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¿Qué es el Talmud? Parte 4

En su libro Introducción al Talmud, Adin Steinsaltz explica cómo fue que se gestó el Talmud de Babilonia. Con la muerte de Rabí Yehuda en el año 217 se cierra la Mishná, pero sus discípulos siguen encontrando material que el maestro no alcanzó a incorporar. Surgen así colecciones adicionales como la Tosefta, que llega a ser un libro independiente, o las baraitot (plural de baraita), material tanaítico que queda fuera de la Mishná. El proceso continuaría por varias generaciones.

Ahora reciben el nombre de tanaím estudiosos que se ocupaban de memorizar la gran cantidad de baraitot, pero ya no son creadores sino repetidores. Son personas de una memoria extraordinaria, verdaderos archivos vivientes. En las grandes academias, el maestro hablaba en hebreo y sus discípulos traducían al arameo (la lengua franca del momento) y explicaban los contenidos al público. De esta tarea surge el título de amoraím (de “emor”, hablar o interpretar). Con el tiempo, los sabios comienzan a verse a sí mismos como los amoraím (intérpretes) de la Mishná, nombre con el que se conocerán los sabios de las generaciones posteriores.

Dos cosas suceden tras la muerte de Rabí Yehuda Hanasí: las condiciones económicas y políticas en Palestina se deterioraron en lo material. Y en lo espiritual, ningún sabio pudo asumir el rol de liderazgo vacante. Surge así un gran centro de estudio independiente en Babilonia; siempre había habido academias (Hilel era oriundo de allí) pero nunca se las había considerado autosuficientes en temas espirituales.

Rav Abba, un Amorá que había estudiado con Rabí Yehuda Hanasí, enfrentó esta tarea. Para no incomodar a los sabios de la ciudad de Babilonia, funda su academia en la pequeña ciudad de Sura. La academia de Rav Abba, a quien se conoce simplemente como Rav, existiría durante setecientos años y fue cuna, entre otras cosas, del comentario definitivo de Vaikrá (Levítico) así como de muchas de las oraciones de Rosh Hashaná. Uno de sus contemporáneos más jóvenes, Shmuel, fundó otra academia en la ciudad de Nehardea, estableciéndose una amistosa competencia.

Rav y Shmuel mantuvieron una gran amistad y formaron la primera generación de Amoraím babilónicos, instaurando el modelo de estudio de la Torá en ese país para las generaciones posteriores. En ambas academias se elaboró un análisis minucioso de la Mishná desde todos los ángulos posibles. Como la halajá no permitía ordenar rabinos ni conformar un sanedrín fuera de Israel, los sabios de Babilonia recibieron el título de Rav y sus estudios no se enfocaron a dictar legislación normativa, sino más bien al estudio teórico, tendencia que también permeó en Palestina.

Las dos academias diferían tanto en sus enfoques que, durante varias generaciones, el estudio se basó en las controversias entre Rav y Shmuel. Posteriormente se estableció que las decisiones de Shmuel prevalecerían en la ley civil y las de Rav en todas las demás áreas. Aunque muchos sabios viajaron a establecerse en Palestina, las academias de Babilonia eran tan grandes que desarrollaron sus propias escuelas de pensamiento.

Rav fue sucedido en Sura por Rav Huna y Shmuel, en Nehardea, por Rav Yehuda, quien trasladó la academia a Pumbedita. Comparten esta segunda generación Rav Hisda, Rav Sheshtet y Rav Najman, entre otros. A la tercera generación pertenecen Rabba y Rav Iosef. Algunos estudiosos llevaron a Babilonia resúmenes de lo que se estaba estudiando en Palestina, lo que inspiró a Abaie y Rava a tomar el liderazgo. Ambos tenían visiones muy divergentes, registrándose cientos de controversias entre ambos. Mientras Abaie era más moderado y se inclinaba a decisiones sencillas, las de Rava eran más claras y más realistas. Ambos conforman los elementos clásicos de las discusiones talmúdicas.

Su producción intelectual fue tan vasta que los sabios de la generación siguiente, Rav Papa, Rav Najman bar Itzjak y Rav Huna ben Rav Yoshúa, se dedicaron básicamente a estudiar, elaborar y analizar sus discusiones. La época de Avaie y Rava constituyó un momento decisivo en el estudio de la Torá. Hasta ese momento, lo esencial había sido el estudio de las tradiciones transmitidas de maestro a discípulo. Con el trabajo de estos dos sabios, cobró mayor importancia el análisis crítico, la investigación individual y el desarrollo de nuevos métodos.

En la sexta generación de amoraím babilónicos surge Rav Ashí, el mayor erudito de su época, que poseía muchas de las características que había tenido Rabí Yehuda Hanasí. Rav Ashí era un hombre adinerado que mantenía contacto estrecho con las autoridades persas y era el líder político de la comunidad judía de Babilonia, teniendo más autoridad que el mismo Exilarca. Consciente del peligro de que la enorme cantidad de material acumulado se perdiese en el olvido, decidió emprender la redacción del Talmud Babilónico. Durante los casi sesenta años en que fue líder de la academia de Sura, elaboró un marco para el Talmud, obra gigantesca de mayor alcance que la compilación de la Mishná y que, por lo tanto, requirió métodos de edición y organización completamente nuevos. La tarea de Rav Ashí fue continuada por su discípulo Ravina. Ambos son los “últimos maestros” y dan por terminado el período de los amoraím. Los trabajos de edición continuaron hasta que, casi dos siglos después, un grupo de sabios conocidos como los “savoraim” (expositores) dieron la forma final a la obra. A diferencia de lo que sucede con la Mishná, no se menciona a ningún estudioso que haya terminado oficialmente la redacción del Talmud. Por eso se dice que “el Talmud no se ha terminado”: la actividad intelectual basada en el Talmud nunca se detuvo.

Mientras esto ocurría en Babilonia, un proceso paralelo se vivía en Palestina. Pero eso queda para nuestra próxima entrega.

 

Por Gachi Waingortin