Embajada de Israel presentará exposición en Cepal:

Refugiados judíos de países árabes, la otra cara de la moneda

Tras la Segunda Guerra Mundial, y especialmente luego de la Resolución 181 de 1947, en que la ONU propuso la creación de un estado judío y un estado árabe en Palestina, unos 850.000 judíos comenzaron a abandonar o fueron expulsados de tierras musulmanas.

Hace dos años la Knesset (Parlamento de Israel) estableció el 30 de noviembre como el Día Nacional de los Refugiados Judíos de Países Árabes, en un intento de reposicionar una verdad histórica que había sido en parte olvidada por la opinión pública.

En ese contexto, la Embajada de Israel en Chile presentará en la Cepal, durante la segunda quincena de diciembre, una exposición que se hace cargo de la historia, cultura, vida social y el éxodo de estos judíos, demostrando que no solo los palestinos tienen asuntos que decir en este tema.

Claro, porque el tema de los refugiados palestinos, y su algorítmico crecimiento desde 1948 hasta hoy, pasando de 700.000 hasta 5 millones, se ha tomado la agenda pública, dejando de lado el hecho de que unos 850.000 judíos que vivían en los países árabes debieron dejar sus hogares, por lo que en la práctica se produjo una transferencia de población.

Hace algún tiempo, en un aclamado discurso en la ONU con motivo del Día del Refugiado Internacional, el embajador israelí Ron Prosor puso los puntos sobre las íes.

“Entre todas esas actividades (de recordación) destacó, por su ausencia, un grupo de refugiados único y singular, que no accedió a ninguna referencia o reconocimiento: los 850 mil refugiados judíos expulsados, con violencia y crueldad, de los países árabes durante las últimas seis décadas. La historia de esos cientos de miles de judíos permanece siendo una de los relatos más grandes del siglo XX, que nunca fue contado”.

“Actualmente –agregó- quedan solo 8.500 (judíos en el mundo árabe). Su partida no fue casual. Esos líderes árabes, que fracasaron en su intento de eliminar a Israel con un ataque militar en 1948, comenzaron una campaña de temeridad, provocación, violencia y expulsión de ciudadanos judíos de sus países”.

Cabe señalar que la gran mayoría de los refugiados judíos de los países árabes arribaron a Israel, donde multiplicaron su población, fueron admitidos como ciudadanos iguales, se adaptaron plenamente y aportaron a su creatividad y desarrollo.

Prosor aseguró que esa es justamente la causa por la cual su historia nunca fue contada. “Pareciera que, para la comunidad internacional, es más sencillo ocuparse de los refugiados palestinos. Mientras Israel recibió a los refugiados judíos con los brazos abiertos, la mayoría de los países árabes cerraron la puerta ante los refugiados palestinos impidiéndoles la ciudadanía y la participación en la vida pública”.

Adiós a Egipto

En Chile solo un puñado de personas todavía recuerda el éxodo de sus familias desde los países árabes. Una de ellas es Mónica
Abourbih, nacida en Egipto y residente en Chile.

“Me llamo Mónica y mi hermana menor Josée. Nuestro apellido es Abourbih. Y sí, parece apellido árabe y quiere decir ‘padre de la primavera’ en árabe, pero somos judías. Y parece apellido árabe porque nuestra familia paterna, desciende de una antigua familia típica del Medio Oriente, se desplazó a través de los siglos por varios de los países de la cuenca del Mediterráneo, ya sea por expulsiones sucesivas o en busca de un mejor sustento económico, incluyendo España en la época de los moros y lo que era conocido como Palestina en la época del Imperio Británico”, relató.

“La cosa es que en el 1.900 había hambre y poco trabajo en Tiberíades, por lo que el bisabuelo Iaacov, su esposa y mi abuelo Nessim, de 1 año de edad, y su hermano Bechor, bajaron a Egipto, estableciéndose en El Cairo. Nuestra historia inmediata nos sitúa por parte de padre, ya en Egipto a comienzos del siglo 20, con la familia de nuestro abuelo Nessim, el mayor de 9 hermanos y un montón de primos hermanos, viviendo en el Cairo, y la familia de nuestra abuela Flora Amiel, la mayor de 5 hermanos y un montón de primos hermanos, radicada en Alejandría”.
Según contó Mónica, ella nació en 1953 y al año siguiente asume el poder Gamal Abdel Nasser, tras el derrocamiento del Rey Farouk. “Con él la situación empeoró radicalmente para los judíos. En diciembre de 1956, justo cuando nació mi hermana, fuimos expulsados de Egipto. Nos quitaron la nacionalidad egipcia que todos teníamos, dándonos solo un permiso de salida. No nos permitieron llevar dinero ni joyas, solo la argolla de matrimonio y un reloj. Solo lo puesto y enseres del hogar”, recordó.

Agregó que Chile le dio acogida a su pequeña familia inmediata: “Los 2 abuelos Abourbih, papá y mamá y los dos hermanos de papá, con una visa de refugiados. Acá hemos vivido en paz y alegría desde mayo de 1957 hasta hoy. Los adultos recibieron la nacionalidad chilena a los 5 años de llegar, y Josée y yo vivimos como apátridas hasta que cumplimos los 18 años, cuando el gobierno nos otorgó la nacionalidad chilena. Gracias a Chile por haber sido nuestro asilo contra la opresión. Todo el resto de la familia extendida por ambos lados fue saliendo de Egipto a medida que lograban visas de distintos países, lo cual no era nada fácil. En la actualidad ellos y sus descendientes se encuentran repartidos en al menos 8 distintos países”.

Certificado de Flor, la abuela de Mónica Abourbih. Este documento acreditaba la pertenencia a la Comunidad Judía del Cairo, y fue emitido por el Gran Rabinato.

Certificado de Flor,
la abuela de Mónica Abourbih. Este documento acreditaba la pertenencia a la Comunidad Judía del Cairo, y fue emitido por el Gran Rabinato.