Por Rabino Ariel Sigal

Profecía autocumplida

Parashat Hameraglim, esa porción de la Toráh que se convirtió en una pústula de la tradición de Israel. Sencillamente habla de doce enviados de las tribus de Israel que van a latur (hacer turismo) a la tierra de Canaán para conquistarla. Para acelerar el relato de esta historia y considerando la proporcionalidad del escándalo, hablemos sólo de los diez que deploraron la visita con el enunciado: “es una tierra que devora a sus habitantes (Bamidbar 13:32)”.
Bajo el famoso método hermenéutico de los Sabios Talmudicos “Kri Ujtiv” (el escrito permite una lectura alternativa) encuentran que los espías no fueron aVeiajpru “explorar” sino Vejafrú “avergonzar”. Rabí Jia bar Aba aprovecha la cercanía de las palabras para explicar que los jefes de tribus no se orientaron sino a traer la vergüenza a la tierra (Sota 34.)
El comentarista Rashbam, nieto del famoso Rashi, dice que frente a tamaño desastre popular, uno de los dos espías -que no había traído habladurías- simplemente los calló con su sabiduría: “Caleb hizo callar al pueblo ante Moisés, y dijo: —Subamos a conquistar esa tierra” (Bamidbar 13:3). Nadie habló de subir o bajar, aunque bajo esta perspectiva, el relato nos invita a ver contendientes que buscan subir y otros bajar.
Tal vez sea insignificante, pero el texto sugiere que podemos identificar rápidamente los bandos. Por parte de los diez, Setur Ben Mijael o en su traducción, “el que ha desmentido –las palabras de D´s- hijo del que lo ha convertido en débil” o Najbí Ben Vafsí en su traducción, “el que ocultó hijo del que salteó”. Shafat Ben Jorí, “el que juzga hijo del que es libre”, Paltí ben Rafú “el que ahorra hijo del que fue curado”. Shamúa ben Zajúr, “el que escucha hijo del que recuerda”. En palabras de Levinas, en su libro “Cuatro lecturas Talmúdicas”, ¡Feliz amnesia para todos! Esos mismos, ellos, son los que están proponiendo descender.