Por Rabino Ariel Sigal

Pesaj y la Pregunta…

La centralidad de Pesaj no está en el Jarut. Las 10 plagas, las 4 copas, los 15 pasos son accesorios del propósito de la celebración. El festejo de Pesaj no está en la cena familiar, sino que la celebración consiste en atravesar el límite de toda realidad a través de la curiosidad, es decir, por medio de la pregunta. Nos sentamos engañosamente a cenar a sabiendas que nos espera un banquete, pero primero afrontamos 10 pasos con simbología. Algunas bendiciones, pero luego comemos apenas una papa rociada de agua con sal. Como si fuera ironía, una papa ocupando el centro de la escena3, haciendo dudar que la comida alcance para todos –si calculan una papa cuando hay más de un comensal, evidentemente me quedo con hambre-. Más que enraizar costumbres inentendibles, es para despertar la curiosidad de todos los comensales.

Los más pequeños en su intriga, comienzan a preguntar por qué esa noche es tan diferente a la del resto del año -Ma Nishtaná?-. Los más grandes, cuando este proceso se hace a consciencia, también comienzan a preguntarse. Y todos nos preguntamos, porque justamente Pesaj es la conjunción de la libertad y la filosofía. Y la libertad requiere de sombras de injusticias y la filosofía de las inquietudes, para que puedan definirse ontológicamente.

La pregunta es el germen de la libertad, porque incomoda, no tiene límites y atraviesa cualquier estatus. La pregunta es la perspectiva de la innovación, del cambio, del rechazo a la monotonía. La pregunta rompe el esquema del sentido común, y se anima a cuestionar hasta lo incuestionable. La pregunta enfrenta terrenos concretos, el materialismo, pero también los deseos idílicos que parecen no pertenecer a este mundo terrenal.

 

Por Rabino Ariel Sigal