Por Gachi Waingortin

Seguimos revisando la Amidá

Las últimas semanas hemos estado revisando la Amidá, sus formas y contenidos. Hemos visto que, al ser nuestra entrevista privada con el Creador, hay un protocolo que es necesario seguir. Así, hemos analizado las tres brajot introductorias y los trece pedidos: cuatro personales, cuatro nacionales, cuatro universales y uno en el cual pedimos a D’s que escuche nuestras plegarias. Llega entonces, el momento de la despedida, donde tendremos tres
brajot de conclusión.

La primera brajá de despedida, denominada “Avodá”, comienza pidiendo “Retzé beamjá Israel ubitfilatam”, Acepta a Tu pueblo Israel y a sus oraciones. Pedimos a D’s, además, que vuelva Su presencia a Jerusalem. De alguna manera, esta brajá parece repetir lo que hemos pedido en Shemá Koleinu, la brajá anterior. Quizás la diferencia entre ambas es que en Shemá Koleinu pedimos a D’s que escuche nuestras plegarias como individuos. Si bien hablamos en plural (debemos recordar que, con muy pocas excepciones, los judíos siempre rezamos en plural) el pedido lo hacemos desde nuestras necesidades personales. Retzé se refiere más al pueblo como un todo. Pedimos que acepte a Israel como el pueblo que Lo invoca e intenta servirlo. En Rosh Jodesh o Jol Hamoed se intercala en este momento una oración, Yaalé veiabó”, donde pedimos a D’s que recuerde a nuestros patriarcas, a Jerusalem y a nosotros mismos en estos días especiales. Continuamos con la segunda brajá de despedida. Ya prontos a retirarnos de Su “palacio”, agradecemos a D’s por todas Sus bondades. “Modim anajnu Laj”, Agradecemos y reconocemos que Él es nuestro D’s ahora y siempre, nos cuida y protege. Reconocer que nuestras vidas están en Sus manos nos exige una dosis de humildad importante.

La sensación de omnipotencia que a veces nos invade puede hacernos sentir que somos dueños absolutos de nuestros recursos y capacidades. Esta brajá nos devuelve la humildad de sentir que no lo podemos todo y debemos agradecer por cada cosa que logramos en la vida. Al aceptar esto, declaramos que es hermoso alabar y agradecer a D’s. Nos inclinamos al decir Modím anaju laj y también al finalizar esta brajá, cuando decimos Baruj Atá, en la oración que concluye con “ulejá nahé lehodot”.

Cuando rezamos en presencia de un minián y el oficiante relee la Amidá en voz alta, en el momento en que el Jazán recita esta bendición de agradecimiento, los feligreses recitan una variante levemente distinta, que dice: “Te agradecemos por la vida que nos concediste y por tu ayuda que nos sostiene”. Cuando el Jazán relee la Amidá, está representando al kahal para que, si alguno no sabe o no puede rezar por sus propios medios, pueda cumplir con su obligación de alabar a D’s. Es notable que esta capacidad de representar a la feligresía en sus pedidos es aplicable a todas las bendiciones salvo a esta. Aun cuando haya un oficiante rezando en representación de la comunidad, el agradecimiento no puede ser delegado. Agradecer es algo que cada uno debe hacer personalmente.

Dentro de la brajá “Modim” de agradecimiento incorporamos, cuando corresponde, “Al Hanisim”, el agradecimiento especial por Janucá, Purim o Iom Haatzmaut. La gratitud personal hace grande al ser humano. La gratitud nacional hace grande a un pueblo. Los judíos estamos entrenados en reconocer que D’s interviene en la Historia y agradecemos cada vez que eso sucede.

La última brajá es por la paz. Pedimos a D’s que nos otorgue la paz, como individuos, como nación y como humanidad. Es pidiendo paz que nos retiramos del “palacio del Rey”, dando tres pasos hacia atrás al decir “Osé Shalom bimromav” El que establece la paz en las alturas, nos conceda la paz a nosotros, al pueblo de Israel y a Yerushalaim como símbolo de la humanidad reconciliada.

Cuando decimos “a nosotros, al pueblo de Israel y a Yerushalaim” nos inclinamos hacia la derecha y hacia la izquierda, simbolizando que invocamos por la paz en todo el mundo.

Es así que terminamos nuestra Amidá. Un intento de acercarnos a D’s, de reconocer nuestro papel en la creación, nuestras responsabilidades y competencias. De recordar nuestros compromisos éticos y morales. Pedimos, agradecemos y trazamos nuestra hoja de ruta para no perder el rumbo en nuestro camino hacia un mundo mejor.