Entrevista a Beny Pilowsky, histórico colaborador de La Palabra Israelita:

“Seremos menos, pero los que queden van a ser más fuertes”

El ex presidente del Círculo Israelita y ex presidente del Comité Representativo, analizó los cambios en la vida judía durante los últimos 90 años, mostrándose optimista sobre un futuro comunitario basado en la identidad y el compromiso.

Tiene 94 años, docenas de historias, un idioma amado (el idish) y medio siglo como dirigente del Círculo Israelita. Se trata de Beny Pilowsky, un gran amigo de La Palabra Israelita, a quien recomendamos escuchar.

“Mi familia llegó de Vilna a Sudamérica. Sucede que después de la Primera Guerra Mundial los polacos se apoderaron de Lituania, y de Vilna, que siempre fue la Jerusalén de Europa, o sea, el centro de la cultura judía más importante del continente”.

-De ahí el Gaón de Vilna…

-Bueno, el gaón de Vila es un ejemplo, porque el decretó el monoteísmo entre los judíos y los judíos le obedecieron inmediatamente.

-¿Recuerda algo de Vilna?

-En mi caso, salí de Vilna en los brazos de mis padres, era muy pequeño, y viajamos a Buenos Aires y a Mendoza, y en 1924 mis padres llegaron a Santiago. El objetivo era escapar de la situación que se produjo después de la Guerra y también de la gripe que afectó a Europa. Así que se puede decir que no conozco Vilna, porque además cuando quise ir me negaron la visa y no pude entrar. Era la época del estalinismo…

-¿Qué actividad desarrollaron al llegar a Argentina?

-Para mi padre la cultura judía era el centro de su identidad. Tenía mucha simpatía por Israel, pero no era sionista. Lo suyo era el idish. Fue profesor de idish en Buenos Aires y acá en Chile comenzó haciendo lo mismo, pero ninguna familia podía subsistir con las ganancias de un profesor.

-Deben haber sido años de bastante sacrificio…

-Esos primeros años fueron muy difíciles, mi padre trabajaba al semanal, de eso se vivía, pero además fue profesor ad honorem y formaba parte del Vaad Hajinuj. Y mi madre estaba en la casa, pero además tenía una gran habilidad como actriz, y cuando venía una compañía de teatro idish siempre le daban papeles bien importantes.

Vida judía

Según recuerda don Beny, su primer acercamiento a la vida comunitaria fue a los diez años, cuando terminó la escuela primaria y pasó al Instituto Nacional, y el Círculo Israelita le quedaba a un par de cuadras. “Estaba a un paso del Círculo, así que al salir del colegio me iba al subterráneo del Círculo a hacer vida judía en la AJI, la Asociación de Jóvenes Israelitas. Recuerdo que había mucha conversación y discusión. Además estaba el Policlínico Público Israelita.

-¿Qué predominaba, el judaísmo militante o religioso?

-En esa época era un judaísmo poco religioso, de hecho incluso las tiendas judías habrían en Iom Kipur. La mayor parte de los judíos que llegaron eran agnósticos y había algunos religiosos en el sentido formal, o sea hacían Iom Kipur y Pesaj, pero no mucho más.

-¿Y su vida universitaria cómo fue?

-Yo estudié Ingeniería Química en la Universidad Federico Santa María. En ese tiempo era complicado, porque muchos de los profesores de la universidad eran de origen alemán, y favorables al nazismo. Esto fue precisamente en la época de la Guerra, en 1940, además allá en Valparaíso casi no había estudiantes judíos en la universidad.

-Pero sí había vida judía en la ciudad…

-Claro. Cómo me fui a Valparaíso a allá empecé a participar en la comunidad judía de la calle Victoria, donde incluso llegué a ser presidente. De hecho fui el presidente más joven de la institución. Incluso, como presidente, tuve la oportunidad de unir a tres comunidades en una, porque en Valparaíso funcionaban separadamente los ashkenazim, alemanes y sefaradim.

-Por esos años se vivieron dos grandes episodios históricos, como la Shoá y el nacimiento de Israel. ¿Qué pasaba en Valparaíso en ese entonces?

-La Shoá se empezó a conocer recién el año 43 o 44, porque lamentablemente hubo países aliados que no quisieron hacerse cargo del problema judío y en cierta forma lo ocultaron. Y en relación al Estado de Israel, lo que más recuerdo es que los judíos bailaban en la calle con las torot.

En el Círculo

Poco tiempo después, don Beny se casó y se mudó a Santiago, reviviendo una antigua relación con el Círculo Israelita.

“Al poco tiempo ingresé al directorio, donde estuve más o menos 50 años, y me tocó hacer varias cosas, estuve a cargo de la Jevra Kedisha e incluso fui presidente de la institución un par de veces, por alrededor de seis años. Y también fui presidente del Comité Representativo de Entidades Judías, donde consideré a don Gil Sinay como mi maestro”.

-¿Cómo fue su gestión a cargo del Crej?

-Cuando asumí el Comité Representativo el contacto con el mundo gentil estaba en un nivel relativamente bajo, la comunidad estaba un poco aislada, y yo quise abrirla, especialmente considerando la cercanía que tenían los evangélicos con nosotros, pero como la mayoría era católica, esa idea no fue seguida.

-¿Y la experiencia del directorio del Círculo fue gratificante?

-En el Círculo me tocó hacer muchas cosas. Éramos un directorio bastante unido y yo representaba una nueva generación, pero en esa época la llegada de los jóvenes a la dirigencia era más lenta, se formaba un directorio mixto, con gente de 80 años y otro de 40. El Círculo llegó a tener un ala conservadora y otra ortodoxa. Eso coexistió, pero lamentablemente al final sólo siguió una línea.

-¿Qué le parece el espíritu de la dirigencia actual, comparado al de los antiguos?

-El espíritu de los dirigentes antiguos es difícil de comparar al de hoy, porque antes el voluntarismo era mucho mayor. Ahora los jóvenes están dirigiendo empresas y entonces no tienen gran tiempo para dedicarle a las comunidades y estar ahí presentes todos los días. Por lo mismo, han entregado a los profesionales el manejo de las instituciones, lo que está bien, pero no hay que olvidar la parte voluntaria.

-¿Falta participación?

-Cómo chileno me preocupa que en el país hay cada vez menos participación en las elecciones y como judío que en las comunidades judías cuando hay una asamblea tenemos menos de un 3% de asistencia. Nunca hay más de 20 o 30 personas en una asamblea, y esto se debe normalmente a que se presenta una sola lista, y yo creo que sería bueno que hubiese competencia con mayor discusión de contenidos y discusión ideológica.

Por ejemplo, la primera vez que fui elegido votaron casi quinientas personas. Por otro lado, no todo es blanco o negro, es bueno que el directorio sea homogéneo, que trabaje unido, pero es importante que haya alguna variedad de ideas. En general creo que en los directorios comunitarios deberían tener una cuota de directores mayores, ya que una buena cantidad de socios son de edad, y entonces ese grupo etario no está representado en la toma de decisiones.

Hombre de prensa

Por su vocación cultural y comunitaria, don beny fue además un permanente colaborador de la Palabra Israelita, donde sus columnas y proverbios tradicionales tuvieron muchos seguidores.

“Mi participación en la Palabra Israelita comienzó cuando fui presidente de la Jevra Kedisha y tenía que mantener un contacto permanente con el diario, especialmente con
Silvia Preiss y Eva Pfeiffer, con quienes teníamos que revisar detenidamente la información.

Además, trate de promover el tema del idish pero ese idioma pasó a ser parte de una pequeña minoría. Era el idioma que me gustaba, que se hablaba en mi casa y lo especial de este idioma es su riqueza, porque tiene palabras adoptadas de distintos idiomas, del francés, del ruso, del polaco y un 70% de alemán.

Hoy en Estados Unidos hay resurrección del idish, hay gente que lo está estudiando en las universidades, y lo mismo pasa en Israel, donde en un comienzo se boicoteaba el idish por ser ‘enemigo’ del hebreo, pero luego empezó a aceptarse en diarios y ambientes académicos.

-¿Y qué le parece La Palabra Israelita de hoy en día?

-La encuentro que está más abierta a distintos temas, incluso he visto algunas cosas de deportes, o sea los temas que interesan a los chilenos también están en la Palabra. Creo que hay una buena administración en el diario, pero yo pondría el foco en la parte editorial, porque se puede ampliar la colaboración de columnistas, ya que hay gente muy capaz.

-Además la prensa judía hoy compite con las redes sociales…

-La verdad no sé mucho del tema de las redes sociales, con suerte logro entrar a mi computador para leer algunos diarios en inglés que son importantes para la vida judía. Pero a propósito de diarios, sí me preocupa mucho que nos estamos asimilando cada vez más, y hasta en la muerte hay asimilación.

Siempre leo el obituario, y hay muchos entierros en cementerios no judíos. Llevo la cuenta de unos 30 este año, y antes eran sólo casos muy excepcionales.

-¿Es optimista respecto del futuro de la vida judía en Chile?

-Soy optimista. Puede que en cuanto al número seremos menos, pero los que queden van a ser más fuertes en el sentido de identidad, pertenencia y participación.

-Pero no son tiempos sencillos para la actividad pública judía…

-Por eso es positiva nuestra participación pública, sobre todo en Chile, donde somos una comunidad pequeña en relación a la comunidad de origen palestino o árabe. En el pasado hubo buenas relaciones entre ambas comunidades, pero las nuevas generaciones han mostrado una posición antisemita que se ve en las universidades.

Por LPI.