Algunos testimonios que dejó la inolvidable experiencia en el 2018:

Se viene Travesia 2019

Así se vivió en el 2018.

Vivi Kremer
Fundadora y coordinadora,
del voluntariado TuComunidad

Emociones compartidas, fotos que hablan, testimonios significativos, de una experiencia única e irrepetible.
Travesia ha sido para mí, uno de los proyectos más significativos y conmovedores del año: en cada una de las clases, en Santiago, movilizó todas mis emociones, vivencié, cada día del viaje; como si hubiera estado allí, me permitió y nos permitió: entrelazar memoria y presente, y decir: Hineni; Hineni para honrar la vida, Hineni para seguir construyendo….

Es movilizante cuando un proyecto se concreta, y en el caso de Travesia lo fue aún más: quizás: por la tremenda entrega y dedicación de Jessi, quizás porque conocer la historia a través de testimonios sensibiliza; quizá porque la Shoá, es una marca que aunque dolorosa; todos debemos conocer, quizás por la fuerza que genera la necesidad de honrar a las víctimas con continuidad.

Por eso y más: todo mi agradecimiento a Jessica Landes y a Debbi Miranda que fueron pilares en el Proyecto y a nuestro querido Rab. Eduardo y Gachi, que nos acompañaron en el viaje. Sin duda: para todos nosotros: Travesia marca un antes y un después, en nuestra identidad y renueva el compromiso de seguir construyendo comunidad. Por eso esperamos repetir Travesia en el 2019, para dar la oportunidad a cada mitpalel de vivir esta experiencia.

En palabras de Debbi Miranda

Nuestra Travesía junto a mi marido fue un viaje que comenzó en Abril, donde pudimos crecer sesión a sesión en nuestro conocimiento con respecto a la vida judía en Europa antes de la Shoá, durante y después. Fueron diez sesiones de un curso maravilloso, donde nos fuimos dando cuenta todo lo que no sabíamos y todo lo que debiéramos entender antes de ir a encontrarnos con esa Polonia, de la cual sólo se habla de campos y muerte. Como conclusión al curso pudimos entender que la única forma de tener claro toda la vida judía que se perdió, es conociendo la inmensa actividad, social, política, cultural, etc que había antes de la Shoá. Ya llegando a Polonia, con una emoción y expectación tremenda, nuestras ansias por conocer todo, recorrer y tener la oportunidad de conectar todo lo aprendido con lo que íbamos viviendo fue increíble, no hay palabras para describir lo afortunados que fuimos.

Un grupo hermoso, un Rabino que nos acompañó dulcemente en lo espiritual y una guía de lujo, con una sabiduría no solo en lo técnico y en la información, si no que además en la forma que nos conducía para vivir intensamente cada lugar, en cada bosque, en cada sinagoga, en cada shteitl, en cada vida que renacía y en las millones de pérdidas también.
Solo le damos gracias a D’s por haber tenido la oportunidad de vivir esta Travesía juntos y de esta manera. Sentimos que hay un antes y un después de esta Travesía.

En palabras de Rinat Ratner

Tomar la decisión de viajar a Polonia y enfrentar tan de cerca el dolor y la muerte de nuestro pueblo puede parecer una locura o un despropósito, pero cuando mi marido me dijo “Vamos” no lo dudé ni por un minuto. Poder respirar el aire que ellos respiraron, pisar el suelo por donde caminaron, mostrar que estamos vivos, es la forma más potente de honrar a los que ya no están. Volver a las raíces guiados por Jessica, acompañados por nuestro Rabino, por Gachi y por un grupo humano de lujo, le dio mucho más sentido aún, todos unidos como una gran familia. Un llanto que nos pertenecía a todos al unisono, la esperanza y alegría de una comunidad judia que lentamente renace en Polonia y tantas otras vivencias me llevan a afirmar que no me equivoqué, que valió la pena y que la locura habría sido no haberlo vivenciado

En palabras de Kitty Navea

Travesia para mi fue un camino que recorrió el horror, el dolor y la constante necesidad de pedir perdón como humanidad; que se manifestó en respeto, memoria y responsabilidad; y que terminó en un sentimiento de orgullo, de vida y de continuidad. Fue un camino doloroso, pero necesario para construir memoria judía. Una travesía que honra a quienes en las circunstancias más atroces fueron silenciados, vejados y denigrados. Una travesía que me permitió orar por todos ellos, en silencio y con el alma recogida, un kadish de duelo en señal de respeto y recuerdo. Pero también una travesía que me permitió respirar, entender que siempre la vida florece, que las almas buenas en este mundo existen, que la mejor respuesta fue ir y caminar como libres por todos esos lugares y que la mejor venganza es la continuidad.

En palabras de Hernan Geller Kurz

No es fácil hacer la conversión de las emociones y las sensaciones vividas, para plasmarlas en palabras que puedan realmente interpretar aquello que viví cuando te piden un pequeño texto que resuma lo que Travesía fue para mi.
Creo que la frase que mejor podría describir aquello es que fue una experiencia trascendente.

Yo que pertenezco a una segunda generación , la cual por lo general no quiere escuchar, se encuentra con aquel que vivió el episodio, que fue protagonista y no quiere contar, por no hacer daño y no revivir lo vivido. Se junta el mudo con el sordo, y en este contexto lo sucedido no trasciende se hace intrascendente. Pero cuando tu vivencias lo sucedido es imposible quedar ajeno y aparece la trascendencia.

Esta trascendencia tiene dos direcciones una horizontal y una vertical. La horizontal con tus pares de generación para que vivan esa experiencia y puedan mantener viva la memoria y no caer en la amnesia tan peligrosa en la cual yo estaba sumergido . Y en la vertical con mis descendientes para que nunca permitan que algo así vuelva a ocurrir y se sientan orgullosos de cómo sus abuelos y bisabuelos tuvieron el coraje y la resiliencia de levantarse una y otra vez frente a las más atroces adversidades. Finalmente para mi en lo personal ser un agradecido de poder gozar de las libertades básicas que uno no pondera hasta que las pierdes y racionalizar que mis problemas no existen al lado del sufrimiento de ellos

En palabras de Maria Inés y Manuel Krauskof

Para nosotros: La Travesía, liderada con conocimiento, expertise y magisterio intelectual de Jessy Landes, en consonancia con la participación del Rab. Eduardo y de Gachi, convirtió y contextuó la visita en una experiencia única, lúcida y judaica, plena de las emociones y sentimientos que afloraban junto a nuestras lágrimas por la barbarie deshumanizada del nazismo y la muerte de familiares directos. Pasado, presente y esperanza, vividos a fondo con un grupo que se afiató desde un comienzo a través de una inmersión profunda en lo que fue la Shoá, muy bien pensada y ejecutada.

En palabras de Silvana Aisemberg

Durante mucho tiempo fui acumulando el deseo de conocer la tierra de mis ancestros y de encontrar respuestas (si las hay) acerca de porqué sucedió la Shoá. Este deseo y esta búsqueda seguramente me llevaron a hacer esta Travesia. Pero qué fuerzas hicieron que hasta último momento se cruzaran algunas complicaciones y temores? En realidad aún no lo sé. …

En el viaje pude reflexionar acerca de los distintos sentimientos de las últimas cuatro generaciones de mi familia respecto a Polonia, nuestro país de origen. El miedo de mis abuelos paternos escapándose del antisemitismo, el odio de mi padre hacia los polacos cultivado por las conversaciones de sus padres, a pesar de haberse ido solo con 5 meses de vida de Varsovia, y el deseo mis hijos, de mi marido y mío de conocer y acercarnos a nuestras raíces.

Cansada de ver a su marido pelearse en la calle debido al odio hacia los judíos que imperaba en Polonia, mi abuela insistió en emigrar hacia Argentina, a donde habían llegado los hermanos de mi abuelo. Así lo hicieron, en el año 1929, en un viaje muy largo, como lo hacían tantos otros, pasando por Colombia, Chile y finalmente llegando a la ciudad de San Miguel de Tucumán en Argentina. Lamentablemente mi bisabuela no quiso emigrar y uno de los hermanos de mi abuelo regresó a Varsovia. Desde que empezó la guerra no se supo más de ellos. Solo quedó un vacío muy doloroso. En esta travesía reconstruí parte de esa historia y mucho más…

Pude acercarme a la prolífica y rica vida judía que seguramente tuvo mi familia antes de la Shoá en Varsovia, Kazimierz, Lublin, Lodz, Titkin.

Tuve el honor de hacer el kadish a mi bisabuela Sara Rubinstein con el Rabino Eduardo y todo el grupo. Encontrar la tumba de mi bisabuelo en Lodz y dejarle como homenaje, y en representación de toda mi familia, una piedrita pintada con tanto sentido por los hijos de Eduardo y Deby.

El vacío que dejaron mis parientes desaparecidos en parte se llenó con homenajes a todas las víctimas, a todos mis hermanos judíos que sufrieron tantas atrocidades… El viaje reforzó aún más mi identidad. No he sentido odio, sino mucha tristeza por lo que tuvimos que pasar y a la vez el orgullo de estar allí dando testimonio que aún existimos y que vamos a seguir existiendo. En mi cabeza sonaba constantemente la frase AM ISRAEL JAI.

Esta travesía nos alinea en el camino que empezamos junto a mi familia desde que llegamos a Chile con un compromiso cada vez mayor, en el fortalecimiento de nuestra identidad, trabajando para la continuidad, transmitiendo valores, estudiando, haciendo tikun olam.

Va mi agradecimiento al Círculo Israelita por posibilitar el curso y el viaje, a Vivi Kremer por ser el motor de tantos proyectos, a Debbie Miranda por la impecable organización y dedicación y también junto a Edu por apoyarme en momentos en los que lo necesité, al Rabino Eduardo y Gachi por sus enseñanzas y a Jessy Landes por su sabiduría y sensibilidad, por hacer de este viaje una Travesía con sentido, sin ella no hubiera sido posible esta experiencia única e irrepetible. También quiero agradecer al grupo, heterogéneo en edades e intereses pero tan unidos por el deseo de realizar este viaje… “Cuando nos atacan, respondemos con esperanza” “Cuando la violencia predomina, sembramos amor” “Cuando nos quieren callar, elevamos nuestra voz por la paz” AM ISRAEL JAI.

En palabras de la Doctora Araya

Llegué a la ciudad de Pittsburgh, el día 28 de octubre para dar una clase en el Hospital Presbiteriano. Hacia 2 días que había ocurrido el tiroteo de la Sinagoga de Squirrel Hill. La conmoción de lo ocurrido se sentía en el ambiente y se veía en las calles. Alrededor del Hospital Presbiteriano y de la Universidad de Pittsburgh todos los jóvenes se paseaban con camisetas que llevaban un logo con una Estrella de David y la frase “Stronger than Hate”. Más fuerte que el odio. Yo había participado del programa “Travesía“ dos semanas antes y había vuelto llena de cuestionamientos acerca de la naturaleza humana, que siempre sorprende, más veces para mal que para bien.

La frase “más fuerte que el odio “estuvo en mi cabeza por días. Las camisetas se fueron mucho antes. ¿Qué es más fuerte que el odio?, ¿cuál es el sentimiento que lo derrota, qué se enfrenta o contrapone al odio?
La judeofobia es un odio milenario, de cuna probable durante el helenismo, y que ha caminado por la historia de nuestra civilización con instantes más o menos espantosos para nuestro pueblo. En Polonia pudimos ver como ese odio se organizó y materializó en lugares de horror y muerte. Alguien podría pensar que eso fue el final y que luego de que el mundo supiera lo que allí pasó no seríamos víctimas nuevamente. Pero sabemos que no es así.

La comunidad judía en Pittsburgh repetía que se trata de un hecho inexplicable, incluso algunos se atrevieron a decir que no existía ningún contexto para esperar algo así. En esos días pensé en todos los ciudadanos judíos polacos que contribuyeron a esa sociedad tan importantemente y que jamás imaginaron que los marcarían, los hacinarían, les robarían y finalmente los asesinarían.

Más fuerte que el odio, parece no ser el amor. Más fuerte que el odio y más peligroso es el miedo.

En una sociedad postmoderna, en que disentir y enfrentar parece inadecuado, creo firmemente y a pesar de cualquier cuestionamiento que, para enfrentar el odio, solo queda el coraje.

Por TuComunidad