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¿Qué es el Talmud? Parte 5

En su libro Introducción al Talmud, Adin Steinsaltz explica cómo fue la elaboración del Talmud de Jerusalem. Como ya vimos, la muerte de Rabí Yehuda Hanasí en el año 217 dejó un gran vacío. El Sanedrín retuvo su autoridad en lo político, pero no en lo académico, por lo que la primera generación tras el final de la época de la Mishná solo se dedicó al estudio y a la recopilación de baraitot. La verdadera actividad amoraítica comienza recién a partir de la segunda generación. Si bien Tiberias era la residencia del Sanedrín, también surgieron academias en Lida, Cesárea y Tzipori.

La figura central del florecimiento del Talmud en Palestina fue Rabí Yojanán bar Nafja, jefe de la academia de Tiberias, quien había estudiado en Babilonia y respetaba mucho a Rav y Shmuel. Rabí Yojanán desarrolló su propio método de estudio, más sencillo, dedicado más a dictar halajá y menos a los complicados análisis de la Mishná que se realizaban en Babilonia. Los principios básicos de Rabí Yojanán para las normas halájicas eran precisos, sin ambigüedades e intentaban hallar uniformidad en la interpretación de las distintas mishnaiot. Uno de los sabios locales más conspicuos era su cuñado, Reish Lakish. El prestigio de Rabí Yojanán llegó a equiparar al de Rav y Shmuel en Babilonia y recibía muchas consultas desde aquel centro de estudios. Reconociendo su autoridad, muchos sabios de Babilonia viajaron a estudiar a Palestina, creándose el cargo de “nehutei” (los que bajan), sabios que viajaban constantemente entre ambos centros. Esto explica que, tanto Rabí Yojanán como Reish Lakish, figuran en el Talmud de Babilonia como si hubieran estado presentes en las discusiones. Los sabios babilónicos llegaron a reconocer la superioridad de sus pares palestinos y, tras la muerte de Rabí Yojanán, sus discípulos continuaron la tarea sin atisbos de crisis hasta la siguiente generación.

El siglo IV trajo cambios políticos que generaron la crisis material y cultural de la judería de Palestina. Luchas de poder en Roma provocaron fuertes aumentos de impuestos que empobrecieron a la sociedad. El cristianismo, hasta entonces una pequeña secta perseguida, se convirtió en la religión oficial de Roma. La consecuente persecución de judíos provocó una gran ola de emigraciones hacia Europa o Babilonia que disminuyó la cantidad de estudiantes y el tamaño de las academias. Esto explica que la cuarta generación de amoraím abandonase el estudio de la halajá para dedicarse más a la agadá, que daba consuelo a los oprimidos.
La situación era tan grave que los académicos palestinos decidieron acelerar la tarea de redactar y codificar la ley oral creando el Talmud de Jerusalem. Aunque la redacción se hizo mayoritariamente en Tiberias, (Jerusalem se llamaba ahora Aelia Capitolina y los judíos tenían prohibido el acceso a ella) el nombre expresa la centralidad espiritual de la ciudad.

Si bien el material básico de ambas colecciones de Talmud (el babilónico y el jerosolimitano) era la misma Mishná y los métodos de estudio eran similares, hay ciertas diferencias entre ambos. El Talmud de Jerusalem trata temas que el Talmud de Babilonia ignora por completo, como halajot sobre temas agrícolas. El énfasis que pone el Yerushalmi en la agadá hace que, paradójicamente, tenga muy pocas leyendas: como se dedicaron tanto a la elaboración de oraciones y poemas litúrgicos, no consideraron necesario editar literatura agádica, la cual fue compilada mucho más tarde en libros separados de Midrash Agadá.

Además de estas diferencias, las obras difieren también en la calidad de la edición. El Yerushalmi fue editado rápido, sin demasiadas revisiones. Por eso, durante mucho tiempo se lo consideró como una fuente secundaria. Recién en los últimos siglos comenzó a ser estudiado con más atención, pero siempre como el “hermano menor” del Bavli.
El Talmud Bavli, por su parte, fue redactado con gran rigor, cada generación corrigió el trabajo de sus antecesores y se cerró mucho más tarde. La tarea de edición emprendida por Rav Ashi conforma un cuerpo donde, más que las conclusiones definitivas, importan los argumentos, el análisis dialéctico, las opiniones divergentes sobre cada tema a través de las generaciones de sabios.

¿Cómo se realizaban las discusiones? Si bien la estructura de las academias babilónicas cambió con el tiempo, la forma básica se mantuvo. Había diferentes instancias de discusión, como exposiciones públicas en días feriados o prédicas en las sinagogas sobre temas de halajá o de agadá, dirigidas a un público bastante general que solía hacer preguntas y discutir con los sabios.

Si bien las innovaciones halájicas se difundían en las exposiciones públicas, su estudio y desarrollo se llevaba a cabo en las academias. En su gran mayoría, los académicos no hacían del estudio su actividad exclusiva: eran agricultores, albañiles, carpinteros, herreros, zapateros, mercaderes o médicos. Los estudiantes que asistían regularmente eran hombres ricos, o jóvenes a quienes sus familias mantenían. En algunas ocasiones, el jefe de la academia era un hombre adinerado que becaba y mantenía personalmente a sus estudiantes permanentes. Pero la mayoría de los que iban a estudiar lo hacían en los “iarjei kalá”, los meses de estudio, que en Babilonia eran Adar y Elul. Estos meses, los de menor actividad agrícola, exigían menos trabajo y permitían a los estudiantes ausentarse del hogar. Los maestros anunciaban qué mishná abordarían en la próxima sesión. Durante seis meses cada persona estudiaba por su cuenta y, al llegar el mes de sesiones, llevaba a la academia sus aportes. Ya fuese en sesiones semestrales o permanentes, cuando se llegaba a alguna conclusión, esta se compartía con otras academias y así todos podían estudiarla.

El estudio del Talmud, copias del cual llegaron a todas las comunidades judías de la diáspora, siempre presentó dificultades, sea por su desorden aparente o por su lenguaje. Esto generó la necesidad de realizar comentarios que permitieran que el estudio talmúdico fuera accesible a la gran diversidad de los judíos, sea en Ashkenaz o en las comunidades sefarditas de España y el norte de África. ¿Cómo se hizo este proceso? Lo veremos en nuestra próxima entrega.

 

Por Gachi Waingortin