Por Gachi Waingortin:

¿Qué es más importante, el individuo o la comunidad?

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¿Qué viene primero, el individuo o la comunidad? ¿Es el individuo una entidad independiente que debe renunciar a algunos privilegios para poder vivir en sociedad? ¿O acaso el individuo solamente puede existir en una comunidad que le otorgue sus derechos? La controversia trasciende al debate filosófico y ha generado derramamientos de sangre. Los dos sistemas económicos que todavía rigen al mundo se basan justamente en la tensión entre individuo y sociedad y en cuál se impone sobre cuál.

¿Qué opina el judaísmo? En su artículo “La Comunidad” publicado en Majshavot No. 4 de 1980, el Rabino Joseph Soloveitchik plantea que el judaísmo rechaza tal conflicto: tanto la sociedad como el individuo son elementos básicos inseparables.

La Torá dice que D´s creó un único individuo, un ser solitario; pero D´s también dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Bereshit 2:18) y creó una compañera para Adán. El ser humano es ambas cosas. Es un ser solitario y es también un ser relacionado. La grandeza del hombre se manifiesta en su contradicción interior, en su naturaleza dual, en ser solitario y a la vez pertenecer a una comunidad.

En el judaísmo la comunidad no es una reunión de gente sino una entidad en sí misma, una integridad viviente. Pero no es la masa, donde no hay responsabilidad individual. Por el contrario, cada individuo posee un mensaje único para dar, enriquece a la comunidad, es irreemplazable.

El judaísmo consideró siempre al individuo como un microcosmos. La muerte de un individuo genera un vacío que no puede ser llenado por nadie. Es así que el Talmud enseña: “Quien salva una vida es como si hubiera salvado al mundo entero.” (TB Sanhedrin 4:5)

Soloveitchik plantea que la soledad es inherente al ser humano. Aun estando en sociedad, podemos sentir algo así como “¿Qué es lo que quieren de mí?” Por un instante rechazamos la noción de comunidad y sentimos la soledad existencial. El Hombre siente muy a menudo que está solo y que toda conversación acerca de estar juntos es simplemente una ilusión.

Pero ¿por qué fue necesario crear un hombre solitario? ¿Por qué no fue creado al principio un grupo humano? Según Soloveitchik, la originalidad y la creatividad del hombre están enraizadas en su experiencia de soledad, no en la conciencia social. El hombre social es superficial, imita o rivaliza. El solitario es profundo, creativo, original. El ser humano solitario es libre, el sociable está sujeto a leyes. D´s quiso que el Hombre fuera libre. Quiso que sintiese la soledad, pero también que interrumpiera esa soledad y se acercara a un tú. “No es bueno que el hombre esté solo”, dijo D´s. La persona debe estar sola, pero al mismo tiempo debe ser miembro de una comunidad.

¿Cómo se forma una comunidad? De la misma manera como D´s creó el mundo: con la palabra. Para crear, D´s (que lo ocupa todo) se contrajo dejando así espacio para el mundo. Entonces, creación es igual a reconocimiento, retiro, sacrificio. Lo mismo es válido para el ser humano. Si queremos elevarnos de la exclusión existencial a la inclusión existencial, debemos reconocer otra existencia. Ese reconocimiento es en sí un acto de sacrificio, pues el hecho de admitir al otro equivale a una auto-limitación o contracción. Si lo ocupas todo, no hay lugar para nadie más; si quieres dejar lugar al otro, debes hacerte a un lado.

Una comunidad se establece cuando un yo reconoce y saluda a un tú. Si D´s, solitario como era, quiso que un mundo surgiera de la nada para concederle Su amor, el Hombre, también solitario, debe afirmar la existencia del otro para tener la oportunidad de dar amor. Estás en medio de una multitud, nadie te conoce. De repente alguien te saluda. En una fracción de segundo, todo cambió: el ser alienado se transforma en parte de una comunidad. ¿Qué produjo el cambio? El reconocimiento, la palabra. Reconocer a alguien es decirle que es irreemplazable. Lastimarlo es decirle que es innecesario. Cuando el yo reconoce al tú lo invita a unirse a la comunidad. Y en ese momento, asume responsabilidad por el tú. Reconocimiento es idéntico a compromiso.

Debemos imitar a D´s. D´s creó al Hombre, y nunca más lo abandonó. Le plantó el jardín del Edén, le ofreció una compañera, y cuando tuvo que castigarlo, siguió preocupado por él. “Hu noten lejem lejol basar”, D´s da alimento a todo ser viviente (Salmo 136:25). Así debe ser la relación entre los seres humanos. Cuando reconocemos a alguien lo incorporamos a nuestra comunidad y nos hacemos responsables. Así surge una comunidad de logros comunes y también de sufrimiento común. Una comunidad de oración.

Los judíos rezamos en plural, aunque sea para pedir ayuda o consuelo. Moshé rezó por la comunidad y D´s aceptó sus ruegos perdonando al pueblo. Pero leemos: “Y supliqué a D´s aquella vez diciendo… déjame por favor pasar y ver la tierra… Pero el Señor se irritó contra mí y no me escuchó” (Deut. 3:25-26). Cuando Moshé reza por sí mismo, D´s no le concede su deseo. Cuando la oración de Moshé es recitada en plural, se abren todas las puertas de la oración. El Midrash señala que si la comunidad se hubiera unido a Moshé en su oración, D´s habría concedido que Moshé entrara a la Tierra Prometida. No habría rechazado la oración de todos. (Sifré a Deut. 3:24).

Soloveitchik concluye diciendo que la vivencia en comunidad, al unirnos a personas que vivieron hace milenios, que hicieron su aporte al pueblo de Israel y luego desaparecieron, nos permite encontrar nuestra propia trascendencia individual. El individuo es importante en tanto agente de creatividad y cambio. La comunidad es vital en tanto cadena de continuidad. Pertenecer a una comunidad nos permite percibir el aliento de la eternidad.

Por Gachi Waingortin