Por Robert Funk:

Populismo, liberalismo y George Soros

En 1991, dos años después de la caída del Muro de Berlín, se estableció una universidad, la Universidad de Europa Central (UEC), con la intención de ayudar a consolidar las nuevas democracias del mundo post-comunista. Hace un par de semanas la institución, luego de dos años de ataques por parte del gobierno húngaro, tuvo que cambiar su sede desde Budapest a Viena. Su rector, el canadiense Michael Ignatieff, ha dicho que “No se me ocurre otro ejemplo de un gobierno, supuestamente democrático, de un país miembro de la Unión Europea, que haya podido echar una universidad de su país….es un escándalo.”

¿Qué es lo que tanto ofendió al gobierno húngaro?

Dos cosas – los valores y propósito de la UEC, y los de su fundador y benefactor, un húngaro-estadounidense, George Soros.

En la década de los 30 Teodoro Schwartz pensó que, siendo judío, sería más seguro cambiar su apellido a Soros. Habiendo sobrevivido la ocupación alemana de Budapest, su hijo Gyorgy –George– partió en 1947 a estudiar en la London School of Economics con el filósofo Karl Popper, quien le enseñó dos grandes ideas; la teoría de la reflexividad, y la importancia de las ‘sociedades abiertas’.

El joven Soros aplicó la teoría de la reflexividad a la economía, lo que le ayudó a identificar burbujas especulativas, especialmente en el mercado de divisas, y así armar una gran fortuna. Con ese dinero, Soros estableció una fundación que tendría el objetivo de promover los valores de la sociedad abierta que había concebido Popper – es decir, la democracia liberal: la representatividad, los derechos individuales, los derechos humanos, las elecciones libres y regulares, la protección de minorías.

En la década de los 90, con el fin de los socialismos reales, era evidente que los países que habían sufrido bajo esos sistemas, muchos de los cuales no contaban con una gran tradición democrática previa, iban a necesitar apoyo. Usando primero su fundación, y después la UEC, Soros estableció programas sociales y educativos que apoyarían la idea de un mercado libre, liberalismo político, y derechos humanos. Desde los 90, Open Society Foundations (OSF) ha insistido en la importancia de una prensa libre, los derechos de la comunidad LGTBI, de la población gitana, y de las mujeres y de los discapacitados. Ha abogado por el acceso equitativo a los fármacos y a la educación, y por la reforma de leyes regulando las drogas.

Uno de los primeros beneficiados de los programas de la OSF fue un opositor al régimen comunista húngaro, Viktor Orban, quien se ganó una beca para estudiar en Oxford. Pero con el tiempo Orban fue mutando – desde la oposición al marxismo al rechazo del liberalismo. Adoptó el lenguaje del populista nacionalista, criticando la inmigración, la Unión Europea, y, por sobre todo, a la OSF y la Universidad de Europa Central. Orban, como presidente húngaro, cambió los currículums en las escuelas para rescatar el nombre y reputación del Almirante Horthy, a quien tildó de ‘un estadista excepcional”. Horthy había mandado a medio millón de judíos a Auschwitz. Y en cuanto a Soros, rara vez lo menciona directamente, pero lo agrupa con los judíos en general, a quienes Orban describe de la siguiente manera: “no luchan directamente, pero a escondidas; no son honorables, sino que sin principios; no son nacionales, sino que internacionales; no creen en el trabajo, sino que especulan con el dinero.”

A pesar de eso, Orban ha encontrado un gran aliado en Binyamin Netanyahu. ¿Qué tienen en común? Ambos ven a Soros como un enemigo. Soros ha criticado las políticas iliberales de Netanyahu, como las de Erdogan, Salvini y, por supuesto, Donald Trump. Un spot publicitario de la campaña presidencial de Trump incluyó una imagen de George Soros, y criticando “una estructura de poder global que es responsable por las decisiones económicas que le han robado a la clase trabajadora, quitado la riqueza de nuestro país, y le entrega dinero a un puñado de grandes empresas y entidades políticas”. Durante la pugna política por la confirmación de Brett Kavanaugh a la Corte Suprema, Donald Trump tuiteó que Soros estaba financiando a las mujeres que habían acusado al nuevo juez de la Corte Suprema de acoso sexual.

Lo que llama la atención es que, más allá del hecho que Soros promueva ideas que claramente amenazan a las nuevas fuerzas nacionalistas, lo que estos líderes destacan, aparte de la ideología, es su judaísmo, revelando el profundo antisemitismo que se radica en la base del nuevo populismo. Todos estos líderes enfatizan aspectos que encajan con antiguos estereotipos del judío poderoso, financista, y manipulador de misteriosas fuerzas internacionales.

En este sentido, Soros es solamente la última personificación de lo que Goebbels llamó el “judío eterno”, encarnando todos los supuestos males del mundo, características que generación tras generación explotaba al mundo cristiano. De Rothschild a Soros, los populistas han encontrado sus chivos expiatorios. Pero como muestra la experiencia de la Universidad de Europa Central, ese antisemitismo siempre va acompañado por arremetidas contra las instituciones, y con ello, el deterioro de la democracia liberal.

Por Robert Funk.