Por Rabino Ariel Sigal:

¿Qué le pasó?

“Las tablas eran obra de D’s y la escritura era la escritura de D’s, grabada sobre las Tablas” Shmot 32:16. Rabino Immanuel Jacobovits s.XX, entendió que la creencia en la Torá min hashamaim -la divina revelación de la Torá- representa una definición de la esencia del judaísmo tan inalienable como el postulado del monoteísmo. Torá min hashamaim, quiere decir esencialmente que el Pentateuco tal como lo tenemos hoy, es idéntico a la Torá revelada a Moshé en el Monte Sinaí y que esta expresión de la voluntad de D’s es auténtica, final y eternamente obligatoria para el pueblo judío.

Rashi de manera retórica pregunta en Bereshit 1:31, ¿acaso la existencia del mundo no dependía de los judíos recibiendo la Torá? En tanto, sabemos que inmediatamente al ver el becerro de oro, Moshé arrojó de sus manos las Tablas y las quebró al pie del monte. La obra divina revelada, aquella que cubría el carácter de obligación y cohesión de Am Israel, yace hecha añicos próxima al símbolo de la degradación e idolatría.

Explica el Midrash que cuando Moshé descendió de la montaña, vio que las letras grabadas en las Tablas ascendían. Por lo tanto las quebró (Tanjuma, Ki Tisá 26). R. Najman explica así, que Moshé llevó a cabo una gran rectificación (Likutey Halajot III). Cuando vio que las letras ascendían, comprendió que la santidad estaba retornando hacia arriba y que la Divinidad volvía a ocultarse. Al quebrar las Tablas, Moshé se aseguró de que el pueblo tendría que buscar la Divinidad. Y de hacerlo, finalmente la encontraría.

El desencadenamiento de hechos en Sinaí, nos dejó con más preguntas que respuestas. La trascripción directa de las palabras de D’s quedó en un interrogante de letras que ascendieron pretendiendo borrar palabras de este mundo. La interpretación que aún buscamos, debe asemejarse a lo que era Su propósito. Las preguntas son la ignición pero la santidad el oxígeno.

Por Rabino Ariel Sigal.