Por Gachi Waingortin:

¿Qué significa haber sido creados a imagen de D´s?

En Pirkei Avot III:18 dice Rabí Akiva: “Javiv adam shenibrá betzélem”, amado es el ser humano que fue creado a imagen. La expresión “betzélem”, a imagen, alude a “betzélem Elo-him”, a imagen de D´s, y aparece en el primer capítulo de Bereshit. “Naasé Adam betzalmeinu kidmuteinu”, hagamos un Hombre a nuestra imagen y nuestra semejanza (Bereshit 1:26), instala la idea de que la imagen divina es una característica inseparable del ser humano.

“Javiv adam shenibrá betzélem” significa que el ser humano merece amor, debido a la imagen divina que porta en su interior. ¿Amor de quién? Hay tres respuestas posibles. La más obvia está en la lectura literal: el ser humano merece el amor de D´s. D´s ama a la persona humana porque la creó a Su imagen. Es el amor universal por el ser humano universal, uno de los mensajes universales más poderosos de la Torá y de la cosmovisión judía.

Otra respuesta es que el ser humano debe ser amado por su prójimo. La imagen de D´s que todos portamos debería inducirnos a reconocerla en los demás. Respetar al otro porque compartimos la imagen divina debería ser algo obvio, aunque lamentablemente no lo es. Finalmente, esta imagen de D´s que todos poseemos debería hacer que cada uno se ame y se respete a sí mismo. El amor propio, la autoestima, tienen su fundamento en esta imagen de D´s que todos llevamos.

¿Cuáles son las características que recibimos de D´s por haber sido creados a Su imagen? Claramente no la perfección ni la omnipotencia; no la omnisciencia ni la ubicuidad. Lo que hemos recibido de Él es nuestro libre albedrío. D´s es absolutamente libre, pues de lo contrario, aquella fuerza más poderosa que lo estaría restringiendo, sería D´s. Y es esa libertad lo que debemos valorar y resguardar como parte de la imagen de D´s con la que fuimos creados. El libre albedrío, definido como la libertad para tomar decisiones éticas, es
inherente al ser humano pues es parte de la imagen de D´s.

Hablar sobre la narración bíblica de la Creación exige una reflexión acerca del origen de la vida sobre la Tierra. Como judíos, ¿podemos creer en Darwin y en la teoría de la evolución de las especies? No. No podemos creer en la teoría de Darwin porque es una teoría científica y en la ciencia no se cree: la ciencia, es. No creemos en la ley de la gravedad. Simplemente, existe. Quien se arroje por una ventana, caerá con una aceleración de
9,8 m/seg2, crea o no crea en la ley de la gravedad.

La evolución no es algo que haya ocurrido hace millones de años, o algo en lo que se pueda creer o no. La evolución de las especies está activa. Los osos polares se están achicando por la alteración de sus condiciones ambientales; las mariposas de las afueras de Londres antes eran verdes y cafés para camuflarse en el bosque, pero ahora son grises para camuflarse en las paredes sucias de smog. Hay infinidad de ejemplos similares. D´s creó un mundo que funciona según leyes físicas y químicas inamovibles. Nada hace suponer que el acto mismo de la creación haya prescindido de dichas leyes, ni que estas funcionen según consideraciones éticas.

La creación fue un fenómeno fisicoquímico, al igual que lo es el nacimiento de un niño. Saberlo, poder analizarlo y comprenderlo no le quita ni una pizca de milagro a ninguno de los dos eventos. Por el contrario, los hace aun más milagrosos y nos permite percibir con más claridad la grandeza infinita de D´s.

La ciencia sirve para que sepamos cómo funciona el mundo. La religión sirve para que sepamos para qué estamos en el mundo, cuál es el sentido de todo. El texto bíblico narra la Creación de modo no científico, porque ¿a quién le importa la física cuántica a la hora de buscar sentido para la vida? Algo más sobre Bereshit. ¿Con quién hablaba D´s cuando dijo: “Hagamos un Hombre a nuestra imagen y nuestra semejanza”? (Génesis 1:26). Varios midrashim intentan explicar este versículo. Uno dice que D´s hablaba consigo mismo. Se trataría de un plural mayestático, como cuando un autor escribe: “Como explicamos anteriormente…” de donde aprendemos el concepto de humildad. O quizás, para darse ánimos, sabiendo que la creación del ser humano, dotado de libre albedrío, sería una fuente de problemas, y nos enseña a enfrentar las dificultades.

Según otra explicación, dialogaba con los ángeles. Quizás para enseñarnos a trabajar en equipo, o a incluir a los otros en nuestros quehaceres, aunque no necesitemos su ayuda. Otra posibilidad es que D´s hablaba con el ser humano a medida que lo iba creando. Hagamos un Hombre. D´s pone una parte, la potencialidad, pero cada ser humano es responsable de seguir creándose a sí mismo concretando las potencialidades que D´s puso dentro de él. Hay otra idea más: cuando D´s dijo “Hagamos un hombre a nuestra imagen y nuestra semejanza”, estaría hablando con los animales. Así, somos semejantes a los animales en anatomía, fisiología e instintos, pero tenemos la imagen divina, con sentimientos, pensamientos, ética y espiritualidad inspirados por D´s. Depende de nosotros que nos acerquemos a uno u otro polo: que descendamos hasta un extremo o que intentemos elevarnos hacia algo superior.

La narración bíblica es una fuente inagotable de significado. Nos dice que hay un Creador, que hay un propósito, un plan, y que estamos aquí para cumplirlo. Nos dice que fuimos creados a imagen de D´s y que eso garantiza nuestro libre albedrío y Su amor incondicional a todo ser humano; nos insta a amarnos los unos a los otros y nos dice que el amor propio no es egoísmo sino el pilar que nos sostiene a todos. Nos enseña humildad, perseverancia, nos da indicaciones para vivir y convivir de manera más armónica. Nada de esto se aprende en un tratado de física cuántica.

Por Gachi Waingortin.