Entrevista a la sicóloga Claudia Messing:

Padre-hijo, una relación marcada por la simetría

La destacada profesional, que forma parte de la numerosa comunidad de sicólogos judíos de Argentina, visitó Chile para traspasar sus experiencias a través del Centro Revincularse, que ha adoptado los lineamientos de esta nueva teoría sicosocial.

Hijos rebeldes, padres sin autoridad; hijos que no se van de la casa, padres irritados. La lista suma y sigue, y además se pueden incorporar las relaciones entre cónyuges y entre hermanos. De estos asuntos, a veces cotidianos y a veces esporádicos, trata la Teoría de la Simetría, desarrollada por la sicóloga argentina Claudia Messing, quien visitó Chile invitada por el Centro Revincularse.

La autora acaba de publicar un libro llamado Cómo sienten y piensan los niños hoy, que complementa su libro anterior, Por qué es tan difícil ser padres hoy. En estos estudios se perfila un niño bastante difícil de contener y de criar, al que también le cuesta la relación con sus pares, y que cuando finalmente crece, no quiere irse de la casa paterna.

“Nosotros trabajamos en terapia vincular familiar, pero además soy la creadora de la Teoría de la Simetría, la simetría entre el niño y el adulto, como cambio síquico-estructural, y tenemos un abordaje para apoyar a los niños, padres y terapeutas. Tenemos una base más sicoanalítica, pero diferimos en el método, porque nos dedicamos más a la vinculación y la comunicación. Lo que nos diferencia de otras corrientes es que buscamos recuperar el lugar del hijo, no solamente comprenderlo, perdonarlo, etc., sino también recuperar y reconectar el lugar de hijo”, explica la profesional.

-¿Qué quiere decir reconectar el lugar de hijo?

-No dar por expulsado el vínculo con los padres, pese a lo que haya pasado, porque esto tiene efectos en el siquismo y en los vínculos posteriores. Lo que pasa es que en la simetría el hijo está al nivel de los padres, o sea, los copia, pero no los internaliza, aunque tenga buen vínculo, no conecta con ese rol de hijo, como que todo viene del aire, no hay un internalización de los padres como figuras protectoras. Entonces, la terapia vincular familiar busca reconectar a los hijos con la figura de los padres protectores, lo que da una sensación de acompañamiento, mayor autoestima, distensión interior.

Igual que en un espejo

Claudia Messing comenzó a investigar estos temas a comienzos de los años ’90, cuando se percató que algunos niños se posicionaban de igual a igual con los padres, y que algunos los padres que se situaban a la altura de los niños.

Este cambio empieza en la época del ‘70, con el cuestionamiento al modelo patriarcal, autoritario, con la posmodernidad, la globalización. “Esa generación que cuestionó el orden autoritario es una generación que transmitió inconscientemente a sus hijos el cuestionamiento del principio de autoridad. Y si bien durante mucho tiempo pensamos que el problema era la falta de autoridad de los padres, luego descubrimos que niños muy pequeños, de un año o dos, mandaban en sus familias, eran ingobernables, etc. Entonces, eso me hizo pensar que había algo estructural en la sociedad, y eso es el principio de simetría, una copia que hace al niño para sentirse un igual, pensando que su criterio es tan válido como el de sus padres. Por eso los niños cuestionan todo”.

-¿Qué se puede hacer frente a este escenario?

-Si los padres conocen y comprenden la simetría, aprenden a hablarle a los niños, les preguntan cómo quieren organizarse frente a determinados desafíos, les dan un espacio para que se sientan respetados, entonces las cosas andarán mejor. No sirve dar órdenes, como en modelos anteriores, porque los niños se sienten devaluados, enojados y a veces reaccionan con violencia. En todo caso, el enfoque que yo propongo tiene dos tiempos, la propuesta de conversación, inclusión, participación, complejización del problema, etc. Y luego un segundo tiempo, si el joven no acepta participar o involucrarse, ahí se puede recurrir al viejo modelo.

-¿Cómo se aplica este modelo a la escuela?

-En los colegios no se conoce este cambio a nivel profundo y los maestros están poco capacitados para lidiar con la simetría. El maestro es el equivalente al padre y genera el mismo tipo de conflictos. Los maestros necesitan tener herramientas para entender a este niño, captar su atención y compartir, entre todos, el problema.

Uno de los grandes cambios que requiere el abordaje de la simetría es que los adultos sean capaces de pedir ayuda, pero sin convertirse en víctimas”.

-¿La simetría es sólo entre padres e hijos?

-No. También entre hermanos, entre marido y mujer, etc. Por ejemplo, la violencia de género ha crecido por la simetría, porque uno se siente en centro del mundo y por lo tanto el mundo te tiene que corresponder. Y si el otro no te corresponde, entonces surge la violencia. Y los hermanos, como no tienen a los padres como elemento de jerarquía, quieren educarse unos a otros, y se dicen lo que tienen que hacer, y así comienzan las peleas.

Por lo anterior, hay que resignificar la palabra y el rol de los padres. Los padres tienen que hacerle notar a los hijos cuando están recibiendo algo bueno de ellos.

Por LPI.