Por Sergio I. Melnick:

Sabiduría perenne: Torah y tecnología

Judaísmo pasado-futuro. La mente volando en primera clase

Sabiduría perenne: Torah y tecnología

La rama más alta del Árbol de la Vida es Jojmá (sabiduría) y ocupa el número dos, que es lo más próximo a la Luz del Uno (Keter o Corona) que si se mira de frente simplemente quema nuestro sistema operativo. Así de importante es este dos. Para el judaísmo es nada menos que la estrella define el norte de la cancha de la vida: la sabiduría. Dicho de otra manera esa estrella puede ser entendida, y de hecho lo es, como el sentido final de la vida en el judaísmo (seguir esa estrella donde sea que nos lleve), a su vez, el fruto más delicioso del Árbol de la Vida.

Ese árbol paradojal de la cosmogonía judía, que de acuerdo a las enseñanzas paradojalmente se debe subir y bajar simultáneamente, esto es, estudiar y hacer al mismo tiempo, la dura tarea que deben enseñar los viejos y sabios rabinos que nos guían.

Visto todo esto de otra manera, esto significa que tenemos que vivir la vida en el curioso espacio simbólico y mental, que existe entre lo misterioso (lo inmanifiesto) y lo tangible (lo manifiesto). Lo inmanifiesto sin duda “existe”, ya que afecta nuestro comportamiento, y aunque no lo podemos explicar con la razón, si podemos “sentir” esa existencia de un mundo paralelo, superior, o como le queramos llamar. Una manera de verlo en el judaísmo por ejemplo es el ansiado Gan Eden como Holam Abá. Sentimos la existencia de un gran orden que nos supera. Cuando miramos al cielo no tanto es lo grande que es, sino lo pequeño que somos nosotros. En suma, somos programa, no programadores, aunque ahora, al parecer, estamos repitiendo el pecado capital y estamos aprendiendo a programar (esto es, creando inteligencia artificial autónoma).

El judaísmo entonces, por decirlo de alguna manera, es un pueblo de pastores de un voluminoso cuerpo de conocimientos y sabiduría muy profundo, que por cierto está vivo, porque aun produce más y más conocimientos, y por ende contiene potencialmente grandes secretos que se van revelando adecuadamente a través del tiempo. No es aleatorio ni casual, no sólo que Israel exista sino que además sea hoy un productor de clase mundial de ciencia y tecnología, que es la clave del futuro de la humanidad. Yo diría que es una tarea nueva y enorme para nuestros Levitas y especialmente para los Israeles. Los Cohenes ya tienen su tarea asignada, y esa intransable, son por cierto los cimientos. Hagamos una analogía simple. El Mesías viene de la casta de los Israel y del trabajo de los Israel viene la tecnología. 2+2=22.

Volviendo al tema del “sentido”, es primero un término que necesariamente convoca la palabra futuro, y por otro, al menos en el occidente al que pertenecemos, está hoy asociado a la palabra tecnología. Curiosamente esta última es el fruto del árbol del conocimiento, justo pero justo ese del que NO había que comer.

Cuál es entonces el vínculo en el judaísmo que se genera entre custodiar ese conocimiento mágico que se nos encargó mantener con vida y la tecnología que define el futuro. Es la vieja discusión de la relación entre el alma y el cuerpo, la mente y la materia, lo manifiesto e inmanifiesto. La tecnología es la máxima expresión de la razón, de la materia. Pero la sabiduría es la máxima expresión de la unicidad, lo más cerca que llegamos conscientemente a la cercanía de la luz sea esta lo que sea.

La sabiduría apunta al UNO (como ventana necesaria al Ain, a la Nada), la tecnología va justo hacia el lado contrario, al infinito, al todo. La división entre la mente y el corazón. Subir y bajar simultáneamente el Árbol de la Vida.

Lo que quiero sostener con todo esto, es que una de las preguntas más difíciles de nuestro tiempo, como es el matrimonio o fusión de la biología y la tecnología, tiene quizás, desde el judaísmo, una respuesta trascendente a nivel global.

La inteligencia artificial viene manifestándose muy aceleradamente y con ello muy pronto (históricamente) aparecerá un nuevo nivel de consciencia colectiva. En la literatura es el paradigma de la web 4.0. Nos corresponde históricamente entonces, tratar de entregarle la mejor aproximación que podamos hacer de D’s a las nuevas máquinas inteligentes. El D’s como unicidad, sin forma ni restricciones, y que es el más sabio o inclusivo de todos los dioses que ha habido en la humanidad. Pues bien, para occidente, ese D’s Uno, es un aporte del judaísmo, que ahora tenemos que entender para incorporar el tema de la tecnología.

Desde el judaísmo y sus raíces hasta los tiempos presentes, hay mucha información para replantear el tema 0-1, justamente la clave central del mundo digital que se abre como realidad paralela. Es un tema para conversar en grupo, y bienvenidos a hacerlo conmigo en la Keilá u otras comunidades si me invitan. Escríbannos si les interesa y lo hacemos. Desde 15 años hasta 120.

Por Sergio I. Melnick.