Rita Khoury, de la Universidad de Haifa:

Profesora árabe-israelí presentó en Chile modelo de educación inclusiva

La académica fue invitada por la Universidad Mayor y realizó además actividades con la comunidad judía. Postuló que un modelo inclusivo debe comenzar en los cursos más pequeños, pero que no debería aplicarse hasta que colegio, profesores y alumnos estén preparados.

El 1 de marzo de 2016 comenzó a regir en Chile la Ley de Inclusión Escolar, que puso fin al lucro, al copago y la selección en los colegios que reciben subvención estatal.

Una de las consecuencias de esta ley es el comienzo de un régimen inclusivo, donde los niños con necesidades especiales pueden ser parte de los cursos regulares.

La Ley de Inclusión N° 20.845 requiere de todos los establecimientos la elaboración de planes de apoyo a la inclusión de manera de cumplir con el mandato de desarrollar una educación libre de discriminaciones arbitrarias, en comunidades educativas que se constituyen como espacios de encuentro y aprendizaje de estudiantes de procedencias y condiciones diversas.

Según un paper de la Universidad San Sebastián, cuando la escuela y el liceo se han apropiado de la inclusión educativa, es porque han trabajado sobre dos puntos centrales: la eliminación de la discriminación y el abordaje de la diversidad.

“Las comunidades necesitan procesos que les permita reconocer cómo se expresan las diversidades de cada uno de sus miembros en los diferentes espacios escolares y favorecer la valoración, reconocimiento y participación de cada uno de los niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos, comprendiendo que cada uno aprende según su contexto, historia, capacidades y cultura, en aulas heterogéneas”, señala el documento, agregando que esto implica “reconocer que hay necesidades educativas especiales de carácter permanente, que los estudiantes experimentan durante toda su escolaridad como consecuencia de una discapacidad diagnosticada; y las de carácter transitorio, que son aquellas no permanentes que requieren los alumnos en algún momento de su vida escolar a consecuencia de un trastorno o discapacidad diagnosticada”.

Modelos internacionales

En este nuevo contexto normativo, y frente a los desafíos educacionales que emanan de la inclusión, diversas entidades en Chile están analizando la experiencia internacional. Una de estas entidades es la Universidad Mayor, que invitó a Chile a Rita Khoury, (PhD en Educación Especial), académica israelí de la Universidad de Haifa, para conocer el modelo israelí.

“Lo que hice en Chile fue exponer del modelo israelí basado en la Ley de Inclusión, y de acuerdo a mi experiencia conté las cosas que fueron exitosas y las que no lo fueron tanto, y obviamente esto se abrió a discusión entre todos los participantes”.

-¿Y qué ha sido lo más exitoso en el modelo israelí?

-En Israel la idea, el modelo e incluso la ley son maravillosos. Uno de los principios básicos es que para lograr la inclusión de estos alumnos se requiere desarrollar una estructura adecuada, con salas y espacios físicos apropiados, formación de profesores especializados, capacitación de los docentes actuales y metodologías para que ambos trabajen en conjunto.

-¿Cómo ha funcionado esto en los colegios?

-Cuándo se aplica la inclusión hay que entender bien quién es el niño, cuáles son sus capacidades, cuáles son sus dificultades, cómo construir un programa adecuado para él, etc. A pesar de que en Israel el modelo es excelente, no funciona en todas partes. Por ejemplo, en lugares donde hay 38 alumnos el modelo no funcionó y el niño se pierde.

-¿Cuánto tiempo demora implementar un modelo de educación inclusiva?

-Yo diría que lo más prudente es no comenzar con la inclusión hasta que el sistema no esté completamente preparado. Más vale esperar y hacerlo bien que apurarse y hacerlo a costo de los niños que requieren atenciones especiales. En ese sentido, es mejor tener un colegio piloto que sirva como ejemplo para un proceso futuro más masivo. Y probablemente es más apropiado comenzar con las salas de los grados más pequeños que con los alumnos mayores.

-¿Por qué con los menores?

-Los niños más pequeños son mucho más tolerantes y abiertos a las diferencias. Por eso, mi sugerencia es comenzar a nivel preescolar, empezar a crecer poco a poco, ya que este atributo que tienen los más pequeños se empieza a deteriorar con el crecimiento…

-¿Cuáles son las necesidades especiales más recurrentes?

-Probablemente el trastorno de déficit atencional con hiperactividad. Estos niños deben ser incluidos de manera adecuada a los procesos educativos.

-¿Las estrategias aplicadas a las necesidades especiales sirven también por ejemplo para facilitar la inclusión de los inmigrantes en las escuelas?

-Las estrategias que yo he desarrollado por mi experiencia son interesantes para cualquier tipo de niño. Más que el tipo de niño, el tema es cómo se van aplicando las estrategias en forma adecuada y organizada según las necesidades de cada colegio, y a veces es un proceso de ensayo y error.

Inclusión en carne propia

Rita Khoury explica que los temas de inclusión no le son para nada ajenos, ya que ella, como israelí-árabe, ha vivenciado los vaivenes de la convivencia durante muchos años.

“Varias generaciones antes de mis papás ya nacieron en Haifa, con su pasaporte que dice Palestina, en la época del Mandato Británico. Yo nací en Israel, he vivido ahí toda mi vida y no tengo otro país. Israel es mi hogar, yo me siento 100% israelí”.

-¿Y árabe también?

-Soy israelí, pero en realidad lo más importante es que soy un ser humano. Miro a las personas como seres humanos, no me importa ni me interesa si son musulmanes, judíos, drusos, cristianos o beduinos. Este trasfondo árabe o palestino que tengo viene más en la cultura, la comida, la ropa, la música, tradiciones que van pasando de generación en generación, pero no es un enfoque político.

-¿Sentiste alguna vez discriminación?

-En ciertos momentos especiales y difíciles, por ejemplo, cuando hay alguna guerra, los árabes israelíes sentimos una sensación extraña, como que algo está mal. Por un lado, no queremos que lo que está pasando suceda y sentimos que un atentado que afecta a judíos también nos puede afectar a nosotros, pero por otro lado está ese sentimiento de que nos miran como que pertenecemos a otro pueblo. Pero yo me siento israelí y en este sentido creo que hay una diferencia muy grande entre los palestinos que se quedaron en Israel después de la Independencia y entre los que se fueron y que viven en Cisjordania o Gaza. No somos lo mismo, pero lamentablemente a veces la política y el peso de los votos nos pone a todos en el mismo saco, y eso no está bien, especialmente en un contexto mundial de mayores extremismos, del cual Israel no está exento, porque tanto los árabes comienzan a ser más extremista cómo los judíos también se ponen más extremistas.

-¿Persisten las buenas relaciones que siempre hubo entre judíos y árabes en Israel?

-A nivel de la sociedad, a los israelíes árabes más jóvenes, de la edad de mis hijos, no les interesa el tema político, ellos quieren viajar a Tel Aviv, tomar café en los mejores lugares, disfrutar la vida. Se puede decir que hay una israelización cada vez más fuerte, y hoy en día a ninguno de nosotros le interesa lo que pasa más allá de las fronteras. Simplemente queremos vivir. Pero lamentablemente la Ley del Estado golpeó esto de forma muy fuerte y creo que esto se va a comenzar a ver muy pronto. No estoy en contra de la una ley, pero me interesa que a la ley se le agregue una palabra, la palabra igualdad. Lo que ha pasado en la política es tan malo para los árabes, como para el propio estado judío. Yo quiero que este estado sea fuerte, porque si es fuerte también me va a cuidar a mí.

-¿Qué opina usted del BDS, que como israelí eventualmente también la podría afectar?

-Es cierto. En Israel soy árabe y afuera soy israelí, o sea que estoy liquidada por ambos lados. Ja, ja, ja. Hablando en serio, creo que el BDS no afecta al pueblo judío, afecta a los mismos palestinos, no hay que olvidar el caso de Soda Stream, cuando esta fábrica se cerró y quedaron cientos de palestinos sin trabajo. La gente del BDS trabaja en una forma incorrecta, no consiguen su objetivo. Yo soy de la idea de se pueden hacer revoluciones en silencio, porque nadie quiere escuchar gritos.

Rita Khoury (al centro) junto a Sima Rezepka y Raquel Hasson en su presentación en WIZO.


Por Sergio Herskovits:

Educación inclusiva en el Hebreo

La inclusión debe ser una misión de todos. No es suficiente que haya una buena psicóloga, o que se armen estrategias específicas para un niño. Todos los compañeros del alumno que se suma al colegio, todos los profesores, todos los apoderados de los otros niños -todos nosotros- debemos tener una actitud de acoger, de entender que el mundo está compuesto por seres humanos diferentes.

Como judíos, hemos sufrido al ser señalados y aislados por ser “distintos” a los ojos de los demás. En ocasiones, al ser humano lo complica ver que no todos son como él, y esa es una realidad que debemos trabajar arduamente para contrarrestar. La inclusión es un largo recorrido que se inicia despertando conciencias de a poco, y es una tarea que nunca se termina de cumplir a cabalidad. Sin embargo, como dice nuestra tradición en Pirkei Avot: “No recae sobre ti terminar la labor, pero no eres libre de desistir de ella”.

El camino es muy difícil también para los papás del niño que tiene los desafíos. Muchas veces el colegio tiene que acompañar para que esos papás puedan aceptar la realidad, y asumir esos mismos desafíos como propios.

Por LPI