Por Rabino Ariel Sigal:

Salir = llegar

Siglos más tardes, el escriba Nejemia describirá en su libro: “Tú, A-donai, elegiste a Abram y lo sacaste de Ur en Caldea. Le conferiste el nombre de AbraHam y comprobaste la sinceridad de su corazón” (Nejemia 9:7-8). Estamos de regreso del diluvio, en donde Noaj, no cumple las expectativas del plan divino y la humanidad resurge de sus mismos talentos y penurias. Con Abraham D’s recupera la confianza, renueva la esperanza y celebra un nuevo pacto. Es un pacto que parte con un mandato: Lej Lejá -vete camina (para ti)-. Lej lejá puede entenderse como un duplicado del imperativo, es decir, la repetición de la orden acentúa su contenido.

Es más, el Midrash Raba 39:16 denomina a Abraham “holej”, el caminante, el que siempre está en movimiento. Inspirado en esta parashá, lo primero que sabemos de él, es que acepta la orden y toma la iniciativa de salir de lo estático para construir su camino. Hazte cargo de tus movimientos. Elige un sendero que te lleve hacia donde estás convencido que tienes que ir. Aprópiate de tus decisiones. Defiende tus elecciones. No renuncies a la meta cuando creas que encontrarás tu destino. No te quedes quieto cuando intuyes que allí habrá una posibilidad. Y eso sólo lo hacen las personas de fe. Por eso Abraham es considerado el primer creyente en A-onai, nuestro D’s. Porque se animó a confiar en el camino, aun cuando la meta no estaba clara, ni garantizada. Porque es un ser de búsqueda, más que de resultados. Porque es inquieto y desafía al status quo, cuando este no lo representa. Porque no le teme al reto, aun cuando sale sólo con los suyos al camino.

Y eso es lo que define Nejemia en el versículo: D’s lo elige porque encontró en él sinceridad de corazón. Abraham no es un fundamentalista de la fe. Es quien, por su profunda fe, se atreve a tomar la orden de D’s y hacerla suya, a tamizarla por la sinceridad de su corazón y reelegir el mandato, no ya desde el sometimiento al cielo sino desde la propia elección. Entonces allí comprendemos la duplicación de la palabra Lej lejá. Porque cuando el mandato se hace piel, cuando lo que vas emprendes tiene que ver con lo que se te prescribe tanto como con lo que tu eliges, entonces, el mandato y tu propio ser se “in-distinguen”. Salir y llegar a él -Lej Lejá-, no es ninguna contradicción ni error de escritura. Es simplemente el camino ideal con el cual empieza la fe de nuestro pueblo.

Por Rabino Ariel Sigal.