de crecer y multiplicarse. Quiero casarme, pero como soy tan flaco, todas las chiquillas me rechazan, especialmente las que tienen nadn (dote). Usted sabe que lo único que tengo es di bobes yenishe(1) que consiste en un samovar, dos candelabros, cubrecamas y 6 cucharas de plata. Ayúdeme rebe.

Este lo pensó muy bien y dijo: -Hablaré con la directiva de la Kehilá para que te costeen una estadía de dos meses en la playa. Claro que será un balneario, no como Viña del Mar, sino en Cartagena. Con el aire puro del mar tendrás más apetito. No comas treif porque los mariscos no engordan.

Pasaron los dos meses y regresó tan liviano de peso como antes.

-Rebe, mire lo que me pasa, ayúdeme, será una mitzvá.

—Tengo un amigo ortodojo que tiene una pensión en la cordillera. Te conseguiré dos meses gratis. Estoy seguro que si Dios quiere, con la altura y el aire puro , recuperarás tu peso normal. Nihil obstat(2).

Samuelito viajó lleno de optimismo, pero regresó con pocos gramos más.

Fue a ver al rebe, que se mecía las barbas de desesperación al verlo sin mejoría. -Tienes que contarme tu vida desde un principio, pues no comprendo lo que te sucede. -Para empezar, Rebe, nací sietemesino.

-Nu, Shmuel, podías haberlo dicho antes. Tu madre, gracias a Dios, está viva y reside en la capital. Le mandaré una carta para que durante dos meses te de esa comida llena de shmaltz(3) que es su especialidad. Estoy seguro que reponiendo lo que te faltó en la matriz, regresarás más repuesto.

Estos rebes a veces son milagrosos. Samuel volvió al pueblo y tuvo que comprarse ropa nueva, tanto había engordado. Y como era de buen carácter y trabajador, el mismo Rebe le hizo un shidaj(4) magnífico.

1) Herencia de la abuela.
(2) Nada se opone.
(3) Grasa.
(4) Ayudar a formar una pareja.

Por Benny Pilowsky Roffe