Por Gachi Waingortin

¿Para qué sirven las mitzvot?

Lo hemos dicho hasta el cansancio: Las mitzvot sirven para mejorar el mundo. ¿Pero, cómo funcionan realmente? En el relato bíblico, cuando D´s crea al ser humano dice una frase tan conocida como enigmática: “Naasé adam betzalmeinu kidmuteinu: hagamos un Hombre a Nuestra imagen y a Nuestra semejanza” (Génesis 1:26). ¿Por qué D´s habla en plural? ¿El versículo pone en jaque la unicidad de D´s?

Como ya hemos explicado en un artículo anterior, la pregunta ocupó a nuestros sabios desde siempre y generó diversas respuestas. Una nos habla del plural mayestático, común en reyes o emperadores (Nosotros, la reina de Inglaterra) para mostrar humildad dentro de la grandeza. Si D´s, que tiene la máxima grandeza imaginable, se preocupa de mostrarse humilde, ¿cuánto más nosotros?

Otra explicación dentro de esta misma línea es que se trata del llamado “plural de modestia o de autoría” (lo que estamos haciendo en este mismo momento): usar la primera persona del plural para incluir al lector o al oyente. La humildad es importante para todos, no solo para los grandes.

Otra idea posible es que D´s hablaba consigo mismo para darse ánimo, sabiendo que la creación del ser humano, dotado de libre albedrío, sería una fuente de problemas (al estilo “mañana empezamos la dieta”). Esto nos enseña a enfrentar nuestros miedos con acción y no con parálisis. A veces las dificultades se presentan como desafíos infranqueables; el texto nos enseña a afrontarlas, a no abandonar sin haberlo intentado.

Según la explicación de Rashi, D´s hablaba con los ángeles. Queda claro que D´s no necesita ayuda: “Y creó D´s al Hombre a Su imagen, a imagen de D´s lo creó” (Génesis 1:27). Sin embargo, les dice “hagamos” para incluirlos en la tarea (según Rashi, para que no envidiaran al ser humano). De esta explicación deberíamos aprender a trabajar en equipo, a incluir a los otros en nuestros quehaceres, aunque no necesitemos su ayuda, pues pedir ayuda no implica falta de capacidad, es una muestra de empatía. Nos enseña también a tener en cuenta los posibles sentimientos de los que nos rodean y prevenir conflictos dentro de lo que sea posible.

Hay otra posibilidad: D´s hablaba con el ser humano a medida que lo iba creando. Cuando nace un animal, en pocos minutos ya es todo lo que se puede esperar de él. Un niño nace indefenso y dependiente; le tomará años llegar a ser responsable y autónomo. Hagamos un Hombre: D´s pone una parte, la potencialidad, pero cada ser humano es responsable de seguir creándose a sí mismo concretando las potencialidades que D´s puso en su interior.

Hay otra idea más: cuando D´s dijo “Hagamos un Hombre a Nuestra imagen y Nuestra semejanza”, hablaba con los animales: estamos hechos a imagen de los animales en anatomía, fisiología e instintos, pero también a semejanza divina, con sentimientos, pensamientos, ética y espiritualidad.

La imagen animal implica que, como animales que somos, necesitamos preservar la especie: compartimos con los animales el instinto de supervivencia, que incluye el instinto maternal, sexual, de alimentación y de poder (garantizar las condiciones necesarias para ejercer los otros tres). Toda sociedad debe lidiar con esto: somos animales, pero debemos comportarnos civilizadamente.

El instinto maternal genera poco conflicto; no así los otros tres. La sociedad nos bombardea constantemente con mensajes contradictorios. Por una parte, nos dicen que los instintos son lo mejor. “Dale rienda suelta a tus instintos y paséalos al sol” nos dice Serrat; la ética solo pretende reprimirlos, debemos expresarlos libremente y disfrutarlos. Por la otra parte, nos dicen que son la fuente de todos los pecados. Ambición, lujuria, gula, nos advierten que no nos dejemos llevar por ellos.

El judaísmo propone una alternativa. Los instintos no son ni buenos ni malos, no tienen carga valórica: pueden destruir o construir nuestras vidas. El judaísmo establece marcos éticos dentro de los cuales no solo podemos, sino que debemos disfrutar de nuestros instintos. Es aquí donde las mitzvot entran en juego.

El ejercicio del poder está contenido por tres grupos de mitzvot: la ética comercial o profesional (no da lo mismo ser narcotraficante o cirujano); la tzedaká (cuanto más dinero tengas, más debes ayudar) y por el Shabat (no trabajes tanto que, cuando obtengas tus metas económicas, no tengas con quien compartirlas).

La alimentación está reglamentada por la kashrut: puedes comer cuanto quieras, pero debes tener autocontrol (hay alimentos prohibidos, debes pensar antes de llevarte comida a la boca); debes mostrar respeto por la vida (debemos cautelar que el animal no sufra innecesariamente; no mezclamos carne con leche por el versículo que dice “no cocerás al cabrito en la leche de su madre” ya que la leche debería haber garantizado la supervivencia de la cría); no comemos sangre, porque en la sangre está la vida, que pertenece a D´s); la kashrut nos da sentido de pertenencia, de pueblo (es la manera judía de comer) lo que genera responsabilidad mutua.

La sexualidad también tiene sus mitzvot regulatorias. “Araiot”, las leyes de incesto que leemos en la tarde de Iom Kipur (Levítico 18) regulan las relaciones prohibidas, que resguardan no solo la salud genética sino la armonía familiar. El matrimonio santifica la unión ante la sociedad y ante D´s. “Taharat hamishpajá”, las leyes de pureza familiar, establecen pautas de conducta sexual saludable dentro de la pareja. La mikve aporta santidad a la relación matrimonial.

Si hiciéramos un seguimiento de todas las mitzvot, veríamos que siempre son marcos éticos que ayudan a que tengamos una buena vida, con límites que nos hacen valorar lo que somos y lo que tenemos, para poder llevar una vida de santidad. Las mitzvot promueven valores como solidaridad, humildad, cuidado, respeto. Y aquellas que no tienen una explicación racional, simplemente nos recuerdan que D´s existe y que, por lo tanto, la vida tiene sentido.