¿Qué es el Talmud? Parte 1

Torá y Talmud, ley escrita y ley oral. Son las bases prácticas y espirituales del judaísmo. ¿Qué son, cómo se definen? En su libro “Introducción al Talmud”, Adin Steinsaltz ofrece una explicación clara de estos conceptos. Según sus palabras, si la Torá es la piedra basal del judaísmo, el Talmud es su columna vertebral. Ambas leyes surgen simultáneamente pues, desde el primer momento de nuestra existencia nacional, hubo padres y maestros que han debido explicar a sus pupilos el significado de los textos.

Las primeras generaciones

Con el correr del tiempo, fue aumentando la necesidad de formalizar y sistematizar las enseñanzas de la ley oral. Ya en la época del Primer Templo, encontramos referencias a los “tosfei Torá”, personas dedicadas al estudio e interpretación de la ley. Al principio del período del Segundo Templo, Ezra el Escriba leía la Torá ante el pueblo reunido, mientras un grupo de levitas explicaba y aclaraba los contenidos. Ezra es el primero de todos los sabios que se dedicaron a interpretar la ley cuyo nombre ha llegado hasta nosotros. Y es el primero de una gran cantidad de escribas (sofrim) anónimos que conformarán lo que conocemos como la Gran Asamblea (Kneset Hagdolá) que funcionará entre los años 539 y 332 a.e.c. durante el dominio persa de la tierra de Israel. Los miembros de la Gran Asamblea fueron los responsables de la selección, compilación y canonización del texto bíblico tal como lo conocemos.

Explica Steinsaltz en su libro que, una vez concluida la tarea de canonización de la Torá, y después de que se la hubo aceptado como la autoridad central sobre la que se basaría la vida judía, los escribas se dedicaron a establecer un orden en la ley oral, organizando la inmensa cantidad de material que se había acumulado a lo largo de los siglos. Desarrollan así el Midrash Halajá, método que ocupa el análisis bíblico para extraer las leyes que regularán la conducta del judío.

La Gran Asamblea también debió establecer legislación coyuntural. Los tiempos habían cambiado. La época del Primer Templo se había caracterizado por un sistema de gobierno monárquico con un pueblo organizado en tribus. El período del Segundo Templo, establecido tras el retorno del exilio babilónico, es diferente: el poder ha pasado de los reyes a los sacerdotes y al consejo de ancianos que dará origen al Sanedrín. La división tribal ya es irrelevante, ni siquiera el templo es idéntico al anterior, siendo la diferencia más notable la ausencia del Arca de la Alianza. Era imperativo establecer leyes y ordenanzas que regularan la vida cultural y religiosa frente a la nueva realidad. De esa época datan, por ejemplo, el Shmone Esré, que es la Amidá que rezamos hasta la actualidad, así como muchas otras bendiciones y costumbres. Ante la interrupción de la profecía, los escribas debieron hacerse cargo de la transmisión del mensaje profético a las siguientes generaciones. Parte de dicha herencia se refleja en forma de comentarios a la ley escrita. Otros, de naturaleza mística, se estudiaban como unidades separadas y con cierto secreto, incluyéndose en lo que conocemos como Maasé Bereshit y Maasé Merkavá que conformarán la Cabalá. De esta manera, el período del Segundo Templo sienta las bases de lo que será el judaísmo, tanto en lo referente a la ley como a su identidad espiritual.

Las Zugot

La Gran Asamblea concluye hacia el final de la dominación persa de Judea y la conquista del territorio por los griegos. En la transición entre ambos períodos encontramos a Shimón el Justo, el último miembro de la Gran Asamblea. Comienza un nuevo período en la elaboración de la ley oral marcada por parejas de sabios (zugot) donde uno era el presidente del Sanedrín (Nasí) y el otro el jefe del tribunal rabínico, (Av Beit Din). El sistema, que perdurará hasta el final de la dinastía jasmonea, estará vigente entre los años 332 y 37 a.e.c. Estamos en un período muy dramático, signado por los eventos que hoy recordamos en la festividad de Janucá, una época que combinó la revuelta contra los griegos con profundas luchas internas entre saduceos, fariseos y pietistas. Grandes cambios provienen de estos años, como la autorización de violar las mitzvot cuando la vida está en peligro (Pikúaj Néfesh).

Los Tanaím

Al período de Zugot le sigue la época de los Tanaím, que comienza con el reinado de Herodes y cuyos primeros integrantes son Hilel y Shamai. La etapa estuvo signada por la catástrofe de la destrucción del Segundo Templo en el año 70, a la que se sumaban las amenazas que suponían los minim (gnósticos), las primeras sectas cristianas y las persecuciones de los romanos. Pese a la crisis, o quizás gracias a ella y a la imperiosa necesidad de reconstruir toda la vida religiosa para que el judaísmo lograra sobrevivir, fue una época de gran creatividad. El método de estudio era minucioso y organizado y la tradición oral se transforma en una red más formal de legislaciones ordenadas por temas o por asociaciones mnemotécnicas.

El término “taná” se refiere a quien estudia, repite y transmite las enseñanzas. Al contrario de los sabios anteriores, que eran mayormente anónimos, conocemos a los Tanaím no solo de nombre, sino a través de descripciones detalladas de sus vidas, idiosincrasias y, en algunos casos, hasta su aspecto físico. Yojanán ben Zakai y sus alumnos Eliezer ben Hircano, Yoshúa ben Jananías, Iosé Hacohen, Shimón ben Netanel, Eliezer ben Araj, o el mismo Rabí Akiva, son solo algunos de ellos. Hilel y Shamai, emblemáticos también, establecen un fenómeno nuevo: sendas escuelas de pensamiento que convivirán durante más de un siglo, Beit Hilel y Beit Shamai. Cada escuela refleja, de alguna manera, la personalidad de su fundador. Hilel, simple, bueno y paciente, Shamai meticuloso, exigente, estricto. Si bien ambas son respetadas como “palabra del D´s viviente”, la opinión de Beit Hilel es la que predomina.

El gran punto de quiebre lo dará la destrucción del segundo Templo. ¿Cómo sobrevivió el judaísmo a esta tragedia? Lo veremos en la próxima entrega.

 

Por Gachi Waingortin