Nuevo presidente de la CJCh:

Shai Agosin: “Queremos coexistencia, pero con respeto”

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A pocas horas de asumir, y con el whastapp lleno de mensajes sin leer, el dirigente recibió a La Palabra Israelita, y señaló que la tradicional apertura al diálogo que ha mostrado la comunidad judía ahora tendrá un requisito: el respeto de las contrapartes.

Con la convicción de que la CJCh debe ser una especie de ministerio de Relaciones Exteriores de la comunidad judía, Shai Agosin asumió la semana pasada (por segunda vez) la presidencia de esta entidad, acompañado de un equipo que entre otros considera a Benjamín Pupkin, Yoab Bitrán, Gabriel Zaliasnik, Gerardo Gorodischer, Hernán Fischman y Alexis Rosowski, además de la participación de Robert Funk y Jorge Testa, aunque para los próximos días se espera también la incorporación de algunas directoras, entre ellas Joyce Zylberberg.

“El ánimo está muy bien, estamos partiendo con mucha energía y sabemos que hay un desafío gigante por delante”, comentó el flamante presidente de la CJCh a La Palabra Israelita.

-Como hombre de cine, habrás escuchado aquello de que las segundas partes nunca fueron buenas. ¿Qué te parece esto, pensando en que ahora asumes una segunda presidencia de la CJCh, tras tu experiencia anterior del 2011-2012?

-La verdad es que me planteé este tema, pero como se aprecia en mi oficina, soy un fanático de Star Wars, y en este caso la segunda, tercera o cuarta parte fueron tan o más buenas que la primera. Pero obviamente creo que estamos en un momento distinto a mi primera presidencia, tal vez un momento más complejo, más diverso, donde hay nuevos desafíos completamente distintos a lo que me tocó enfrentar anteriormente. Por ejemplo, hoy tenemos en un fenómeno llamado BDS, hay un gobierno de Estados Unidos que se abstuvo en la votación del Consejo de Seguridad y un nuevo Presidente recién asumido, hay un escenario internacional cambiante, etc.

-¿Cómo te marcó tu paso anterior por la CJCh?

-En cada momento de la vida hay cosas muy importantes. Cuando fui janij de Maccabi fui muy feliz, luego como madrij y rosh también, y eso me marcó para toda la vida. Y el hecho de ser presidente de la comunidad fue el momento cúlmine de mi carrera comunitaria, y nunca pensé que un par de años después me vería involucrado nuevamente en este desafío. Recuerdo que la vez pasada, cuando Gabriel Zaliasnik me propuso el tema de la CJCh, no pude negarme, porque mi abuelo fue uno de los fundadores del Colegio Hebreo de Viña y de la Comunidad Judía Valparaíso, y a los Agosin siempre nos han enseñado que hay que trabajar en la comunidad y no es posible decir que no frente un desafío como este, que obviamente representa un gran honor.

-De acuerdo tu experiencia, más allá de la contingencia local e internacional, ¿cuáles son los obstáculos a vencer en la labor de presidente de la CJCh?

-El tema interno es crucial. Yo creo que un obstáculo a vencer es dar a entender adecuadamente que somos el ente representativo de toda la comunidad judía en Chile, lo que involucra algo muy complejo, pues en nuestra comunidad, aparte de la variedad y riqueza de instituciones, tenemos gente de izquierda y derecha, reformista y ortodoxa, ricos y pobres. Entonces, la pregunta es cómo representamos esta diversidad de tal forma que cada uno sienta que la CJCh le pertenece. Acá la palabra importante es empatía, es decir, que todos los miembros de la comunidad judía se sienten identificados y representados por esta institución, con la CJCh.

-¿Y también los ex presidentes debe sentirse identificados? ¿Qué esperas de ellos?

-Mucho. Yo creo que todo lo que se hizo antes fue muy bueno. El trabajo que han hecho las presidencias anteriores es la base y es fundamental para la continuidad comunitaria. Siempre he creído que en la historia está el futuro… Entonces, si no hacemos uso del acervo político y del aprendizaje de todos estos presidentes, seríamos muy irresponsables. Tenemos que aprovechar todo ese conocimiento.

Febrero agitado

Aunque febrero es un mes de muy poca actividad, el nuevo directorio de la CJCh ya inició su trabajo, con objetivos muy claros y tareas organizadas por prioridad, entre las cuales está naturalmente abrir los canales de comunicación con todas las instituciones comunitarias.

“Queremos fortalecer la idea de que la CJCh debe ser una especie de ministerio de Relaciones Exteriores de la comunidad judía, es decir, tenemos que estar donde se hace política, tenemos que estar con las ONGs, con los medios de comunicación, marcando presencia en los grandes temas nacionales, y obviamente en los lugares donde podamos ser un aporte a Chile, mostrando que la comunidad judía está plenamente integrada al país”, aseguró Agosin.

En el corto plazo, una de las primeras tareas que se están abordando es la reestructuración de la organización y las tareas administrativas.

-Se ha comentado que el proyecto anterior era muy ambicioso en términos económicos y que eso es difícil de sostener en el largo plazo…

-En lo personal, no quiero tener una carga de payroll (nómina) tan alta. Siento que el proyecto que yo estoy proponiendo no necesita una carga de ese tipo, pero respeto profundamente lo que se hizo antes. Por lo tanto, opinar si el presupuesto era alto, mediano o bajo no me corresponde.

Año con historia

Agosin está consciente de que el 2017 será un año especial, porque se cumplen aniversarios significativos. En 1897 fue el primer Congreso Sionista, en 1917 la Declaración Balfour, en 1947 el Plan de Partición de la ONU, en 1967 la Guerra de los Seis Días y en 1987 la primera Intifada.

“A excepción de este último acontecimiento, todos los demás los vemos de manera positiva, pues son relevantes en nuestra historia, y por eso los vamos a plantar con una celebración. Obviamente, vamos a estar preparados para poder enfrentar las complicaciones que se puedan dar por parte de ciertos grupos que sabemos que son bastante contrarios a Israel y también a la comunidad judía, puntualmente la Federación Palestina, que ha asumido una posición muy beligerante y no tiene ningún interés de exportar la paz ni de acercarse a la comunidad judía, pese a que se han hecho esfuerzos históricos en la línea de la buena relación que han tenido ambas comunidades en Chile.

-¿Cómo se explica la existencia de esta directiva frente a una comunidad palestina que en general parece ser más moderada?

-Efectivamente, esta directiva tiene una postura más cercana a las ideas Hamas que a la solución de dos estados para dos pueblos. Lamentablemente, los moderados, que son la mayoría, son más silenciosos. Pero estoy seguro que esa gran mayoría prefiere tener una buena relación con la comunidad judía y no alinearse con esta visión más extrema que tienen grupos minoritarios, la cual resulta nociva para la convivencia nacional, por mucho que no tengan ninguna influencia real en el conflicto entre Israel y los palestinos.

-¿Qué actitud vas a tomar respecto de este tema?

-Estoy postulando un cambio de postura. En la comunidad judía queremos coexistencia, pero que sea coexistencia con un apellido: respeto. Yo no voy a poner la otra mejilla. Como comunidad vamos a exigir respeto, y esto significa responder cuando nos ataquen y no guardar silencio.
Escenario internacional

A horas de la asunción de Donald Trump, Shai Agosin se mostró expectante respecto de lo que puede suceder a nivel mundial, y particularmente en la relación con Israel, donde el tema de la ubicación de la embajada americana se ha tomado la agenda.

“Bueno, la capital de Israel es Jerusalén. Ojalá las negociaciones permitan encontrar una fórmula que sea satisfactoria para ambas partes, pero manteniendo la soberanía israelí sobre Jerusalén. Obviamente, me encantaría que todos los gobiernos mudarán sus embajadas a Jerusalén, pero por ahora todo esto es una gran incertidumbre y tendremos que ver qué es lo que ocurre con este nuevo gobierno de EEUU.

-Claro, porque al Gobierno de Obama permitió que se aprobara una resolución sobre los asentamientos en Cisjordania, un tema que genera discusión en Israel y también en Chile…

-Siento que el problema no son los asentamientos. Efectivamente existen posturas muy diversas sobre los asentamientos. Hay gente que cree que no aportan a la paz y hay gente que cree que le dan mayor seguridad a Israel y una mejor posición para negociar. Pero eso solamente el futuro lo dirá. Yo creo que no se puede circunscribir el conflicto palestino-israelí a los asentamientos.

En el pasado, Israel ha dado muestras de que si tiene que abandonar los asentamientos en pos de la paz lo hará. Nosotros, como chilenos judíos, tenemos que preocuparnos de exportar la paz y dar ejemplos de buena convivencia en nuestro país, para que al final se logre una solución de dos estados para dos pueblos, que convivan en paz, y esto debe lograrse a través de negociaciones directas entre las dos partes y no a través de la imposición de ideas o propuestas de terceros.

Por LPI