Por Ricardo Israel:

¿Puede ser bueno para Israel pero preocupante para los judíos?

Se presencia una cadena de triunfos electorales de líderes que eran marginales hasta hace pocos años. Trump ha concentrado la atención, pero el fenómeno se había iniciado antes en otros lugares. En Europa fue Orban (Hungría) y se han ido agregando Austria e Italia. En Asia fue Dutarte (Filipinas) y recientemente Bolsonaro en Brasil. La lista es larga como también el crecimiento electoral de movimientos políticos similares en muchos países, incluyendo a los escandinavos.

A falta de un mejor entendimiento se usan términos como “populismo” o neo-fascismo” que por cierto no son los adecuados, y que más que una explicación se han transformado en acusaciones o adjetivos de todo lo que no gusta.

Lo cierto es que son líderes muy diversos, con programas distintos y con características diferentes. Lo que realmente tienen en común es una actitud crítica de la globalización, lo que tiene sentido. Recordemos que en 1938, se le ofrecían al mundo occidental las alternativas del fascismo-nazismo (el verdadero), el comunismo y el liberalismo. Después de la Segunda Guerra Mundial llegó la Guerra Fría y la lucha por el control mundial entre dos potencias, una que encabezaba al comunismo y otra, a la democracia.

Después del derrumbe de la Unión Soviética se vivió una etapa extraña en la historia: una sola potencia, entonces sin rival para la etapa en la que todavía nos encontramos: la globalización. Sin embargo, la arquitectura de organizaciones internacionales no ha cambiado y es esencialmente la que se creó después de 1946, encabezada por la ONU, que evidentemente es poco relevante en el sXXl.

El denominador común de estos nuevos líderes es el rechazo a esta estructura como también a una burocracia internacional que al interior de estas organizaciones busca imponer su propia agenda. Es por ello que si algo los caracteriza es ser en ese sentido anti-globalizantes, electos con un discurso de poner a sus países primero, recreando una característica de la política, cual lo es la selección entre alternativas.

Para Israel esto ha sido muy bienvenido, ya que en general han aparecido con una actitud muy favorable y comprensiva, sobre todo Trump, y Bolsonaro. Esto se ha manifestado de diversas formas lo que ha llevado a Israel a tener un apoyo internacional que probablemente no se daba desde la Guerra de los Seis Días.

Incluso, esto se suma a otros fenómenos que no tienen vinculación con lo anterior, como lo es una excelente relación con el mundo árabe sunita, un entendimiento estratégico, aunque no compartan los mismos intereses, con la Rusia de Putin, y una muy provechosa relación con China y los gobernantes nacionalistas de la India y Japón. Por último, Israel tiene hoy buenas relaciones con muchos países de África, como no ocurría quizás desde los 60s.

Sin embargo, el primer tipo de líderes que avanza con mucha fuerza, sobre todo en Europa ha abierto una etapa de luces y sombras, ya que conjuntamente han reaparecido fuerzas francamente antisemitas. No son ni el islamismo radical ni la izquierda antiisraelí, sino que ha surgido a la superficie un discurso judeofobo, inaceptable mientras predominó la ”corrección política”, incluyendo y en forma inesperada a Alemania, y la posibilidad real que alguien como Jeremy Corbyn pueda llegar a ser Primer Ministro de un país importante como el Reino Unido.

Por eso, esta nueva etapa tiene elementos de dulce y de agraz. Lo primero es el apoyo declarado a Israel de muchos de estos líderes que de continuar ganando elecciones pueden ser un elemento de contención en instituciones como la ONU, y por el otro, el resurgimiento muy intenso de fuerzas que los apoyan que estuvieron en silencio y que hoy manifiestan en forma muy abierta la más antigua de las fobias: el rechazo a los judíos, y si hay alguien en quien estas dos caras están muy presente es en el líder húngaro Orban.

La parte de agraz es por lo tanto, la expansión del antisemitismo que pone en peligro el tipo de vida judía que se había construido en Europa después de la segunda guerra, siendo muy relevante el temor que sienten las comunidades en países como Francia, el Reino Unido y Suecia, por no mencionar países antisemitas tradicionales como Polonia o España y donde la evidencia la proporciona una encuesta de la CNN, donde uno de cada cinco europeos justifica el antisemitismo, mediante los estereotipos tradicionales y además, culpando a las propias víctimas, incluyendo aquí a Israel.

Encuestas que no son siempre confiables, pero que aquí coinciden con la historia europea y la historia personal de demasiados judíos, como para hacer creíble esta información.

Por Ricardo Israel.