Un artista difícil de apreciar:

Pedro Friedeberg

Los padres de Pedro, judíos alemanes, vivían en Florencia, Italia, cuando él nació, el 11 de enero de 1936. Lograron huir de Europa al comenzar la Segunda Guerra Mundial y llegaron a México cuando su hijito tenía tres años de edad.

El niño manifestó su interés por el arte desde muy pequeño. La madre recordaba que ya a los dos años se sentaba largo rato frente a un edificio u otro objeto y trataba de dibujarlo en su cuaderno.

Más tarde, se interesó por reproducir imágenes de libros de arte, prefiriendo, entre otros, los dibujos y perspectivas de M.C.Escher.

Friedeberg pasó un tiempo en Boston antes de inscribirse, presionado por su estricto padre, en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Iberoamericana de México. Allí se reveló lo que sería su personal visión de la arquitectura y el arte, que ha hecho inconfundible la autoría de sus obras.

Mientras en la Facultad se trabajaba destacando los valores de funcionalidad, eficiencia estructural y constructiva, sencillez y falta de decoración, al modo de Mies van der Rohe, los proyectos de Pedro tenían una expresión personalísima, considerada (a nuestro juicio, con razón), como absurda: una casa con techo en forma de alcachofa, un rascacielos rematado con peras, etc. Por supuesto, fue reprobado.

(Es opinión generalizada que los artistas, en especial los pintores y escultores, tienen una veta excéntrica que raya en la locura. Ocurre también que los que se inician en este campo buscan intencionadamente la originalidad, no solamente en sus obras, sino también en su forma de hablar, de vestirse y de arreglarse el cabello, para destacarse por ser diferentes.)

Friedeberg había conocido en la universidad a Mathías Goeritz, quien apreciaba su trabajo y lo invitó a colaborar con él en proyectos artísticos.

A través de él y otros amigos, Pedro Friedeberg logró presentar una primera exposición individual en la Galería Diana, de Ciudad de México. Se relacionó con otros artistas, dadaístas y surrealistas, con los que conformó el grupo “Los Hartos”, rechazando el arte tradicional y las pinturas sociales y políticas.

A lo largo de su dilatada carrera, ha creado murales y pinturas para instituciones mexicanas y de otros países y ha expuesto en ellos en más de ochenta oportunidades, incluyendo una importante muestra en Haifa.

Si observamos con detención la obra que ilustra este artículo, titulada “Casa irracional” podemos reconocer, en el ángulo inferior izquierdo, un extraño injerto de hanukuiah con una guitarra y otros objetos.

Friedeberg se ha casado cuatro veces. Su tercer matrimonio, con una condesa polaca, que duró doce años, fue descrito posteriormente por él como “un circo”. Su actual esposa, Carmen Gutiérrez, es una persona centrada, madre de sus dos hijos.

Actualmente el polémico artista está semirretirado y vive en San Miguel de Allende, México.. Su vida ha cambiado y ya no viaja alrededor del mundo ni se queda bebiendo hasta las 5 de la madrugada.

Ha expresado que, cuando muera, desea ser sepultado en el mismo cementerio veneciano donde están las tumbas de Stravinsky y Diaghilev, con una lápida que tenga una góndola y plumas negras. Nunca más cierto aquello de “genio y figura hasta la sepultura”.

Por Sonja Friedmann.