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¿Por qué Iom Hashoá cae una semana antes de Iom Haatzmaut?

Mamá, ¿cómo se llamaba el enemigo? Con esta pregunta llegó uno de mis hijos del gan hace más de veinte años. Estábamos a principios de los noventa. Recién llegados a Chile y sin conocer la idiosincrasia de la comunidad judía, intenté una respuesta: -No sé… ¿los egipcios? -No, mamá, los malos, los enemigos, ¿cómo se llamaban? Volví a probar: – ¿Los nazis? – ¡No, mamá, los malos, los malos! Como vio que yo no podía ayudarlo, se concentró hasta que recordó: ¡Los peruanos! Yo no lo sabía, estábamos en el mes del mar. Le habían enseñado la Batalla Naval de Iquique y, en su visión maniquea infantil, obviamente los chilenos eran los buenos y los peruanos eran los malos. Los enemigos.

¿Por qué me asombró tanto la pregunta? Muy simple: porque los judíos no enseñamos a nuestros hijos a odiar. No enseñamos a nuestros hijos a odiar a los egipcios que nos esclavizaron. Es más, retiramos diez gotas de vino de nuestra copa del séder para mostrar empatía por su sufrimiento a causa de las diez plagas. Recordamos la expulsión de los judíos de España, pero no alimentamos odio hacia los españoles. Lloramos la destrucción del Templo de Jerusalem en Tishá beAv, pero no odiamos a los caldeos ni a los romanos. No odiamos a los rusos por los pogroms. Recordamos cada año la Shoá, pero no nos alentamos con la idea de vengarnos de los alemanes, no enseñamos a nuestros hijos a odiar a los polacos ni a los lituanos. Nunca hubo actos de terrorismo judío contra civiles alemanes, ni siquiera por parte de sobrevivientes de la Shoá.

Es notable que, siendo un pueblo tan sufrido, no hayamos desarrollado una cultura de odio: tendríamos más que suficientes motivos para ello. Que no tengamos en nuestro calendario un Día de la Ira es verdaderamente notable. Dos veces nos han expulsado de nuestra tierra ancestral; decenas de veces nos han echado de tierras en las que habíamos vivido durante generaciones. Y no tenemos un Día de la Ira. No odiamos ni enseñamos a odiar. Es parte de nuestra idiosincrasia como pueblo. Quizás, porque nuestra forma de vivir está alineada con el mensaje de los Profetas. Cuando Isaías 2:4 dice “y no aprenderán más para la guerra” nos está impulsando a no enseñar a odiar. Así somos.

Siempre me pregunté por qué conmemoramos Iom Hashoá una semana antes de Iom Haatzmaut. ¿Fue casualidad, o fue establecido adrede? Conversando con mi hijo Natan, él me explicó el origen de la fecha. Como sabemos, Iom Haatzmaut es el aniversario de la declaración del Estado de Israel. Eso ocurrió el 14 de mayo de 1948, que ese año, en el calendario hebreo, era 5 de Yiar. Al ser una festividad religiosa y no civil (los judíos vemos en la creación del Estado la concreción de las profecías de retorno a nuestra tierra, la mano de D´s) el 5 de Yiar quedó establecido como Iom Haatzmaut.

Es después del 48 que se decide incorporar a nuestro calendario una jornada de conmemoración para este período que aún no tenía nombre. Holocausto viene del hebreo “olá”, un sacrificio donde todo se quema, pero que es grato a D´s. El concepto era incompatible. Se adopta, entonces, la palabra Shoá, tomada de la visión apocalíptica de Ezequiel 38:9 que describe la invasión de Gog a Israel como “Shoá”, una nube que cubrirá la Tierra.

Desde 1949, los actos de conmemoración en el Estado de Israel se realizaron el 10 de Tevet, Iom Hakadish Haklalí, el día del kadish general. Es un día de ayuno parcial establecido por el Talmud para decir kadish por aquellos cuya fecha de fallecimiento se desconoce, o que no tienen quién los recuerde. En 1951 la Knesset, entendiendo que la Shoá fue tan grave que ameritaba una conmemoración específica, y buscando enfatizar no solo el duelo sino también el heroísmo, decretó que la fecha sería el 27 de Nisan.

Hoy sabemos que todos y cada uno de los judíos que pasaron la Shoá fueron héroes. Heroísmo era compartir un pan, ayudar a otro, contrabandear una papa, levantarse cada mañana. Afortunados fueron quienes pudieron luchar con las armas; valientes, fueron todos. Pero, en los años cincuenta, existía la creencia de que los únicos actos de heroísmo fueron los de resistencia armada, específicamente, el levantamiento del ghetto de Varsovia. Se decidió, pues, establecer Iom Hashoá Vehagvurá, el día de la Shoá y la Valentía, alrededor de dicho evento. El levantamiento del ghetto de Varsovia comenzó, simbólicamente, la víspera de Pésaj de 1943; y terminó el 16 de mayo, con la también simbólica destrucción de la gran sinagoga. Era el 11 de Yiar.

A través de una ley firmada por el Primer Ministro David Ben Gurión, la Knesset determina que Iom Hashoá Vehagvurá será seis días después de Pésaj y 8 días antes de Iom Haatzmaut. ¿Por qué? Para unir el dolor con la resiliencia. Porque los judíos sabemos que cada vez que sufrimos, tenemos dos alternativas. Y solo dos. Una es quedarnos paralizados por el odio, seguir mascando vidrio que solamente nos desgarrará por dentro. Pero la energía es limitada y, si la desperdiciamos en odiar, nunca podremos salir adelante, el odio siempre consume más fuerzas. La otra alternativa, entonces, es utilizar toda esa energía para enfrentar el futuro con creatividad y esperanza. Como pueblo, hemos canalizado toda nuestra energía en construir un Estado que hoy, tras 71 años, es un modelo de democracia, progreso, tecnología e innovación a nivel mundial. Y uno de los países más felices del mundo.

Lo que vale para los pueblos vale también para los individuos. Todos tenemos alguna historia traumática en nuestra vida. Odiar a los responsables (los padres, la sociedad, nosotros mismos) nos estanca. Dar vuelta la página (sin olvidar, eso nos expondría a repetir errores), enfrentando el futuro sin rencores, sin odios, es la única manera de superar los traumas y lograr construir una vida con sentido.

Por Gachi Waingortin