Entrevista a coreógrafo israelí:

Shlomo Maman, la figura del Camp Chile Rokedet

El pasado fin de semana Chile se convirtió en el epicentro de los rikudei am de Sudamérica, con un gran encuentro internacional en el que Shlomo Maman repasó sus mejores coreografías y enfatizó que los bailes israelíes no son cosa del pasado, sino un espacio de encuentro actual y vigente.

De cincuentón para sesentón. Pelo desgreñado y jeans gastados. Así se ve Shlomo Mamán, el famoso coreógrafo israelí que engalanó el Camp Chile Rokedet, realizado este fin de semana en Rosa Agustina, con el patrocinio del Círculo Israelita de Santiago, y el incansable trabajo de Chen Blum, Vivi Kremer y un gran número de colaboradores.

Y si bien Maman vino a bailar y a enseñar, también se dio tiempo para dejar un par de lecciones sobre los rikudei am más allá del escenario.

“Cuanto termine la enseñanza básica, me mandaron a estudiar a una yeshivá en Tel Aviv, y cuando sacaron el séfer a Torá todos se pusieron a bailar y yo también. Y entonces el rabino me dice: oye, judío, baila, y yo le contesto: estoy bailando, pero él me insiste: no, judío, baila hora. Pero yo no sabía lo que era la hora, y entonces entendí que tenía que aprender este baile”.

Después de un tiempo, el joven Maman dejó la yeshivá y volvió a su natal Tiberias. “Por casualidad abrieron un taller de rikudim en mi barrio, aprendí a bailar hora y otros bailes, lo que me gustó mucho. Pero el problema es que, cuando llegó el momento de las presentaciones, el director del taller me dijo que había que rellenar para los cambios de vestuario y por eso yo no bailaría, sino que tocaría guitarra y cantaría. Yo le dije que cantaba todo el tiempo y que ahora quería bailar, pero no conseguí nada. En fin, estuve un año eso hasta que abrieron otra lehaká y ahí sí que puede bailar, y lo hacía casi todos los días”.

Más tarde, Mamán ingresó a un ulpán de rikudei am, recibió su certificado de instructor, luego fue al ejército, donde tampoco dejó el baile, más adelante vinieron las audiciones y comenzó su carrera, bailando, creando, dirigiendo, y organizando grandes eventos de bailes folclóricos, como el Festival Carmiel, el más importante de todos, e incluso grandes eventos nacionales, como el acto de Iom
Haatzmaut en la Plaza Rabin en Tel Aviv.

Faltan jóvenes

Shlomo Mamán explica que actualmente hay un desarrollo muy grande de los rikudei am, producto de las nuevas melodías y nuevas canciones que se han incorporado a los repertorios. “Sin embargo, hay una caída muy grande en el número de participantes jóvenes de los rikudim. Y es un problema muy grande, especialmente en lo que se refiere a bailarines hombres, que hay muy pocos, pero incluso en mujeres jóvenes, debería haber más. Y esto se aprecia en las arkadot, donde solo se ve a los adultos bailando”.

-¿Cómo se enfrenta este fenómeno?

-Hace poco recibí una distinción muy importante, que otorga el Ministerio de Educación, y en el contexto de la premiación, pedí que se incorpore la enseñanza de los rikudim en todos los colegios del país, porque hoy día eso no existe, salvo en algunos lugares por iniciativas puntuales.

-¿Y por qué es importante enseñar rikudei am en los colegios de Israel?

-Para involucrar a los estudiantes en el espíritu de los rikudim, porque ellos lo ven como algo lejano y anticuado, pero resulta que la misma música que está de moda es la que hoy está siendo parte de los rikudei am, y todo esto da un ambiente muy especial. Otro tema importante es que las lehakot dan un contexto importante para alejar a los jóvenes de desviar el camino y convertirse por ejemplo en delincuentes, tal vez igual que el deporte, pero los rikudim dan cosas especiales.

-¿Cómo qué?

-Se escucha música, se trabaja la coordinación, se memorizan ritmos y pasos, se aprende del folclor y las raíces judías, hay trabajo en equipo, se establecen relaciones, entre personas, se hacen paseos y se arma un grupo muy especial.

-Qué sabes de los rikudei am en Sudamérica?

-Durante muchos años se bailaron acá muchos bailes míos, porque había un sheliaj llamado Giora Kadmon, que hizo un gran trabajo creando lehakot y usaba mis coreografías. Sé lo que está pasando, porque he estado invitado en varios países. Y en Chile sé que Chen Blum está haciendo un trabajo importante para levantar el tema.

-¿Por qué es importante para las comunidades judías apoyar los bailes israelíes?

-Primero, porque ayuda a fortalecer el lazo entre la diáspora e Israel, y segundo porque creo que los rikudim ayudan a que los jóvenes se conozcan y se formen parejas dentro de la comunidad judía, evitando la asimilación.

-¿Cuál fue tu objetivo en este Camp Chile Rokedet?

-En este Camp, el objetivo fue que la gente conociera los rikudim no sólo como una coreografía, sino más profundamente, que conociera su origen, la historia que hay detrás, su contenido. Y para mí también es muy importante que vean mis coreografías de primera fuente, con el sello único que yo he tratado de darles.

Por LPI.