Por Yael Hasson N.

Reflexión a partir de una aseveración equivocada

A veces sucede que, de episodios desafortunados, se generan grandes oportunidades. De esta forma intentamos comprender el debate que se desató, a partir de las declaraciones del recientemente renunciado obispo auxiliar de Santiago, monseñor Carlos Irarrázaval. Intentando responder a ciertas preguntas sobre la situación de la mujer en la Iglesia Católica, se remontó a tiempos pretéritos para intentar justificar su exclusión en estructuras jerárquicas. Concretamente, afirmó que “es cierto que, en la Última Cena, no había ninguna mujer sentada en la mesa y eso tenemos que respetarlo también ideológicamente”. Sus alusiones alcanzaron también al judaísmo, si bien corresponde destacar las disculpas ulteriores expresadas por el renunciado Obispo en un encuentro con Rabinos de la Comunidad.

Señaló primeramente, que el judaísmo sería “una cultura machista” hasta el día de hoy.

Al respecto, es bueno precisar, frente a lo expresado por el Monseñor, que las responsabilidades de la mujer judía son diferentes a las del hombre, y que estas han ido evolucionando a lo largo de los años –adaptándose progresivamente a los nuevos tiempos- pero la esencia que marca dicho rol sigue incólume: consolidar los valores judíos, el sentido de familia, pertenencia e identidad, cultivar el amor al prójimo y contribuir activamente a la construcción de una sociedad más justa y mejor para todos.

En este contexto, resulta interesante advertir la importancia de la sabiduría y determinación de la mujer judía en diferentes pasajes bíblicos. Así, por ejemplo, cuando D´os le dice a Abraham: “…Todo lo que te diga Sara, oye su voz”. Más adelante Shifrá y Puá son quienes salvan a los niños hebreos, después de la orden dictada por el Faraón de dejar con vida solo a las niñas que nacieran.

Asimismo, destacamos el rol de Miriam quien se rebeló contra el statu quo, mostrando coraje y responsabilidad en la protección de la vida de su pequeño hermano Moshé. Luego, su papel protagónico a lo largo de la travesía en el desierto, liderando con panderetas y bailes el canto de júbilo y gratitud a D´os en las orillas del Mar Rojo, siendo ejemplo de la fuerza de las mujeres quienes se rebelaron siempre contra la desesperación, entregando la fe y la esperanza. Miriam está considerada dentro de las siete profetisas judías y sus virtudes son destacadas hasta el día de hoy.

Mientras avanzamos por los pasajes bíblicos, vemos como las 5 hijas de Tzelofjad reclaman a Moshé la posesión de las tierras de su padre, ya que él había fallecido y no había heredero varón. “Las hijas de Tzelafjad tienen razón en lo que dicen. Ciertamente les darás herencia entre los hermanos de su padre, y pasarás a ellas la herencia de su padre” fue la respuesta de D´os a Moshé.

Y así podemos seguir mencionando mujeres que representan un verdadero testimonio de heroísmo y fortaleza, como Déborah, que tuvo el más alto cargo en su época y que acompañó a Barac en la defensa de nuestro pueblo. Esther, que pudo revocar el decreto de exterminio de los judíos en tiempo de Ajashverosh. Ruth con su modestia innata, irradió en su época con sus valores de bondad, amor al prójimo y lealtad. Jana con su devoción, fue inspiración para la Amida y nos legó un ejemplo de la verdadera forma de relacionarnos con D´os. Y la lista continúa, mostrando cómo las mujeres produjeron un impacto en diferentes momentos de nuestra historia. En definitiva, fueron sabias consejeras, firmes en sus acciones, valientes, leales a nuestros valores y responsables con sus hermanos.

Desde épocas bíblicas, la mujer judía cuenta con el derecho a poseer propiedad, realizar contratos, comprar y vender, y diversas acciones que hasta nuestros días continúan siendo derechos exclusivos del hombre – o supeditados a su voluntad – en algunos países o regiones del mundo. Y, cuando nos referimos a violencia de género – tema crucial en nuestros días – observamos que el hombre tiene prohibición de maltratar, pegar o menospreciar a la mujer, en tanto que el respeto a su dignidad es un derecho trascendental para la esencia y existencia misma del judaísmo.

Monseñor Irrarrázaval siguió puntualizando que “si ves a un judío caminando por la calle, la mujer va diez pasos más atrás”. Merece entonces nombrar a algunas de ellas, contemporáneas, que por sus virtudes y acciones, quedaron en la historia como modelos de mujeres que caminaron adelante o a la par de los hombres mostrando compromiso con el ser humano y la sociedad, visión y liderazgo. Hannah Szenes, paracaidista integrante de la Resistencia judía contra el nazismo, fue capturada, torturada y asesinada por los Nazis. Ana Frank, quien dejó su Diario, uno de los libros más leídos mundialmente y que muestra el optimismo y amor a la vida y al ser humano a pesar de las más grandes desesperanzas. Rachel Cohen y Golda Meir, las dos mujeres que dada su trayectoria e importancia, firmaron la Declaración de Independencia del Estado de Israel. Golda Meir asumió posteriormente el cargo de Primera Ministra del nuevo Estado, siendo la tercera mujer en el mundo en asumir tan alto cargo. Ana Yonath, primera mujer israelí y cuarta en el mundo en obtener el Premio Nobel de Química. Y como WIZO, destacar a Rebeca Sieff, vibrante y visionaria, quien fundó nuestra organización en 1920 con el propósito de empoderar a la mujer desarrollando sus habilidades y talentos, implementando programas de liderazgo y defendiendo a través de la promulgación de leyes los derechos de la mujer, así como otorgar cuidado y educación a niños y jóvenes. La lista es larga, todas y cada una de nosotras tenemos modelos de mujer que elevaron los estándares, rompieron el techo de cristal y nos han dejado ejemplos de senderos brillantes a seguir.

Retomando las declaraciones del Monseñor, reconforta el inmediato y amplio rechazo que las mismas generaron en la sociedad chilena, lo que ha servido para ponerle luz al tratamiento que las distintas religiones hacen de la condición de la mujer, algo que, aunque se discute en algunos círculos, va quedando en segundo plano con relación a otros ámbitos de la vida social.

Pareciera, sin embargo, estar resultando más exigente de lo esperado la necesidad de desarrollar acciones multidimensionales y sostenidas a lo largo de períodos extensos de tiempo. Ello porque la religión, junto con la familia, la escuela y el Estado, son agentes que actúan para el mantenimiento del orden de género en todas las sociedades. Una razón para preocuparse del papel de la religión en la actualidad es el uso político que de ella se hace para reforzar la subordinación de las mujeres.

Dado el rol de las religiones en el respeto de los derechos fundamentales de las mujeres, resulta imperiosa la necesidad de fomentar instancias de reflexión y pensamiento, y en lo posible, expandirlos a espacios más amplios, porque las religiones comparten el deber moral de contribuir a los esfuerzos que desarrollan los gobiernos, la sociedad civil, la empresa y la academia en este escenario, presente y futuro.

Solamente integrando las distintas dimensiones culturales, políticas y religiosas, así como los espacios donde se juega la igualdad entre hombres y mujeres, podremos acercarnos al logro de un objetivo que, por lo que nos advierten organismos como las Naciones Unidas – en especial la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer suscrita a su alero – y el Foro Económico Mundial, se ve todavía lejano.

Por Yael Hasson N.

Presidenta WIZO Chile